La belleza y una sonrisa sí cuentan

22 de julio del 2012

Catherine Hakim ataca con decisión al feminismo radical y la corrección política en su libro Capital Erótico. El poder de fascinar a los demás que publica en español Random House Mondadori. Judith Butler, Monique Wittig, Sheila Jeffreys, no todas anglosajonas, pero sí representantes del feminismo anglosajón y puritano, que es mayoritario al interior de los […]

Catherine Hakim ataca con decisión al feminismo radical y la corrección política en su libro Capital Erótico. El poder de fascinar a los demás que publica en español Random House Mondadori. Judith Butler, Monique Wittig, Sheila Jeffreys, no todas anglosajonas, pero sí representantes del feminismo anglosajón y puritano, que es mayoritario al interior de los estudios de género, son confrontadas con lenguaje contundente. Resultan mejor libradas las feministas francesas que no obvian la larga tradición del amor cortés y la celebración de la sexualidad dentro y fuera del matrimonio.

El principal defecto de los estudios feministas, según Hakim, es que han mantenido la hegemonía masculina en el aspecto teórico, aunque en la investigación empírica hayan resultado más innovadores. Algunas feministas creen que la posición de las mujeres dentro de la sociedad debe medirse exclusivamente por las tasas de empleo, la segregación profesional y los ingresos personales; de esa manera, la igualdad social y económica entre hombres y mujeres borraría las diferencias de género. También dicen que las mujeres sin ingresos personales carecen de poder, aunque estén casados con millonarios. Ambas afirmaciones son falsas. ¿Cómo llegó Hakim a aseverar lo anterior?

En 2010 esta autora, nacida en Oriente Medio en 1948, socióloga e investigadora del Center for Public Studies de Londres publicó un informe titulado Feminist Myths and Magic Medicine, que da origen al libro que ahora circula. Allí Hakim condena las políticas destinadas a conseguir la igualdad de género. Sostiene que muchas mujeres se casan para conseguir seguridad económica y, por lo tanto, son menos ambiciosas que los hombres quienes, en parte debido a la testosterona, buscan prestigio, honor, gloria, dinero, autoridad. Prospect Magazine, una revista mundana de gran tirada, divulgó un artículo con lo más llamativo de las conclusiones de Hakim, mientras el influyente Times Higher Education le dedicó una crítica demoledora.  Ya creado el escándalo, el sello británico Penguin editó Capital Erótico que es la ampliación del aludido informe.  Tras Penguin, Basic Books en EE. UU., Campus Verlag en Alemania, Mondadori en Italia y sus sucursales, Record en Brasil difundieron la obra.

Capital Erótico, parte de dos conceptos: el capital erótico que es una combinación de atractivo físico y social y el déficit sexual masculino.  El capital erótico articula varios elementos: belleza, aptitudes sociales, encanto, carisma, cuidado de la propia imagen, forma de vestir, estado físico, vitalidad, habilidad sexual. Se adquiere desde la infancia. Los niños bonitos reciben más atención positiva y mejores cuidados. Su entorno los favorece y ellos se aprovechan de esos beneficios; uno de ellos es saber solicitar y negociar con desenvoltura lo que desean. Tales habilidades son relevantes tanto en la vida privada como en la pública: si usted tiene mayor atractivo personal que las personas de su entorno, ganará más dinero, tendrá más éxito, será más persuasivo, le irán mejor las relaciones sociales y alcanzará más poder. El capital erótico es para Hakim el cuarto activo personal tras el capital económico —el dinero del que se dispone—, el capital humano —lo que se sabe— y el social —a quién se conoce, definidos por Bourdieu. El concepto de capital erótico pone al día, con los datos del siglo XXI, la reflexión sobre las formas del poder en el capitalismo y en sociedades dominadas por lo mediático en las cuales, además, se ha multiplicado el ocio erótico y la industria del sexo. Hoy no basta con tener dinero.

La segunda idea de Hakim es, como dijimos, el déficit sexual masculino. En contra de lo que piensan muchas feministas que calificarían esta afirmación de esencialista, los hombres tienen un mayor deseo sexual. Esta condición no sería construida por la cultura, sino algo innato en los varones. Ese mayor deseo sexual de los hombres les provoca frustraciones desde la adolescencia e influencia sus actitudes frente a las mujeres.  Explica su constante necesidad de conservar el poder, la misoginia, la violencia hacia las mujeres y la hostilidad masculina ante la independencia y autonomía de ellas.

El deseo sexual femenino, según Hakim, disminuye pasados los 30 y con frecuencia su descenso está ligado a la maternidad, pero ese menor deseo sexual no se traduce en un menor capital erótico. No obstante, el “plus de belleza” sirve más a los caballeros, sobre todo en el mercado laboral: un hombre guapo puede incrementar su salario entre un 10 y un 20 por ciento. Lo mismo no sucede con las mujeres que en todo el mundo tienen más capital erótico, entre otras cosas, porque se empeñan con ahínco en conseguirlo.  Ese activo personal, valiosísimo en situaciones laborales y de la vida familiar, ha sido menospreciado.  Negar su importancia es negar las principales ganancias de las mujeres heterosexuales: el capital erótico y la fertilidad. La ideología patriarcal y la ética puritana trivializaron y estigmatizaron la sexualidad y el placer que la acompaña, a la vez que divinizaron la maternidad.

Las mujeres, agrega Hakim, deben aprender a exigir un trato más justo en lo íntimo y en lo público; tomar conciencia y mirar con buenos ojos su capital erótico y, además, estar dispuestas a usufructuar, sin vergüenzas, el déficit sexual masculino, del mismo modo que los hombres le apuestan a todas sus ventajas.

La autora de Capital Erótico está a favor de despenalizar la prostitución. Los hombres deben pagar por los servicios sexuales y no esperar que éstos se les concedan gratis. Tema que ha dado pie a furiosos debates. Para muchas feministas las teorías de Hakim son una invitación a que las mujeres vuelvan a prostituirse en el matrimonio o el lap dance, en vez de ganar dignidad y autonomía con “la esclavitud salarial” del mercado de trabajo. Establecen una dicotomía falsa: o se valora a las mujeres por su capital humano: inteligencia, educación, experiencia laboral y dedicación a su carrera, o se las valora por su capital erótico: belleza, elegancia, estilo al vestir, gracias y encanto. No alientan a las mujeres a adquirir ambos y a gozar de ellos.

Algunos de los sugestivos argumentos de Hakim, una feminista no ortodoxa, están formulados de manera ligera, y se repiten porque pareciera que Capítal Erótico reúne varias investigaciones hechas de manera independiente.  Los resultados de sus investigaciones revelan problemáticas relevantes e irresueltas de las élites del primer mundo y de los grupos heterosexuales (aunque Hakim sí hace referencias al capital erótico de los gays y lesbianas) sobre las políticas sexuales modernas y cómo actúa el capital erótico en la vida diaria. De otro lado, sus razonamientos exigen que el feminismo académico, con rigor y sin prejuicios, responda a las profundas inquietudes sobre el erotismo, el cuerpo, el mito del amor y las prácticas de cortejo, el emparejamiento, la intimidad, las subjetividades y sus expresiones en lo simbólico, en el entorno de las nuevas tecnologías y formas económicas. Que continúe reequilibrando la política del poder de la atracción y del deseo, apartándola de las ideas patriarcales sobre el funcionamiento de las relaciones sociales y su concepto de justicia, y de los controles ideológicos patriarcales sobre las vidas y aspiraciones de las mujeres.  Los estudios feministas necesitan explicar, para sólo citar un ejemplo dado por la misma Hakim, por qué tantos hombres de ingresos y estatus elevados eligen esposas y amantes florero, mientras que las mujeres que han conseguido éxito en sus trabajos prefieren casarse con machos alfa competitivos, en vez de buscarse a un chico guapo y sin dinero que les pueda servir de buen amo de casa. O tal vez no pueda explicarlo.

En ese caso, el feminismo sería una teoría fracasada. Catherine Hakim piensa que ya lo es.

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