La estrategia del sabio, detenerse es salud

5 de febrero del 2011

Hago un alto en este corto ciclo en que hablamos sobre el dolor para reflexionar sobre un tema que con frecuencia nos causa, precisamente, dolor.

¿Ha caído usted en cuenta que  la enfermedad, los accidentes y los traumas son, entre otras,  unas de las formas que utiliza la vida para detenernos? ¿Ha pensado o sentido la necesidad de aprender a detenerse en la vida antes que ella lo detenga?   Y no es un simple alto, no es el reposo. Es detenerse total y completamente.

Hemos aprendido más a caminar, a comenzar, a continuar, que a detenernos. Nos cuesta cuando el tráfico nos detiene, nos cuesta cuando encontramos una fila larga. O cuando nos despiden del trabajo, que es igual que detenernos. O cuando la pareja nos deja.  O cuando el jefe no aprueba nuestro proyecto. Cuando no nos agradecen, lo miramos como una detención. O simplemente ante un “no” bien puesto,  por nuestros padres, hijos, amigos, nos cuesta esta detención.  Nos cuesta detenernos a examinar nuestros pensamientos, nuestras creencias, a vivir nuestras emociones o a tomar el tiempo para sanar. “Ya no tenemos tiempo para detenernos”.

¿Será que podemos utilizar estos momentos para observar y disfrutar la sencillez de la vida y a nosotros mismos?

En la enfermedad, buscamos aliviar los síntomas para poder continuar con nuestra vida, tal y como siempre lo hemos hecho. Buscamos calmar el dolor que nos detiene, para poder asistir al trabajo, aunque este nos agobie. Buscamos sanar rápidamente la fractura para no sentir que dependemos (depender = estar detenido) de los demás. Buscamos ocultar la depresión que nos detiene emocionalmente,  ya que esta nos recuerda la tristeza de la vida y no queremos enfrentarla.

Detenernos nos suena a muerte, a estancamiento, a quedarnos rezagados,  perder, a dejar de crecer. Y todo esto nos genera más sentimientos encontrados.

Resulta que detenernos puede significar disfrutar del momento, de sus detalles. Reconocer los logros y el camino andado. Poder mirar a los lados y descubrir nuevas oportunidades. Un tiempo para reparar. Un momento para agradecer. Un instante para hacer un reconocimiento. Es abrirse a ver germinar la semilla de la creación.

La enfermedad es un alto que la vida impone, muchas veces de improvisto. La enfermedad por excelencia detiene a la persona, frena sus actividades, hace variar la rutina establecida. Por tanto es la gran oportunidad de transformar hábitos, pensamientos, sentimientos a través de la observación interior que podemos realizar durante el tiempo de detención.

Tenemos siempre dos caminos: uno, luchar por lo que nos llega y no queremos, la detención; otro, acogernos a ella y agradecer por este favor que nos otorgan.

A manera de corolario, recuerde que su corazón se oxigena precisamente cuando está detenido, en la llamada diástole, en el reposo. Podemos aprender del cuerpo y sus mecanismos fisiológicos para extrapolarlos a nuestra forma de vivir. Detenerse, es salud, es bienestar, es alegría de vivir.

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