Más de un columnista en Colombia se pregunta cuándo se contagiará el país de las protestas de Turquía -que iniciaron por la defensa de un parque- y las del vecino Brasil, que se iniciaron por el aumento de la tarifa del destartalado e inhumano servicio de transporte público en sus principales ciudades mientras se gastan miles de millones de dólares renovando estadios con grandes sobrecostos con miras al Mundial de Fútbol. La respuesta es que los colombianos no necesitamos sembrar vientos para cosechar tempestades...desgraciadamente por estas tierras llevamos 40 años de protesta armada, y se llama FARC.
Pero el fenómeno de protestas que se está generando en varias de las economías más promisorias del mundo, sí debería llevarnos a una reflexión. Porque el advenimiento de las redes sociales como aglutinador de todos los movimientos que se han dado en Irán, Túnez, Egipto, Libia, Israel, España (15-M), EEUU (Occupy WS), Rusia, Siria -y ahora Turquía y Brasil-, nos deben llevar al convencimiento de que las redes sociales están en mora de incorporarse al sistema democrático para establecer -por ejemplo- prioridades para la inversión pública. ¿Acaso cuando nace la democracia moderna occidental, sus fundadores no hubieran incluido las redes sociales en el sistema si éstas hubieran existido -por ejemplo- durante la Revolución Francesa, la Revolución Americana o el nacimiento de nuestra República? En realidad, es probable que la supervivencia de la democracia occidental dependa de ello.
La incapacidad de los gobiernos de entender esto, y de reformar la arquitectura del Estado para adaptarse a este cambio es sorprendente, dado que entre otras cosas, quien defina esas reglas de juego definirá el futuro. Brasil ya anunció una reforma de fondo a su sistema político. Tal vez el proceso de paz con las FARC pueda ser una oportunidad para hacerlo en Colombia, ya que se viene hablando de reformas constitucionales.
La elección de Álvaro Uribe como "El Gran Colombiano" en un ejercicio de votación por Internet realizado por History Channel en Colombia, es clara muestra de este fenómeno. Tratándose de una metodología importada que se usó para elegir a Winston Churchill en Gran Bretaña, Benito Juárez en México y José de San Martín en Argentina, el resultado tomó por sorpresa incluso a varios de sus organizadores, entre los cuales hay unos que no son precisamente devotos de Uribe. Lo que esto demuestra es que el uribismo se ha equivocado en temerle a las redes sociales, donde sus mayorías -menos ruidosas pero firmes- cuando encuentran un canal de expresión, lo aprovechan. Deberían dejarse de tapujos y definir el candidato del uribismo, no con encuestas, ni convenciones, consultas o primeras vueltas, sino a través de Internet.
Desgraciadamente, la guerrilla ha sido el mecanismo que termina entorpeciendo todo intento de protesta legítima. En días pasados, RCN y Caracol registraron una curiosa protesta en el Parque San Pío de Bucaramanga, liderada por un grupo de ateos de esa ciudad. Se trataba de oponerse al proyecto de parque turístico El Santísimo, liderado por la Gobernación de Santander con recursos de regalías por $44.000 millones de pesos, que pretende hacer una estatua de Jesús que supera en varios metros al famoso Corcovado de Río de Janeiro, en el municipio santandereano de Floridablanca. Los manifestantes pusieron una pancarta sobre la famosa escultura de Botero conocida como "La Gorda Desnuda", y la rebautizaron "Nuestra Señora de la Corrupción", argumentando que esos recursos deberían más bien invertirse en salud, educación, agua potable y vivienda, no en un monumento religioso financiado con los impuestos de todos los colombianos, entre ellos judíos, musulmanes, cristianos desafectos de imágenes religiosas y ateos. Lo más simpático es que la protesta consistía -como se dice en colombiano vernáculo- de tres gatos. En Colombia, toda protesta es terrorista, como la de los cocaleros en Catatumbo.
Lo cual nos lleva a Bogotá, y la sorpresa que nos dio el Alcalde Petro al declararse ahora favorable al proceso de revocatoria de su propio mandato, pues sabe que éste tiene más probabilidades de fracasar que su destitución por parte del Santísimo y muy santandereano Monseñor Procurador, a quien ayudó a elegir. Mientras Dilma Rousseff propone US$25.000 millones de dólares en nuevas líneas de metro para las ciudades brasileñas con ánimo de calmar las protestas, aquí después del descalabro del TransMilenio "Heavy" de Enrique Peñalosa y del TransMileno "Light" de Samuel Moreno, se nos anuncia que la emblemática Carrera Séptima tendrá un novedoso sistema de...buses. Conclusión: olvidémonos del Santísimo. Más bien encomendémonos a la verdadera santa patrona de Colombia, la Gorda Desnuda, Nuestra Señora de la Corrupción.
La Gorda Desnuda
Más de un columnista en Colombia se pregunta cuándo se contagiará el país de las protestas de Turquía -que iniciaron por la defensa de un parque- y
