La justicia no hará política sino justicia

3 de diciembre del 2010

El desempeño de la Corte Suprema de Justicia el 1º de diciembre pasado fue estelar y quedará en la memoria.

La situación a la que habían llegado las instituciones de Justicia era en cierta forma caótica. La Corte estaba dividida y por ese motivo incompleta y bloqueada. Tenía varias magistraturas vacantes, larga interinidad en su presidencia y su misión de elegir Fiscal General de la Nación venía pendiente desde hacía 15 meses.

Estas situaciones quedan superadas por fortuna. De paso comento que me parece impecable la elección de Fiscal General de la Nación. Vivian Morales es extraordinaria como ser humano y como personalidad pública. Su desempeño lo demostrará.

El panorama del país es confuso al extremo que la política llegó a los estrados judiciales en donde muchos esperan que se dirima la competencia y la confrontación entre amigos y enemigos de Alvaro Uribe. Están a punto de desfilar a la cárcel personas que fueron clave de su gobierno.

Esto merece reflexión. Es pernicioso que las disputas políticas las diriman tribunales de justicia. No quiere decir que si los funcionarios públicos delinquen no deben ser juzgados y castigados. Creo que por duro que sea el contrapunto debiera desplegarse en la palabra en argumentos y al final definirse con votos. El Capitolio y las elecciones son para eso.

En estos días alguien me dijo en tono de charla que me debieran desagraviar porque durante años fui incomprendido cuando escribía y hablaba en oposición al gobierno de Alvaro Uribe, siendo que a las mil y quinientas terminaron concediéndome la razón. La ocurrencia es risible pero en el fondo tiene algo de verdad.

Sentí angustia cuando a comienzos de 2002 se vino la avalancha de respaldo a la candidatura de Uribe, no solo porque se esfumaba la posibilidad de que Serpa fuera presidente y mi partido recuperara el cargo cosa que no me parecía justa por él ni positiva por el golpe al liberalismo, sino porque crecía por arte de magia alguien a quien el país no conocía y no tenía equipos ni programas preparados para asumir el Estado. El fenómeno de su crecimiento era emocional y si bien tiene condiciones, nadie puede salir de la lámpara de Aladino como el genio y asumir el destino de esta nación tan complicada.

Conozco a Uribe desde hace años y sé que tiene virtudes pero no es sabelotodo. Nadie lo es. Los desarreglos de corrupción y los errores que afloran de sus mandatos son consecuencia de la improvisación y del ambiente manguiancho de opinión en el que se desenvolvió.

La idea del superhombre no es fiable máxime si surge de ambientes de poder en donde se mueven intereses de dinero y puestos. Casi siempre es adulación y lagartería. Tan pronto desaparecen las expectativas se voltean los sentimientos. Buena parte de los detractores políticos de Uribe fueron abyectos cuando podía darles oportunidades. Otros que se despacharon sueltan amarras y lo dejan solo.

La democracia colombiana es frágil y proclive al caudillismo. La oposición está catalogada como obstrucción, envidia y hasta traición a la patria. Pero cuando se llena la taza, la inconformidad se desata en rabias y tensiones que tocan límites de violencia y hasta los sobrepasan.

Los pleitos judiciales de Uribe y sus colaboradores son consecuencia de que no hubo oposición en sus gobiernos y a que su carácter autoritario se explayó sin repulsa hasta la arbitrariedad y el colmo de querer incluso doblegar a la Justicia. En esas sus coequiperos se creyeron que el poder que compartían era infinito y obraron sin juicio.

Lamento lo que pasa. Por fortuna la Corte Suprema logró poner bajo control la situación que la desestabilizaba y el país tiene Fiscal en la plenitud de poderes y responsabilidades. Además de excelencia. La Justicia no hará política sino justicia.

Más allá de lo que termine ocurriendo en los tribunales se abre el panorama de las elecciones del año entrante. Es allí donde se sabrá en qué queda la partida entre Uribe y sus contradictores. Ya dije que lo conozco y entonces sé que batallará como el más formidable de los contendientes que haya tenido la arena política colombiana.

Si los manzanillos de salón que lo desafían y se mueven en la burocracia como pez en el agua tienen agallas para el combate político, sobrevivirán. Pero si son buche y pluma el tipo los aplastará.

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