Los ‘profes’ en la era de la automatización

31 de octubre del 2018

Son varias las películas que advierten de los cambios que enfrentaría la humanidad a cuenta de la tecnología. La interacción entre máquinas y humanos ha sido común en el cine y la televisión. Robots que realizan tareas inteligentes, que enseñan o conviven con nosotros, nos parece que aún está lejos de la realidad. Para muchos, […]

Los ‘profes’ en la era de la automatización

Son varias las películas que advierten de los cambios que enfrentaría la humanidad a cuenta de la tecnología. La interacción entre máquinas y humanos ha sido común en el cine y la televisión. Robots que realizan tareas inteligentes, que enseñan o conviven con nosotros, nos parece que aún está lejos de la realidad. Para muchos, es únicamente ficción, sin embargo, estamos cerca de que la realidad supere la fantasía.

Andrés Oppenheimer en su libro ¡SÁLVESE QUIEN PUEDA!, manifiesta como las tareas humanas mecanizadas, incluso algunas con cierto nivel de complejidad, están siendo remplazadas por cuenta de tecnologías como la robótica, la realidad virtual y la inteligencia artificial.

La era de la automatización de las tareas humanas parece más cerca que nunca, y esto es una realidad que afecta todas las esferas del conocimiento incluida la educación, generando en consecuencia una inmensidad de recursos como nunca antes disponíamos para aplicar en los salones de clase.

Trate de imaginar por un instante todo lo que podríamos hacer con unas gafas de realidad virtual en un aula. El estudiante no tendría limitaciones de tiempo, espacio y recursos para el aprendizaje. En una carrera como medicina, por ejemplo, no tendrían que experimentar con cuerpos humanos reales, pero sí podrían explorar toda la fisionomía humana con la misma intensidad y rigurosidad. Los estudiantes de antropología podrían llevar a cabo investigaciones étnicas o culturales en cualquier lugar del mundo, al mejor nivel de detalle sin salir de su salón de clase. Como también, un alumno de 5º grado de la clase de historia podría tener una experiencia vivencial en la edad media sin salir de su salón de clase.

Estos avances tecnológicos traen ventajas potenciales para la educación, lo cual estaría permitiendo que crezca exponencialmente la oferta de recursos digitales disponibles a través de plataformas y dispositivos. Por ejemplo, Google dispone de centenares de proyectos sobre videos educativos para realidad virtual. A su vez, en 2017 presentaron al mundo académico un pequeño robot llamado “profesor Einstein”, que es capaz de conectarse a una plataforma en nuestros dispositivos móviles y presentarnos la información que sea de nuestro interés. El estudiante puede preguntar lo que quiera y este pequeño robot con cabello blanco le contestará al mejor estilo del famoso científico.

¿Los profes serán reemplazados por la tecnología?

A partir de la propuesta de Oppenheimer, los profesores no podrían dejar de existir, pero si deberán ser capaces de reinventar su profesión. Es claro que las tareas rutinarias, metodológicas o semiestructuradas podrían ser realizadas por una máquina en un salón de clase, es decir, si se trata de brindar información o conocimiento, un robot pueden ser una buena alternativa, pero la estrategia enseñanza-aprendizaje conlleva necesariamente un enfoque afectivo, actitudinal y emocional en el estudiante que no puede ser reemplazado por una máquina, por consiguiente, surgen nuevos retos para el profesor en la era de la automatización.

  1. El reto de la creatividad

Es importante volver a la “pedagogía de la pregunta”, esa capacidad que tienen los seres humanos para la curiosidad, el maestro tendrá un rol importante en producir en sus estudiantes ese gusto por la incertidumbre y aún más porque muchos vienen de entornos donde se le ha prohibido preguntar o donde hay “preguntas torpes”, los maestros tienen la nueva tarea de enseñar que no existen “preguntas absurdas” que ¡se vale preguntar!

Necesitamos que nuestros estudiantes sean creativos, que se interesen por buscarle solución a aquellos interrogantes que impliquen mejorar las condiciones actuales en las diferentes áreas del conocimiento. Colombia y América Latina están lamentablemente rezagadas en este tema de innovación y creatividad, solo por citar un ejemplo, según la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual), si juntamos las patentes que presentan todos los países de América Latina daría como resultado 1400 patentes que no resultarían ser ni el 10% de las que presentan países como Corea del Sur, que fueron en el 2017 más de 15 mil.

2. El reto de inspirar una vocación

Cada vez más las empresas buscan en sus profesionales personas con habilidades blandas, es decir, creativos, con capacidad de trabajar en equipo, responsables, honestos, comprometidos y proactivos, porque son factores que marcan la diferencia en una organización, sin embargo, estas habilidades son evidentes en una persona a medida que descubre su propia vocación.

¿Quién soy, cómo soy y hacia dónde quiero ir? Son respuestas que deberían ser abordadas desde las aulas de clase porque marcarán la vocación y el camino a seguir por el estudiante, y es precisamente el profe, quién debe ser capaz de inspirar en sus estudiantes una respuesta clara ayudándoles a relacionar anhelos, gustos, intereses y aptitudes con la profesión o actividad que desempeñarán.

3. El reto de ser un motivador

Para los griegos, el fin de todas las cosas era la “felicidad” y por consiguiente concebían la escuela como un lugar de juego y de tiempo libre; sin embargo, la realidad es que asistir a la escuela es una carga de constante preocupación: las calificaciones, las tareas y las evaluaciones son una preocupación permanente para el estudiante, generando la necesidad de encontrar profesores que se conviertan una motivación constante para seguir adelante y mejorar en su proceso formativo.

“La mejor materia del colegio es el recreo” señaló en una ocasión el científico colombiano Alberto Llinás. Es verdad. Cuando somos felices, estamos motivados para aprender y crecer en conocimiento. Es una realidad humana que no podemos olvidar.

Se vienen tiempos de cambio para las organizaciones y la educación no puede ser separada de esta realidad. La era de la automatización, también llamada cuarta revolución industrial está cambiando la forma como trabajamos, nos relacionamos e indudablemente como aprendemos y accedemos al conocimiento. Debemos estar listos para afrontar estos desafíos y el profesor entonces se convierte en el eje central de este proceso siempre con un norte claro, como acostumbraba a señalar Albert Einstein “El supremo arte del maestro es despertar el goce de la expresión creativa y del conocimiento”.

Nelson Cubides – Concejal de Bogotá

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