¿Qué esperan para acelerar la electrificación del transporte público en Bogotá?

28 de marzo del 2019

Opinión de Diego Molano

¿Qué esperan para acelerar la electrificación del transporte público en Bogotá?

Si queremos bajar la polución y mejorar la calidad del aire de nuestras ciudades, se requiere acelerar la electrificación del transporte público. Ya llevamos dos emergencias por mala calidad del aire en Bogotá. Si bien, se ha respondido con medidas coyunturales y de corto plazo, lo de fondo es que el sistema de transporte público sea ejemplo en cero emisiones directas.

Medellín ya compró 55 buses eléctricos que entrarán en funcionamiento este año. En mayo, 26 buses empezarán a operar en Cali. ¿Y en Bogotá qué? No podemos seguir con reacciones y protocolos de respuesta limitadas ante las emergencias. El pico y placa para automóviles particulares y para camiones es un paño de agua tibia para la magnitud del problema. 

En Bogotá fue aprobado un acuerdo del Concejo de Bogotá que obliga a la ciudad a establecer un plan para implementar una movilidad eléctrica al año 2040. De hecho, establece que a partir del año 2025 todos los buses nuevos del sistema de transporte público deberán ser eléctricos o cero emisiones directas. Esa es la fecha máxima; eso no significa que no se pueda iniciar ya, especialmente cuando en menos de tres meses hemos tenido estas alertas naranjas por polución.

El Distrito Capital debe comenzar de inmediato con el diseño y la implementación de la política de electrificación de transporte público. De hecho, se debería iniciar con tres proyectos claves y pioneros que permitirían a la ciudad resolver problemas de movilidad, mejorar la calidad del aire y el servicio a los usuarios. En primer lugar, la puesta en marcha de buses eléctricos del SITP y SITP provisional que deben ser renovados, en segundo término, ampliar el proyecto de taxis eléctricos para Bogotá, y, en tercer lugar, tomar la delantera para lograr la formalización de los bicitaxis, a partir de un modelo eléctrico.

Existen más de 4 mil buses del SITP provisional que deben ser chatarrizados e incorporados a la flota azul de la ciudad, y más de 5 mil buses azules que también comienzan a cumplir su vida útil. Hoy se ven en las calles unos buses chimenea azules y provisionales que son una verdadera vergüenza pues están en pésimo estado de mantenimiento, no cumplen sus horarios y son tremendamente contaminantes. El Distrito Capital, con Transmilenio a la cabeza, debe de inmediato iniciar la compra y reposición de estos buses que van salir del servicio, por unos eléctricos.

Esta iniciativa permitiría a la ciudad tener estos vehículos nuevos, no contaminantes, pero además no habría excusa para no hacerlo, hay múltiples proveedores en el mundo para este tipo de buses. Adicionalmente varios estudios a nivel nacional e internacional han demostrado que un bus eléctrico tiene menos costos operativos y de mantenimiento, lo cual podría contribuir a bajar el déficit financiero del sistema. La ley de financiamiento dejó un IVA del 5% para vehículos eléctricos y el Plan de Desarrollo Nacional planteó estímulos para la renovación de la flota de transporte público en modelo eléctrico.

Bogotá tiene hoy 43 taxis eléctricos rodando por la ciudad, en un proyecto piloto iniciado por la anterior administración. La verdad sea dicha es que durante estos tres años han logrado avanzar, pero con poco apoyo y ánimo del Distrito; sin embargo, ante las nuevas circunstancias de la calidad del aire, debería la Secretaría de Movilidad liderar este proyecto piloto y ampliarlo.

Lograr que Bogotá transforme su flota de taxis a una eléctrica, sería también una oportunidad para mejorar la calidad del servicio. Garantizar que, hacia el futuro, toda la flota de estos vehículos comience a ser renovada y se use tecnología e información, haría que la ciudad fuera pionera. Debe aprenderse de la experiencia y dar señales para que nuevas empresas, propietarios y conductores conozcan las ventajas de tener un taxi eléctrico como tarifa diferenciada, financiación por un IVA más bajo y aranceles de importación también diferenciados. Además, Codensa ha establecido apoyos e incentivos para este sector. Una decisión sencilla y práctica extender la operatividad de los taxis eléctricos actuales por diez años más, para seguir con el proyecto piloto

Sería muy positivo para la Capital avanzar hacia servicios de transporte público de buses y taxis eléctricos o cero emisiones. La idea no es que el Distrito cambie 2.5 millones de carros a gasolina por 2.5 millones de carros eléctricos, sino más bien que se use la electrificación, la tendencia de vehículo autónomos y la tecnología para modernizar todo el sistema de transporte público.

La otra gran oportunidad es con los bicitaxis. La nueva regulación del Ministerio de Transporte estipula que se debe formalizar la prestación de ese servicio público de movilidad. De hecho, plantea que deberán ser a pedal o de pedaleo asistido con tecnologías eléctricas. Allí hay otra oportunidad para modernizar la vida y el servicio de más de ocho mil bicitaxistas en Bogotá. La Secretaria de Movilidad debería liderar el proceso donde se defina un prototipo de bicitaxi moderno, seguro, asequible, eléctrico y que pueda conectarse con el sistema de estaciones y portales de Transmilenio. Ese cambio no va a pasar espontáneamente y se requiere liderazgo de la administración para convocar a las actuales asociaciones de bicitaxistas para que inicien el proceso.

Ante los problemas de calidad del aire, la movilidad eléctrica no es un capricho o una moda. Es una necesidad imperante, pero a la vez una gran oportunidad para modernizar el sistema de transporte público. Recientemente estuve en Santiago de Chile, esta ciudad ya tiene una flota de 100 buses eléctricos en Transantiago que han permitido mejorar la calidad del servicio, disminuir las emisiones de CO2 e inclusive, y a pesar de que el sistema tiene también problemas de colados, que en los buses eléctricos se presenten menores tasas de evasión.

A pesar de que solo quedan 10 meses de gobierno, la responsabilidad de la administración no es posponer estas decisiones y más bien, dejar acciones que permitan a la ciudad responder estructuralmente a las amenazas de contaminación que ya vivimos y que creímos nunca iban a llegar.

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