Servientrega: ¿es bueno hacer negocios con la familia?

14 de mayo del 2015

Hay un dicho patético: “En los negocios no existen los amigos, no hay más que clientes”

Fui obligado a prestar servicio militar como policía, y no olvido la frase de un cabo cualquiera que le dijo a un pelotón de jóvenes calvos recién alistados:

-¡Cuando de verdad crezcan habrán perdido un amigo, los habrá dejado una mujer y se habrán quedado sin plata alguna vez para comprar papel higiénico!

Aún no he perdido a nadie por plata, pero varios de mis amigos ya dejaron de serlo entre sí por haberse “atrevido” a hacer negocios. Eran cercanos desde el colegio, amigos también de sus familias y de conocerse, aparentemente, muy bien.

El caso de la familia Servientrega hace recordar la desgracia de tantos que han buscado el porvenir de la mano de sus seres queridos. Desgracia no por la intención, desde luego, sino por su nefasto resultado.

Lo que les pasó a los hermanos que sacaron adelante Servientrega da pesar. Después de mucho trabajo y emprendimiento, pelean ahora por acciones y dinero, cuando ya lo tienen todo, incluso más de lo que soñaron. Lograron de la nada ingresos por más de 500.000 millones de pesos por año y 25.000 millones de utilidades netas anuales. Consiguieron decenas de carros, miles de empleados, aviones de carga, otras empresas en Colombia y en el exterior, edificios y cualquier cantidad de lujos que vienen consigo…

Como les pasó a mis amigos -o les pudo pasar a los suyos-, podemos decir que todos cambiamos por la plata, por exceso o por carencia, pero no todos caemos en la ambición a cualquier costa. Esa es la diferencia. El problema es que en los negocios -y en la vida misma- siempre hay alguien que se cree más vivo y busca sobresalir, sin importar quién esté al frente, para dar infinito gusto a su ego y sus necesidades.

Hay un dicho patético: “En los negocios no existen los amigos, no hay más que clientes”. Y la pesadumbre es peor porque la amenaza llega también a la familia. Es seguro: usted también ha escuchado de algún familiar avivado, de alguien que en una separación tomó ventaja económica, de gente que no paga lo que debe a pesar de que puede, de injusticias en negocios que se creen normales.

Somos así. Y los que no, pertenecemos a una especie en vía de extinción que cree que el porvenir viene de la mano de los seres queridos. Que a pesar de que pasen cien mil veces casos en los que la gente se vuelve miserable por unos pesos, hay que actuar bien y apostar por la buena fe de las personas, más si se trata de la familia o de un gran amigo.

Dice la historia que las reuniones familiares de los hermanos de Servientrega ya no son como antes. Y es que no podrían serlo porque cuando alguien le debe más que dinero a otra persona todo se trastoca. Riqueza también significa no tener deudas con nadie, contar con seres queridos y ganar dinero, tal cual diría aquel cabo de la Policía, para comprar papel higiénico.

En Twitter: @javieraborda

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