Vargas Lleras y los zapatos viejos del abuelo

26 de marzo del 2013

Si no es Santos…será Vargas Lleras, por cuenta de su trayectoria y enorme poder en este gobierno. Los otros precandidatos se ven enclenques, en el marco de las realidades electorales de hoy.

Nadie puede rivalizar con éxito (aunque sea arbitrario, leonino y a veces abusivo) frente a la chequera oficial, la frondosa burocracia, la contratación estatal y la maquinaria bien aceitada del gobierno.

Germán Vargas Lleras guarda en el closet de su casa un amuleto sui géneris con el que espera llegar, en el 2014 o el 2018, a la Casa de Nariño. Se trata de un par de zapatos viejos que pertenecieron a su ilustre abuelo, el presidente Carlos Lleras Restrepo, uno de los colombianos más recordados del siglo XX por enorme dimensión intelectual e indiscutible principio de autoridad.

El Ministro de Vivienda suele meterse en esos zapatos cuando le apremia salir airoso en encumbrados empeños partidistas. Una especie de talismán. Parece que el agüero le ha dado, hasta ahora, buenos resultados.

Allegados le atribuyen al singular amuleto la suerte de haber salido con vida de dos atentados dinamiteros (con libro-bomba, primero, y con carro-bomba, después) lanzados por enemigos para tratar de sacarlo del camino al poder con el que sueña desde cuando de niño correteaba por pasillos, vericuetos, recovecos y escritorios del Palacio de San Carlos, donde el abuelo trabajaba, en largas jornadas, como tercer Mandatario del Frente Nacional.

No tengo pistas sobre el color, número y estado de los zapatos. Ignoro si son mocasines o de atar con cordones y si han sido remontados en alguna zapatería de las que sobreviven en la vieja Bogotá.

Falta averiguar, asimismo, si el calzado que heredó el exsenador Vargas fue utilizado por Lleras Restrepo cuando habitó, como Presidente, en Palacio, entre 1966 y 1970, o en la recta final de su fecunda existencia, que concluyó el 27 de septiembre de 1994.

Los viejos zapatos hicieron parte del equipaje de la pasada campaña presidencial radicalista, en la que alcanzó el tercer lugar en los guarismos electorales, detrás de Santos y Mockus. Vargas se los ponía en plazas públicas, no en recintos cerrados por la rigurosidad de los actos programados. Además, desentonaban con el vestuario moderno del candidato.  Cuando el cambio de calzado era demasiado notorio, nadie de la comitiva se atrevía a preguntar sobre el asunto.

Entre el legado de su abuelo, escogió los zapatos por varias razones, vale decir agoreras y premonitorias. Admite que le imprimen firmeza a su humanidad y al pensamiento. En el fondo, el político bogotano  ha creído que el espíritu de su abuelo lo acompaña, circunstancia que es mayormente notable cuando los viejos zapatos que cuida con particular esmero.

El Ministro no ha querido convertirse en una piedra en el zapato para Santos, su nominador. Ha sabido esperar pacientemente a ver si el presidente busca la reelección o si le cede el turno para dar la pelea por la sucesión santista.

Mientras llega la hora, evocará la memoria de su entrañable abuelo y dirá con el bardo cartagenero Luis Carlos López, El Tuerto, en el canto a su ciudad nativa: “… Mas hoy, plena de rancio desaliño/ bien puedes inspirar ese cariño/ que uno le tiene a sus zapatos viejos”.

Lo que está por verse es si los zapatos de Lleras Restrepo le quedan muy grandes al nieto. O si todavía no ha crecido lo suficiente para adquirir la talla presidencial. Es posible que la campaña de las casas gratis, pagadas por el Estado, no sean suficientes para catapultarlo a la jefatura del Estado.

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