La paz no llega a la finca La Europa en Montes de María

Publicado por: juan.sacristan el Mar, 04/08/2020 - 17:31
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En los últimos meses varios líderes han sido víctimas de persecución y amenazas por hombres armados que han llegado a la zona.
finca La Europa

Un dolor de muela salvó al líder y artista Andrés Narváez del encuentro con dos hombres sospechosos no identificados que fueron a buscarlo el pasado 24 de julio a la finca La Europa, ubicada en el departamento de Sucre, un predio en disputa por los campesinos e intereses siniestros que desde hace décadas buscan expulsar a la población y tomar el control del terreno.

Según contó el propio Andrés Narváez, días antes del 24 de julio él tuvo que ir al odontólogo para retirarse una muela que le estaba doliendo. El viernes 24 se sintió recuperado y quiso ir a trabajar en su cultivo, porque en medio de la pandemia ha sido más difícil sostenerse por lo que no puede parar, pero cuando se aprestaba a salir empezó a llover, pensó que eso podría hacerle volver el dolor en la boca y decidió quedarse en casa.

Sobre las 8:30 de la mañana llegaron a la finca La Europa, donde Narváez tiene su cultivo, dos hombres en motocicleta vestidos de chaleco, con cascos oscuros y guantes, cubriendo todo el cuerpo, en medio del calor que se vive en la zona. Se detuvieron en un cultivo, encerraron a un campesino para intimidarlo y le dijeron que llamara Andrés Narváez. 

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El trabajador les afirmó que ahí no trabajaba, pero si tenían alguna noticia, él podría transmitírsela por medio de personas que lo conocían. Los hombres desistieron y abandonaron el cultivo. 

Esa no es la única vez que hombres armados han llegado a la finca La Europa para amedrentar a los campesinos en una nueva oleada de amenazas, las cuales no se presentaban desde hace más de seis meses, según contaron a este medio los campesinos de la zona. Varias organizaciones han denunciado la llegada de grupos paramilitares en Sucre y Montes de María.

Según el líder Algemiro Lara, uno de los campesinos reclamantes de tierra de La Europa, las incursiones han sido constantes. Contó que el domingo pasado, hace 15 días, un amigo lo llamó para preguntarle si la camioneta que estaba rondando era la que él tiene asignada por la Unidad Nacional de Protección. Él dijo que no porque el esquema no había podido ir a su cuidado en medio del toque de queda declarado en la zona.

Se trataba de una camioneta negra de alta gama, ocupada por varios hombres que se encontraban cubiertos y presuntamente armados. Otros líderes comunales también han denunciado desde marzo de este año la llegada de panfletos amenazantes y mensajes de texto en los que les ordenan abandonar sus animales y casas, de lo contrario atentarán contra su vida.

“Llegan motocicletas que se ubican en sitios estratégicos, los campesinos ven después el amasado en la hierba como si hubieran estado escondidos en la maleza esperando a alguien en las zonas donde nosotros pasamos”, contó el líder Lara a este medio. 

Las amenazas en ocasiones son firmadas por las Águilas Negras o el Clan del Golfo y se extienden a los habitantes de la zona de Montes de María, hasta el Golfo de Morrosquillo, un sitio estratégico para el tráfico de sustancias psicoactivas. El amedrentamiento proviene de grupos paramilitares que buscan controlar el corredor para salir al mar Caribe, pero también, según dicen los defensores de derechos de la zona y la senadora Aída Avella, de los empresarios que han buscado adueñarse de la tierra de la finca La Europa desde hace décadas.

“Nosotros somos los más visibles dentro del pueblo, al amenazarnos amenazan a la comunidad, porque somos los que tenemos la misión para dirigir.. Es como quitarle el chofer al carro, todo el mundo queda en peligro”, Andrés Narváez.

El lío de la finca La Europa

Según el portal Verdad Abierta la finca perteneció inicialmente a indígenas del Caribe, quienes fueron desterrados y se entregó el predio a unas pocas familias. Posteriormente se adjudicó a campesinos cultivadores de tabaco, hasta que el presidente Carlos Lleras Restrepo ordenó titular las tierras a los arrendatarios de los predios, campesinos que pagaban a los dueños para poder cultivar y ejercer la ganadería.

Esa decisión generó molestias en los hacendados que iniciaron varios procesos para lograr tumbar la entrega de títulos a los latifundistas y no perder sus tierras. Los campesinos se organizaron e iniciaron la ocupación de los predios. A mediados de los años 1970 lograron que se les titularan cerca de 122 hectáreas.

El proceso avanzaba lento hasta que en la década de 1980 llegaron los paramilitares y expulsaron a todos los campesinos de la zona. Bajo el control paramilitar, los habitantes de Montes de María hasta el Golfo de Morrosquillo fueron perseguidos, amenazados e incluso asesinados para lograr el control de los terrenos.

“A mediados de los 90 comenzó a aparecer la guerrilla y más atrás los paramilitares, quienes empezaron a matarnos a los dirigentes. Éramos 10 dirigentes y ahora solo quedamos cuatro, los demás los mataron toditos y el que está vivo es porque se fue. Del 96 al 2000 desplazaron a toda la finca, 90 familias desplazadas, 20 compañeros asesinados, 6 desaparecidos y sólo diez familias que se quedaron fueron encarceladas”, narró Algemiro Lara, líder de la comunidad. 

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Él mismo tuvo que abandonar su casa junto a su familia e irse a los tugurios de Cartagena para protegerse. Estuvo 18 años fuera de su hogar, trabajando como vendedor informal. No se acostumbró a la vida en un centro urbano y decidió regresar a La Europa para organizarse con su familia a mediados de 2010.

“Lo peor que le puede pasar a un campesino es que lo saquen de su tierra, porque uno llega a la ciudad y no sabe hacer nada. En ese desplazamiento sobrevivimos los que nos fuimos jóvenes, los que pudimos vender en la calle, vendiendo boletas, varias cosas”, contó Lara. 

Cuando varias familias retornaron a sus casas en Montes de María, encontraron que los predios habían sido vendidos a empresarios a precios muy bajos. La finca La Europa había sido vendida casi en su totalidad a un empresario antioqueño, que conocen en la zona como “cachaco”, dueño de una empresa que según los habitantes se llama Arepas Don Pancho, pero que no está registrada.

Andrés Narváez, uno de los líderes tradicionales de la zona, dice que heredó la tierra de 114 familias, entre los que se encontraban sus tíos, pero tras los ataques paramilitares ellos murieron y los demás tuvieron que salir del territorio para protegerse.

“A los pocos días se presentó la empresa Arepas Don Juancho a comprar las tierras, apoyada por el Incoder. A partir de ese momento empezó el conflicto, porque ellos pretendían quedarse con toda la finca, mientras nosotros le ofrecimos repartirla. No podíamos irnos porque no teníamos dónde trabajar, dónde sembrar. Es la tierra donde nacimos, crecimos y vivimos”, aseguró Narváez a este medio.

“Esa vina ellos no la vieron viable y empezaron a comprar predios, compraron 84 parcelas, tenían que tener 84 escrituras, pero no tienen sino una sola. En 2014, el 12 de junio el capataz de la finca me da cuatro tiros: dos en el pecho y uno en cada mano. En 2015 empiezan a hacerle un atentado a Algemiro”, narró Narváez.

Él ha sido uno de los mayores líderes reclamantes de tierra en la finca La Europa, pero también uno de los que más ha sufrido la violencia propagada por los interesados en apoderarse de los terrenos.

En 2014 los campesinos habían instalado, según Verdad Abierta, una puerta en hierro y cemento para proteger la entrada a la finca de personas extrañas. El 12 de junio el administrador de la finca, por parte de Arepas Don Juancho, llegó al predio y le dijo que iba a contratar un tractor para demolerla.

Narváez le dijo que lo hiciera y el administrador entró el cólera, sacó el revólver y le propinó cuatro disparos. Los tiros se alojaron dos en su pecho y en la mano. Tras esa situación Narváez fue enviado al exilio para protegerlo y volvió a mediados de 2016 al país.

La senadora Aída Avella contó a este medio que Narváez quiso regresar a pesar de que ellos le pedían que se quedara en Bogotá por su seguridad. La respuesta que recibió fue que él no podía vivir en la ciudad porque le hacía falta la naturaleza que lo rodeaba en su casa, su entorno.

“No Aída, yo no me puedo quedar en Bogotá porque es que allá donde yo vivo, en la casita donde estoy, hay un pájaro que canta a las 4 de la mañana y es el que me despierta. Y le dijimos: pero qué tiene que ver un pájaro con tu vida, y él contestó: es que yo no puedo vivir sin el canto de los pájaros, yo soy un campesino, no me puedo quedar por aquí”, narró la senadora de la Unión Patriótica en diálogo con KienyKe.com.

Narváez no ha sido el único víctima de la violencia armada que desató el interés de las tierras en Montes de María. Algemiro Lara también sufrió un atentado en 2016 del que logró salir con vida gracias a la rápida reacción de su escolta asignado por la Unidad Nacional de Protección.

Lara salió para una reunión con los campesinos, en ese tiempo se movilizaba caminando hacia Sincelejo por no tener vehículo y la cercanía con la capital que es de unos 30 minutos de camino.

Cuando llegaron a Sincelejo, salió de una esquina una motocicleta con un sicario, el escolta de Algemiro se percató, desenfundó su arma y disparó contra el asesino a sueldo que cayó muerto al piso.

Desde ese momento tuvo que entrar en mayor protección, le entregaron un vehículo blindado y dos escoltas que lo protegen y acompañan. La situación de la pandemia ha empeorado la seguridad porque las medidas de aislamiento y toques de queda obligan a los líderes a quedar desprotegidos.

La resiliencia de los campesinos de La Europa

Andrés Narváez no trabajaba hace más de cinco años por las lesiones que le dejó en sus manos el disparo que recibió, pero en vista de la precariedad y la falta de recursos, logró recibir 500 mil pesos para iniciar un cultivo en los predios de la finca. 

En ese cultivo ha trabajado los últimos meses, más cuando según la comunidad las ayudas de la pandemia no han llegado a los campesinos de esta zona de Sucre. Así mismo, la falta de carreteras impide incluso la llegada de agua por medio de camiones del Ejército.

A pesar de las condiciones y las amenazas constantes de las que son víctimas, el canto Andrés Narváez no se ha apagado, la importancia de la naturaleza en su vida es porque es la que lo inspira para componer los cantos que narran la historia de Montes de María, los habitantes de La Europa, los desaparecidos del conflicto, e incluso la creación de la Justicia Especial para la Paz al que le tiene una canción.

“Yo soy iletrado, soy compositor de música, bambuco, musica llanera, hasta cristiana; la naturaleza me acompaña a hacer mi arte y el tambolero es el pájaro carpintero que mientras yo canto, el pájaro toca”, cuenta Narváez. 

Ahora, en medio de sus cantos, el líder reclamante se ha puesto a la tarea de redactar un libro de su memoria y la de la comunidad. Cada persona que entra a su casa tiene la misión de sentarse y redactar lo que él le cuenta a través de la remembranza.

“Ese es un libro que narra historias del llanto de una viuda, el correr de los niños, como se entierran los muertos aquí”, cuenta Narváez.

“Aquí a los muertos los traían cinco personas, cuatro cargaban y otro traía el agua. Volvíamos como si no hubiera habido velorio, llanto, tristeza, nada. No nos atrevíamos ni a visitar el otro por la situación que se estaba viviendo, no nos conocíamos”, cuenta el líder de los momentos de terror que se han vivido en su territorio y que busca plasmar en su texto.

“A veces uno no quiere ni recordar de todas las cosas que le han hecho a uno solo ser campesino. Ser campesino en este país es un delito”.

Ya se encuentra en las últimas páginas del texto y espera que alguna editorial pueda editar y publicar el libro. Dice que es una memoria de la comunidad que, aunque duele recordarla, es necesaria para las futuras generaciones del país y Montes de María.

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Los campesinos de La Europa continúan buscando la paz después de más de 40 años de despojo y dolor. Aún con arte y resistencia y un proceso judicial interminable esperan que algún día puedan disfrutar en calma del lugar donde nacieron, crecieron y lucharon por la paz.