“Así nos humillan en la embajada gringa”

“Así nos humillan en la embajada gringa”

11 de Septiembre del 2012

El chef Elkin Escobar ofrece unos de los mejores servicios de  catering en Medellín. Es un profesional dedicado a atender matrimonios exclusivos y comidas privadas en reuniones sociales y familiares o en los comedores de las presidencias de las compañías. Se convirtió en el chef preferido de Jorge Londoño, Presidente de Bancolombia, y de Gonzalo Restrepo, presidente del Éxito, quien lo contrata no sólo para que atienda en el comedor corporativo sino en su apartamento, cuando recibe a los franceses de Casino, accionistas mayoritarios del Éxito. Ha vivido en Londres y durante muchos años viajó con frecuencia a Miami. Parte de su trabajo se relaciona con el manejo de la etiqueta, la discreción y la prudencia. Jamás ha tenido una anotación de mala conducta.

Pero el 4 de septiembre pasado Escobar se derrumbó cuando una cónsul se atrevió a señalarlo de llevar cocaína a Estados Unidos en los años 80 y haber sido detenido por tal delito en la misma época. Escobar intentó explicarle que era una acusación infundada. Le mostró que durante cuarenta años había tenido visa y que la misma había sido renovada varias veces. Intentó explicarle que viajó a Estados Unidos al menos quince veces después de la fecha de la citada detención, la cual jamás existió, y que nunca había tenido problemas de emigración.

La mujer, que ejercía funciones consulares, no estaba dispuesta a escuchar. Aunque joven, se veía cansada e impaciente porque estaba en estado de embarazo. Era la una de la tarde y Elkin era el último de los ciudadanos que debía atender. Al final, la funcionaria le cerró la ventanilla en la cara.

Muchos colombianos se quejan del maltrato cuando se acercan a solicitar una visa, pero la historia de Elkin puede tener un elemento adicional: posible homofobia.

Un mes antes, el 10 de Agosto, Elkin se presentó en la embajada para renovar su visa. Llegó acompañado de Raúl Navarro, su pareja de varias décadas. El funcionario de ese momento le preguntó por qué la dirección de su solicitud coincidía con la de Navarro. Elkin respondió que vivían juntos. Minutos más tarde les notificaron que en 12 días les llegaría el pasaporte con la Visa a su residencia en Medellín y les pidieron cancelar los costos del correo certificado.


Elkin Escobar recurrirá a mecanismos que obliguen al gobierno norteamericano a liberar la información judicial que lo sindica. 

Cuatro días después recibieron la llamada de una secretaria de la Embajada en la que les informaban que debían regresar a Bogotá para entrevistarse con uno de los cónsules con el fin de explicar su situación domiciliaria. Les dieron la cita para el 3 de septiembre.

La cónsul los recibió prevenida. Fue agresiva, irrespetuosa e insistente al preguntar: “¿son  amigos o pareja?” Escobar no tuvo reparos en responder: “somos pareja hace cuarenta años”. La funcionaria pareció intimidarse, cambio de tono y le dijo a Escobar: “no puedo entregarle la visa porque usted ha entrado cocaína a mi país y pagó cárcel en los años 80”.

“La sensación es indescriptible –dice Escobar–Fue una humillación que además produce impotencia”. Al preguntarle a la cónsul qué hacer para aclarar la situación, ella respondió: “pida una ficha judicial en Estados Unidos”. Derrotado, Elkin sacó fuerzas para decir: “No me dé la visa, pero respéteme. Yo soy un hombre de bien y nunca he tenido problemas legales”.

Sin inmutarse, la funcionaria les devolvió el pasaporte a Elkin y a Navarro, quien miraba impávido. Aunque él no tenía nada ningún antecedente, la visa también le fue negada.

Elkin decidió hacer público su caso e interponer un recurso legal para “intentar detener el abuso recurrente de funcionarios de la Embajada, amparados en una supuesta inmunidad diplomática”. Ahora recurrirá a mecanismos que obliguen al gobierno de Estados Unidos a liberar la información judicial que lo sindica, y demostrar que  fue víctima de un homónimo, una suplantación de identidad. Llegará hasta el Departamento de justicia de Estados Unidos, encargado de atender los temas de discriminación sexual, para que se investigue el comportamiento de los dos funcionarios consulares en Colombia, violatorio de los derechos individuales y de la privacidad. “Lo de menos es la visa, lo importante es restaurar mi buen nombre, construido a lo largo de toda una vida”, dice Elkin Escobar. Él sabe que está abriendo camino y que su caso no es el único. Pretende sentar un precedente para que se respete la dignidad de los colombianos.