El hijo de una monja y un cura que triunfó en la salsa

6 de marzo del 2013

Yuri Buenaventura sueña con brujas y es tocayo del primer hombre que llegó al Espacio. Este músico colombiano que conquistó Francia recibió por primera vez un reconocimiento en su país.

Kienyke Yuri Buenaventura

Yuri Buenaventura es quizás el salsero colombiano más conocido en Francia, aunque en Colombia muchas personas no sepan de su música. Hijo de una cura jesuita y de una monja de claustro que escaparon al Pacífico para poder estar juntos, Yuri se declara un representante de la selva, de los negros y de los sonidos de Buenaventura.

Vive en París desde los 18 años, pero viaja a Colombia cada tres meses. Hoy nos recibe en un apartamento de un amigo suyo en el barrio Rosales, donde se hospeda cada vez que llega a la ciudad. El sitio es totalmente minimalista. En el lugar solo hay dos cosas de Yuri: sus maletas y dos premios: un India Catalina que acaba de ganar y un premio por haber vendido más de 100.000 copias de discos en Francia. Este cantante prefiere el silencio de este lugar ordenado y sencillo. Hoy tiene un vestido bastante sobrio: blazer negro, una camisa blanca y jeans. Aunque en ocasiones también luce collares de colores y otras prendas llamativas, muy salseras.

Es tan tímido como hiperactivo. Durante la entrevista está pendiente de todo, de las preguntas, la luz, la fotografía y la música con la que ambientará las historias que va contando. También habla de su irreverencia frente a la música comercial, sin sentido ni letra, aunque se ha tenido que “adaptar” siendo parte de grandes disqueras como PolyGram. Nos confiesa que siempre canta con los ojos cerrados, pero esta vez nos pide que seamos nosotras las que cerremos los ojos y sintamos la música, mientras nos canta una de sus canciones.

Kienyke Yuri Buenaventura

Desde los 18 años, Yuri Buenaventura vive en París, donde es reconocido como uno de los grandes de la salsa.

A Yuri, un músico sin escuela, la vida lo ha ido llevando por distintos caminos inesperados para él. Desde su retiro de la carrera de economía en la Sorbona, hasta cuando lo descubrió Jacques Sanjuan, director artístico de Bob Marley, Bono, Bon Jovi, Elton John y Apocalíptica.

Este músico colombiano se ganó un disco de oro por cada uno de sus seis discos grabados en Francia, porque con cada uno vendió más de 100.000 copias. “La única otra colombiana que ha logrado lo mismo en Francia es Shakira, aunque es otro tipo de música”, dice.

Yuri ha producido música desde hace varios años junto a grandes como Tito Puente, Cheo Feliciano, Orlando Poleo y Papo Lucca, entre otros.

Juan Carlos Garay, musicólogo, explica que Yuri se ha convertido en un referente para los músicos de salsa en Colombia. “Si hay alguien profesional en el campo de la salsa en Colombia es Yuri. Cuando uno habla con los salseros jóvenes, como La 33, se da cuenta de que lo siguen.  La opción de irse a Francia fue arriesgada pero la supo manejar bien porque introdujo la salsa al World Music en ese país”.

El hijo de un cura Jesuita y una monja de claustro

“Cuando uno nace allá la selva lo absorbe. Es una infancia muy verde y siempre me he sentido orgulloso de eso”, dice mientras nos prepara un té. Ese ritual de tomar té con tostadas y mermelada antes de acostarse o levantarse se convirtió, desde hace años, en su “invención de la soledad” .

Buenaventura, la tierra donde nació, es para él la definición del sentido de su música. Allí llegaron sus padres luego de que se enamoraran, en los años sesenta. Yuri se siente plenamente afro, aunque ni él ni sus padres sean de esa raza. Su nombre se lo pusieron por el astronauta Yuri Gagarin. El Buenaventura lo adoptó él desde su primer disco para portar con orgullo el nombre de su lugar de nacimiento que define como uno de los “más estigmatizados del mundo”.

Kienyke Yuri Buenaventura

En su casa, Yuri no escucha salsa. Allí prefiere la música clásica. 

En su casa creció escuchando música barroca y cantos gregorianos, pero de puertas para afuera se encontraba de frente con África a través del currulao y la marimba.  A pesar de que es salsero, Yuri conserva la costumbre de escuchar música clásica en su casa. Tampoco se le olvida otro ritual: llama a su mamá todos los días para hablar sobre algún pasaje de la biblia.

“Mi papá empezó a tocar el órgano en la catedral cuando dejó de ser cura. Después pasó al trombón, el piano, el acordeón. Y mi mamá casi no sale, sigue siendo de claustro, aunque esté con él. Todavía se aman”.

“Yo estaría manejando un taxi en Buenaventura”

Yuri ya lleva 26 años viviendo en París y recuerda sus comienzos tocando el bongo en el metro de esa ciudad. Aunque se había ido a la universidad de la Sorbona con una beca para estudiar economía, decidió ser músico porque sintió que era la única forma de lograr “transportar las teorías del mundo a la realidad de la gente”.

“Ahí aprendí de la fraternidad del francés. Pero también me fui saliendo de la línea de la sociedad. De repente me quedé sin casa, sin luz, y luego en la calle, sin domicilio fijo, y comencé a ir a los museos para protegerme del frío o el calor”.

Una persona importante en uno de esos golpes del azar fue Nancy Restrepo, quien acababa de llegar a Francia como embajadora de Colombia luego del asesinato de su esposo, el exministro Rodrigo Lara. Ella le permitió grabar en el consulado “así como así”,  dice él. Luego de reír, agrega:“es que eso no lo hace nadie y menos un cónsul”. De ahí vino la inspiración para componer la banda sonora de la telenovela Escobar: el patrón del mal, por la que se acaba de ganar el premio India Catalina a Mejor banda sonora de serie. No era la primera vez que Yuri participaba en una banda sonora. Ya había trabajado en la música para la película Ma femme… s’appelle Maurice,  de Jean-Marie Poiré. Sin embargo, el premio en Colombia es uno de los que más lo ha sorprendido.

“Estoy muy emocionado, usted viera lo que se siente. Me gané un premio India Catalina, el primer reconocimiento que me hacen en mi país. Es que Colombia es mi madre y Francia es una madrastra que se ha portado muy bien conmigo y me ha consentido porque mi música, al fin y al cabo, es marginal allá”.

Yuri se acuerda de que grabar su primer disco, Herencia africana, fue una gran odisea, pues  no tenía plata y se endeudó hasta el tope. También confiesa que ese primer álbum “está muy mal cantado”.

“Después de ese disco me volví a Colombia arruinado: con la firme idea de empezar a manejar un taxi, porque hasta ese momento sentía que no lo había logrado ni en la música, ni en las finanzas, ni en nada”, cuenta.

Kienyke Yuri Buenaventura

“Me gané un premio India Catalina, el primer reconocimiento que me hacen en mi país. Es que Colombia es mi madre y Francia es una madrastra que se ha portado muy bien conmigo y me ha consentido porque mi música, al fin y al cabo, es marginal allá”, dice Yuri.

Su vida hubiera sido otra si Jacques Sanjuan no hubiera tomado un taxi en París en el que sonaba una emisora marginal, en la que por suerte Yuri había dejado un casete que había grabado en la época del metro.

Jacques Sanjuan no era cualquier tipo. Había sido director artístico de The Wailers  el grupo de Bob Marley en los años setenta, y había trabajado con Bon Jovi y Elton John. Sanjuan se interesó de inmediato en ese músico anónimo y consiguió su número de teléfono en Buenaventura. A los pocos días, Yuri se estaba devolviendo en un avión a Francia. “De ahí en adelante todo fue diferente. Fue gracias a esa emisora que, de verdad, era una ‘boleta’”.

Después vendrían cinco discos más: Yo soy, Vagabundo, Lo mejor de Yuri Buenaventura, Salsa dura y Cita con la luz. Su álbum Vagabundo fue acompañado por grandes músicos como Roberto Roena, Cheo Feliciano y algunos de los integrantes de El Gran Combo de Puerto Rico.

Para Yuri la inspiración es la jerga de la gente, aunque tampoco puede negar la influencia que tuvo Héctor Lavoe en su música.

Yuri y la pitonisa

Yuri ha soñado con la pitonisa -o “bruja”- más importante del Pacífico una vez más. Ha conocido a los ancestros de esta mujer y dice que así ha podido conectarse con el mundo afro de su natal Buenaventura. Ese legado “lo ha unido al sonido de los negros” y a una deuda: dice que no está en paz porque no quiere tomar la música y la herencia del Pacífico sin devolverle nada a su pueblo “emproblemado”.

“Yo no digo que vivo aquí o allá. Estoy en ambas partes. Y tengo que aportar al destino de mi región y del negro, porque está música vive es de su léxico y les pertenece. Por eso ahora más que encontrar una mujer debo ayudar con esa realidad tan tremenda ”.

En esa tarea Yuri ya desarrolló el Festival Folclórico del Pacífico, pero dice que no le fue tan bien, aunque se propuso tener grandes patrocinadores como la Embajada de Francia. Para Yuri es esencial continuar con ese tipo de festivales, que al igual que el Petronio Álvarez difunden la música y la cultura del Pacífico. Sabe que para realizar esa tarea tendrá que estar más presente en Colombia, usar la “fama”, de la que tanto desconfía, y seguir creando música que en algo transmita la herencia de los africanos; esos que se le aparecen en sueños, cuando compone, en medio de la calle en París, en sus viajes por el mundo, o en Buenaventura, en medio de los cantos gregorianos de la casa de sus padres.

“Vea, lo que yo sueño es sentir que amé la música y que la música me amó. Y que desde una hamaca yo pueda darme cuenta que fui digno de esa llama que me integró en el primer suspiro cuando nací en Buenaventura”.

 @JuanaRestrepo87

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