Jaime Granados: penalista exitoso, controvertido e imbatible

Publicado por: gabriela.garcia el Mié, 26/02/2020 - 12:42
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Esta es la historia de uno de los abogados del expresidente Álvaro Uribe.

Aura María Velásquez, una mujer noble y analfabeta, trabajó hasta el cansancio como empleada del servicio doméstico para cumplir su único sueño: comprar una pequeña casa en Boyacá para vivir con su hermano y así envejecer a su lado con tranquilidad. Sin embargo, cuando decidió retirarse, fue engañada por uno de los hijos de la familia a la que le sirvió por más de veinte años. Se confió de él y le entregó todos sus ahorros con la idea de invertirlos, generar ganancias y “conseguir algo mejor”. Pero él la traicionó. 

El hombre, al que ella ayudó a criar y que decía ser un gran economista, le robó todo su dinero. Aura María, con la esperanza de recuperar el fruto de su esfuerzo, decidió acudir al Consultorio Jurídico de la Universidad Javeriana donde se encontró con el joven abogado Jaime Granados Peña.

El sistema judicial de Colombia terminó siendo un cruel enemigo. A pesar de que Granados intentó por años recuperar el sueño que le fue arrebatado a esta mujer, nunca lo consiguió. El caso prescribió y Aura María murió sin conocer el sabor de la justicia. 

Han pasado más de treinta años y Jaime Granados recuerda esta historia con gran tristeza. Ni siquiera puede pronunciar el nombre de Aura María Velázquez sin que se le corte la respiración y se le quiebre la voz. 

Este fue uno de los casos que marcó su vida personal y profesional. Cada vez que se le viene a la memoria la dulzura, generosidad y agradecimiento que le demostró Aura María por su trabajo, se convence aún más del porqué decidió dedicar su vida al derecho: conseguir que las víctimas tengan una respuesta ágil frente a sus reclamos.

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Hoy en día Jaime Granados es uno de los abogados penalistas más prestigiosos y controvertidos del país. Sus defensas son famosas y generan polémica. Han acaparado portadas de los medios de comunicación más importantes por la relevancia de los casos. 

Entre los más recordados está el del coronel Alfonso Plazas Vega, quien fue absuelto por el proceso que se adelantó por la toma del Palacio de Justicia. Además, es el apoderado del expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez, procesado actualmente por presunta manipulación de testigos. 

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Celoso de su intimidad

Granados evita hablar sobre su familia y temas personales. Desde el inicio de esta entrevista advirtió que no respondería preguntas al respecto, prefiere dejar detalles de la vida de sus seres queridos en la intimidad. 

Sin embargo, sostuvo una cálida charla con KienyKe.com. Contó que su madre, Margarita Peña, murió con apenas 32 años por causa de una complicación postparto y que su padre, Luis Carlos Granados, tuvo que asumir -con el dolor del fallecimiento prematuro de su esposa- la responsabilidad de criarlo a él y a sus dos hermanas menores en medio de las dificultades de la época (1964).

“Años después mi papá se casó con Carmen Santiago, una mujer de un municipio cercano a Barranquilla quien se graduó en bioquímica en la Universidad Nacional, de la que él también es egresado pero de la facultad de ingeniería. Este año cumplieron más de 50 años de casados y esto ha sido una gran bendición para él, porque no fue fácil quedarse solo con tres niños. Esa mujer es como nuestra segunda mamá”, contó.

De la literatura al derecho

Este experto en el derecho penal nació el 26 de enero de 1961 en la Clínica Marly de Bogotá, ciudad en la que se crió, estudió y forjó su carrera como profesional. Sus primeros estudios los cursó en el Instituto del Carmen de los Hermanos Maristas, hoy Colegio Champagnat, y el bachillerato lo terminó en el Liceo La Salle en 1977. 

Aunque sus intereses se inclinaban hacia la literatura y la filosofía, Granados ingresó a la Universidad Javeriana para estudiar derecho por recomendación de su padre, quien le aseguró que era una carrera “más rentable”. 

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A pesar de esto, su papá jamás dejó de alentar su gusto por leer historias. Era una forma en la que él podía conectarse con su madre fallecida, a quien recuerda con inmenso amor por enseñarle, entre otras cosas, el valor de cada letra plasmada en un papel. 

“Después de que mi mamá murió, mi padre entendió que la forma de manejar mi duelo era apoyándome en lo que me conectaba con ella que era la lectura, porque es realmente mi pasión y a lo que más le gasto mi tiempo. Ella fue la que me enseñó a leer, era la manera en la que me tranquilizaba”, indicó. 

El combo de la Corte Suprema

Jaime Granados culminó su carrera profesional junto a una promoción de abogados de la que dice es “extraordinaria”. Algunos de sus compañeros de estudio son en la actualidad importantes figuras públicas, como Luis Guillermo Guerrero, magistrado de la Corte Constitucional, y Julia Miranda, directora de Parques Nacionales. 

Con humor recuerda que en la universidad tenía un “grupito” de amigos a los que los demás llamaban la "Corte Suprema”, verdaderos “nerds” que pasaban sus ratos libres en la biblioteca, leyendo sobre leyes, códigos y realizando pequeñas e interesantes tertulias sobre los conocimientos que adquirían en las clases sobre el derecho. 

“Éramos los ‘aburridos’. Ese grupo estaba conformado por Rodrigo Escobar Gil, que fue magistrado, Said Idrobo Gómez y Jorge Enrique Ibáñez. Todo grandes juristas. Nos la pasábamos discutiendo sobre derecho y terminamos siendo todos unos referentes de la Javeriana”, señaló. 

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Adiós al delito político

Granados tardó varios meses en escribir una tesis de más de 800 páginas que le significó dentro de la institución múltiples reconocimientos y elogios. El escrito fue toda una revelación, porque ningún trabajo académico se había atrevido a proponer la desaparición de la figura jurídica del delito político. 

“Mi tesis sostenía que la violencia que encarnaba el delito político no podía ser tratada de manera benigna por el derecho. Había una especie de romanticismo que decía que los guerrilleros tenían que tener amnistías,  indultos y que no debían ser extraditables porque ellos luchaban por la libertad de los demás. A mí me parecía que no debía ser así", explicó.

Dedicó horas de sueño para demostrar el porqué no se justificaba tener un sistema jurídico que “entronizara la violencia” y que a cambio se creara uno para buscar la forma de reprimirla sin importar la ideología política. 

“Un poco de lo que planteó mi tesis era que el derecho tenía que crear nuevas herramientas para que, en lugar de apoyar la violencia, la desestimulara. Argumenté el porqué el delito político era antijurídico, es decir, en contra del derecho. Algunos dicen todavía que es demasiado idealista, pero creo que la historia me dará la razón”, aseguró.

Después de presentar esta tesis, que recibió calificación Cum Laude, Granados se graduó como abogado en la noche del 6 de noviembre de 1985, justo cuando la guerrilla del M-19 decidió tomarse el Palacio de Justicia y marcar un antes y un después en la historia de Colombia. 

Curiosamente Granados asumió la defensa del coronel Plazas Vega años más tarde. Con su trabajo logró que fuera absuelto por la Corte Suprema de Justicia después de haber sido condenado en otras instancias por desapariciones en medio de la toma del Palacio.

Aporte a Puerto Rico

En 1989, por recomendación de su amigo Fernando Carrillo, Jaime Granados viajó a Puerto Rico para asumir el reto de enseñar en una universidad sobre el sistema jurídico de la isla. 

A pesar de su juventud, no le tuvo miedo a lidiar con estudiantes. Ya había sido profesor y dictado clases de derecho penal en la U. Javeriana. 

Pasó horas y horas encerrado en una biblioteca para aprender la jurisprudencia de ese estado y así ayudar a los estudiantes a comprender cada detalle de las leyes que los rigen. 

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Su labor en Puerto Rico fue tan significativa que tuvo la oportunidad de asesorar al secretario de Justicia para impedir que se implementara la pena capital, debido a que un movimiento político intentó convencer al pueblo de aceptar esa sentencia por una serie de crímenes atroces que ocurrieron en la época. 

“El pueblo apoyó la ponencia del secretario y no permitió la pena de muerte. Ese granito de arena que yo puse para evitar esa condena es una de mis mayores satisfacciones. De alguna manera ayudé a salvar vidas, porque no nos engañemos, la pena de muerte, independientemente de que la persona que haya cometido un delito, implica sacrificar una vida”, manifestó.

Una reforma necesaria

Granados volvió a Colombia y también logró hacer un aporte a la justicia. De la mano de Luis Camilo Osorio, entonces fiscal general, adelantó el proyecto de reforma al Sistema Penal Acusatorio, que es el que hoy se utiliza en los procesos. 

“Esto marcó un antes y un después en el país. Hoy es inconcebible tener un proceso sin audiencias, sin un sistema oral con garantías. Así no era el derecho en Colombia antes de la reforma. No se hacían audiencias sino por excepción. No había garantías. Hoy ya tenemos un fiscal que es parte, un juez imparcial, una defensa que se defiende y una procuraduría que vigila”. 

Este mismo sistema le dio paso a la creación de la Defensoría Pública. Según Granados, antes de éste no existía la posibilidad de que las personas sin recursos para contratar a un abogado que les brindara una defensa técnica. 

“Hoy esas personas tienen una esperanza, todavía precaria y limitada, pero la tienen. Actualmente el 85% de los casos los asumen los defensores públicos”, resaltó.

Jaime Granados

Duro en los estrados

Granados dice que desde que creó su bufete de abogados se ha dedicado a defender lo que cree y a las personas a las que les cree. Muchos pensarían que no, pero en la vida cotidiana -fuera de los estrados judiciales- es un hombre amable y cálido, al que le gusta el basketball, el boxeo y dedicar tiempo a su familia. 

En los juicios se convierte en una especie de “monstruo” difìcil de controvertir. Su inteligencia y capacidad argumentativa lo han llevado a ganar la mayoría de casos que pasan por sus manos. 

Por supuesto ha perdido algunos, pero asegura que la experiencia del fracaso, como en el caso de Aura María Velázquez, le ha dado fuerzas para entender que “no siempre en la vida se gana” y que ser abogado no es como una competencia deportiva, porque su deber es “luchar porque se haga justicia”. 

“Cada que defendemos a alguien lo tenemos que hacer con todo el entusiasmo y compromiso. Y claro que nos duele cuando hay una decisión injusta y peleamos para que eso cambie, nunca nos damos por vencidos”. 

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Su defensa más sonada hasta el momento es la del senador Álvaro Uribe a quien procesa la Corte Suprema de Justicia por presunta manipulación de testigos en medio de una mediática pelea contra el senador Iván Cepeda. 

También representa a Santiago Uribe, hermano del expresidente Uribe, quien está acusado de homicidio y conformación de grupos paramilitares en el departamento de Antioquia; caso que ha requerido más de diez años de trabajo. 

“Cada caso tiene una particularidad especial. Respecto al del expresidente Uribe lo único que voy a decir es que he sentido un enorme apoyo de muchas personas. Algunas se acercan a mí y confiesan que rezan porque él salga pronto de esos líos”, contó.

De igual forma ha estado al frente de casos que han llamado la atención de la opinión pública. Entre ellos, el de Óscar Iván Zuluaga por el “Hacker”, el de Laura Moreno por la muerte del joven Luis Andrés Colmenares y, actualmente, el del excomandante del Ejército Nicacio Martínez por las supuestas chuzadas ilegales a magistrados, políticos de oposición y periodistas. 

Granados asegura que asume un proceso sin prejuzgar a sus clientes, para él todos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. 

“Afortunadamente nosotros podemos escoger los casos y yo los escojo porque creo que hay un elemento de justicia. Yo no soy juez. Mi deber es defender a las personas. Darles voz para que sean escuchados. Son los otros los que deben administrar justicia”, indicó. 

Considera que en Colombia hace falta una reforma que cambie por completo el sistema, que lo descongestione y evite la impunidad. Aunque sabe que es una propuesta que genera división, se lanza al agua y dice que la salida es una constituyente, que permita desarrollar el país. 

Este hombre de 59 años de edad sabe que le quedan muchos caminos por recorrer, víctimas que defender y procesos que ganar. En esta entrevista confesó que no ha pensado si le gustaría terminar su carrera profesional como magistrado de alguna alta corte o fiscal general, de lo que sí tiene certeza es que quiere morir haciendo lo que más le gusta: ejercer el derecho penal y seguir siendo un abogado exitoso e imbatible. 

Historia escrita por: Gabriela García Aguilar