Laura Gil recuperó sus mañanas

2 de octubre del 2013

La analista dice que Colombia es el lugar para vivir, aunque su clase alta sea indolente y el desarrollo del 90% de las noticias sea mediocre.

Laura Gil, Periodista, Kienyke

Laura Gil recuperó sus mañanas. Recuperó los desayunos con su marido y su hijo de nueve años que nació en Bogotá. Como buena uruguaya es una mujer de familia. A esta mujer que se mueve por su sala como en cámara lenta, lo que le mueve el piso es su familia.

Diez años se demoró buscando un embarazo. Tenía una endometriosis aguda. En el tercer mes de gestación tuvo un problema muy serio que puso ambas vidas en peligro. A los 15 años supo que de lo único que Simone de Beauvoir se arrepintió en la vida fue de no haber tenido hijos. La idea se instaló en su cabeza y sin duda habrá sido gasolina para el motor que impulsó su persistencia, su terquedad y su tenacidad.

Cuando comenzó los tratamientos para la infertilidad, que le causó su enfermedad, observaba a las otras mujeres que aguardaban su turno en la sala de espera del consultorio médico. En si misma no encontraba la ansiedad, mezcla del dolor y el desespero, por no poder tener un hijo natural. No se sentía deprimida por eso. Con el nacimiento de Juan Sebastián se dio cuenta de lo que se había perdido. Y así, su hijo le organizó y le dio prioridades a su vida.

Que acaba de tener unas semanas duras no es secreto para nadie. El contexto que permeó su salida de Blu Radio emblandecería a la Dama de Hierro. Pero Laura Gil sabe para qué es buena y considera que el tema ya pasó de moda. Ya no le interesa hablar de eso. Está tranquila, increíblemente relajada. Habla con calma y con un volumen que hace que me pregunte si mi grabadora captará todo lo que dice. Y sin embargo esta parsimonia contrasta con una mujer muy inquieta que no deja de moverse y reacomodarse en el sofá. Dobla una pierna debajo de la otra y luego estira ambas. Se quita un par de tacones de piel de culebra. Se coge el pelo con ambas manos y luego lo deja caer sobre sus hombros. Se para, camina en cámara lenta y prende la luz. Y sus ojos. En su cara reinan unos ojos grandes que bailan entre el marrón y el negro, rodeados de párpados oscuros y ojeras que imagino la harán recordar a su abuela libanesa.

Laura Gil, Periodista, Kienyke

 Laura Gil dejó de ser uruguaya para convertirse en una ciudadana del mundo.

De la uruguaya que hay en ella solo queda el gusto por la buena carne y los asados, y su pasión por la Celeste. Un uruguayo puede ser vegetariano, pero al que no le guste el futbol es una anomalía. Y como lo hacen los porteños, los uruguayos son muy expresivos, casi teatrales al hablar. Apasionados. A veces Laura sube la voz y su marido se ofusca por asumir que está peleando. Pero Laura no pelea. A sus 47 años, y habiendo salido de Uruguay cuando tenía 15, es una de esas personas de quienes otros menos mundanos se burlan porque se consideran “ciudadanos del mundo”. Además de su abuela libanesa, Laura tuvo un abuelo italiano y otro español y una abuela uruguaya. Estudió en colegios franceses, aprendió griego antiguo y alemán, hizo el pregrado y el postgrado en EE.UU., vivió unos años en Haití y se casó con un colombiano. Y Fue aquí, donde vive hace 22 años, que aprendió a ser feliz.

–Yo aprendí a disfrutar la vida cuando llegué a Colombia. Tenía 27 años. El país de mis afectos es acá. Aquí hay una alegría que no se ve en Uruguay. Esa es una cultura más bien triste de colores oscuros y conservadores. Aquí descubrí un mundo nuevo.

Laura Gil se define como una mujer solitaria, de pocos amigos. El colegio en el que estudió tenía la particularidad de contar con un cuerpo de estudiantes formado por hijos de personas que trabajaban con embajadas, bancos y organismos internacionales, por lo que iban y venían y así no es fácil hacer amigos. La acompañaban los libros. Iba al colegio en bicicleta, y todos los martes –religiosamente- la recogía su papá para que almorzaran juntos, él trabajaba en el Fondo Monetario Internacional y tenía poco tiempo para compartir con ella. Cuenta que fue una adolescente tímida, insegura y solitaria. No tuvo una adolescencia feliz. Parte de su sufrimiento fue porque era una niña gordita, en una cultura donde reinan las flacas. En Colombia, donde el ritmo lo marcan las curvas, no podría haberse sentido incómoda.

¿Qué es lo que menos te gusta de vivir en Colombia?

–La aristocracia colombiana. No logro acostumbrarme a muchas cosas, como que a la empleada del servicio no la dejen subir por el ascensor principal del edificio. Siento que vivo en la Edad Media. Eso es crueldad, eso es humillante. Es una desigualdad que se palpa y se vive en todo. Es una clase alta sin sentimiento de culpa.  En eso yo sí creo que Mujica no es excepcional, porque Mujica representa, en gran parte, una sencillez que hay allá y uno no ve acá.

¿Cómo le iría a Mujica gobernando Colombia?

–Es imposible un Mujica aquí.

¿Cuál es la magia de Mujica?

–La magia de Mujica es que es un hombre sencillo que tiene una visión de la vida… yo siempre digo: “Pepe Mujica no fue a la universidad y nos dio la legalización de la marihuana. Pepe Mujica no fue a la universidad y nos dio el aborto. Pepe Mujica no fue a la universidad y nos dio el matrimonio igualitario”. Pepe Mujica tiene un sentido de la vida, y eso no hay estudio que lo dé. Una visión de la vida y del mundo no hay estudio que lo dé. Uno lo tiene o no lo tiene. Y Mujica, para mí, es un hombre capaz de confrontar el pasado. Eso hace de Mujica una fórmula mágica.

Laura Gil, Periodista, Kienyke

Su casa, como las típicas casas uruguayas, está llena de antigüedades.

¿Cuál es la diferencia en la forma en que Mujica vive su pasado guerrillero, comparándolo con como lo hace Gustavo Petro?

–Yo creo que Petro ha hecho un compromiso con la paz que es evidente. Pero Mujica es capaz de hablar, creo yo, con mucha más claridad. Es capaz de decir que se equivocó, y yo eso no se lo escucho a muchos acá. Yo le escuché decir a Mujica, en una cena muy pequeña: “Me equivoqué, me equivoqué. Eran los tiempos, pero me equivoqué. No se le recomendaría a nadie nunca más. No hay escenario que justifique tomar las armas”. Yo se lo escuché. Me acuerdo que en esa cena dijo así: “Diego Maradona tiene un don. Nosotros somos Forlán, somos el fruto del trabajo. Nos equivocamos y nos hemos equivocado muchísimo. Pero nadie nos podrá decir que lo hicimos a propósito y que no estamos dispuestos a ratificar”. En Uruguay la gente se vive quejando, pero yo no capto por qué está tan infeliz. Han avanzado un montón en términos de tolerancia, discusiones, defensa de derechos. El gran drama es que Mujica no paga los impuestos de su Volkswagen. Ese es el gran escándalo de corrupción.

–¿Cómo arreglamos Colombia?

Somos el único conflicto que queda en esta región. Para empezar debemos aprender a respetar la vida. Este conflicto se tiene que solucionar. Yo creo que la palabra es importante, las palabras importan. Tenemos que evitar la violencia en las palabras. Somos una sociedad intolerante y tenemos que empezar por controlar las palabras.

¿Qué le hace falta al periodismo en Colombia?

–Independencia.

¿Crees que hay machismo en el periodismo colombiano?

–Hay machismo en toda la sociedad colombiana y el periodismo no escapa a eso.

¿Cuál es la historia periodística más importante de los últimos años en Colombia?

–Los falsos positivos…

¿Qué noticia consideras que se desarrolló mediocremente?

–Ay, Virginia… el 90% de las noticias son desarrolladas mediocremente. Mira no más la pobreza del cubrimiento de una cosa como La Haya.

Laura Gil, Periodista, Kienyke

Y Laura nos advierte: su perro parece muy simpático, pero muerde. 

¿A qué periodista colombiano admiras?

–A Daniel Coronell. Y respeto mucho a esos periodistas chiquitos que son los que realmente le hacen la noticia a los grandes periodistas. Esos que ganan dos millones y traen las cosas para que después las usen los grandes. Esos son los verdaderos héroes del periodismo aquí en Colombia.

¿Qué consideras que sería información demasiado peligrosa para publicar?

–Yo no creo en fórmulas generales. Creo que hay que pensarlo en casos específicos, pero en principio, yo diría que algo que ponga en riesgo la vida de alguien. Hay que pensarlo bien. No necesariamente no publicar, pero pensarlo bien.

¿Consideras que el periodismo ha mejorado, o se ha prostituido con las redes sociales y tantos blogs?

–Eso ayuda mucho. Es verdad que no todo el mundo utiliza la inmediatez del blog que convierte a todo ciudadano en un potencial periodista. Eso no garantiza estándares éticos, pero sí creo que es absolutamente necesario para empujar a los periodistas a una reflexión. Hoy en día el periodismo es mucho más el análisis y el contar el cómo de la noticia, que contar la noticia, la misma chiva.

¿Se murió la chiva?

–No se murió, va en camino. Y es por eso que es importante que los periodistas sean mucho más formados de lo que son. Y por eso hay tanto analista en el periodista colombiano, hay un llamado a los analistas a vincularse.

–¿Por qué quedarse en Colombia, si el mundo es tan grande?

Yo siento que no me he cerrado al mundo, al contrario. Todo lo que yo hago en medios, universidades y mi trabajo con víctimas, es traer un poco el mundo aquí. Pensar un poco Colombia en el mundo y el mundo en Colombia. Ese es mi granito de arena para la internacionalización de Colombia. Yo no siento que necesito salir, al contrario, que lo puedo hacer aquí.

La entrevista llegará a su fin de manera abrupta cuando Juan Sebastián entre a la sala, patinando con sus medias sobre el piso de madera, como un bólido hacia su mamá. Ya terminó de escribir el poema y ahora necesita ayuda con el resto de su tarea. Será imposible convencerlo de que estamos ocupadas hablando de cosas de adultos y en su batalla el niño se meterá debajo del sofá sobre el cual está sentada Laura, simulando un lloriqueo ridículo que nos hará reír y entender que sí, que ahora hay que hacer la tarea.

Laura Gil tiene muy claras sus prioridades.

@Virginia_Mayer

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