Al son que me toquen

18 de febrero del 2011

Hablando de los aires vallenatos hoy llegamos a otro que, como la puya, está amenazado desde hace varias décadas,  y si no fuera por los festivales, tal vez las últimas generaciones no lo hubieran conocido.

Es el son, el más triste y melancólico de los cuatro aires vallenatos. Su nombre está asociado a muchísimos ritmos que se cultivan en la cuenca del Caribe, por lo que tiene homólogos en Puerto Rico, Guatemala, México, Nicaragua y quizá el más famoso de todos, el son cubano.

Con la expresión “tóqueme un son” en las postrimerías del siglo XIX y primera mitad del XX, se pedía la interpretación de cualquier ritmo musical. El Maestro Ciro Quiroz Otero dice que “el son parece el antecesor del paseo, sus notas son alargadas y definidas y menos estridentes que en el paseo”.

Sin duda este aire se encuentra en vía de extinción porque la comercialización le ha declarado la guerra y porque se han impuesto los ritmos alegres; pero especialmente el paseo, su descendiente, lo ha ido desplazando, a mi manera de ver también porque su exigencia en la digitación de los bajos le genera mayores compromisos al interprete.

Para nadie es un secreto que en un concurso vallenato el jurado centra su atención de manera especial en la puya y en el son; acordeonero que maneje estos dos aires tiene las mayores posibilidades de éxito, pero para tocar bien el son su mano izquierda debe tener una especial destreza, porque aquí los bajos prevalecen sobre los pitos.

Entre los sones más famosos se encuentran muchos con nombres de mujer: (Alicia Adorada,  María Jesús, Cata, Fidelina) lo cual confirma que sus letras comúnmente son narrativas nostálgicas o lamentos de la desventura amorosa.

En el concurso de Canción Inédita del Festival de la Leyenda Vallenata el único son que ha logrado coronarse Rey compitiendo entre todos los aires fue “Un Soncito Tolimense” (2003) de Marta Esther Guerra Muñoz, que dice:

Este son, este son, este son es tolimense,
nació allá en los cafetales
yo he venido a cantárselo al valle
les traigo un mensaje ibaguereño
el folclor de este pueblo es tan bello
que ha impregnado toda la nación,
No se extrañe, amigo no se extrañe
si de pronto aparece un llanero
baje el arpa y se quite el sombrero y nos
cante un merengue o un son.

Durante los años 1998 y 1999 la organización del Festival experimentó en el concurso de la Canción Inédita un sistema en el que cada aire competía independiente y se elegía un ganador por ritmo, en esa oportunidad los Reyes del Son fueron: Ramiro Garrido con “Yo soy el Son” (1998) y Félix Carrillo Hinojosa con “Mi pobre Acordeón” (1999).

Los más destacados intérpretes de este aire sin duda han sido: Juancho Polo Valencia, Alejandro Durán, Pacho Rada y su hijo Alberto.

A Pacho Rada le llamaron El Rey del Son y compuso dos que son infaltables en los concursos: “El tigre de la montaña” y “Abrahan con la botella”.  Como lo hemos hecho con los demás aires, recordemos algunos versos de los sones más exitosos:

Voy a cogé mi acordeón
Pa’ que escuches mi rutina
Y voy a hacer este son
Es  pa’ que tu te diviertas Fidelina

Como Dios en la Tierra no tiene amigos
Como uno no tiene amigos anda en el aire
Tanto le pido y le pido ay hombe
Siempre me manda mis males

Ay  hombe  por la Santísima Cruz
Ay hombe  yo no tengo quien me quiera
Ay  se me fue María Jesús
Ay  se me fue mi compañera

Mi alma tiene un  dolor
Dime Cata si me quieres
Hombe estas son cosas del amor
Enguayabador de las mujeres

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