Causas de muerte

18 de mayo del 2011

En diciembre de 2010 falleció Enrique Morente, un gran cantaor flamenco, premio Nacional de Música de España y quien iba a recibir en esos días la Legión de Honor francesa.  Como músico fue excelente, buscando la fusión de la música andaluza, africana y americana en alguna de sus producciones.  Pero su nombre ha permanecido tras su fallecimiento en la frívola prensa rosa española pues la familia inició una estridente acción legal contra los médicos tratantes debido a la causa de su muerte.

En estos días sus allegados y parientes han vuelto a declarar a la prensa que Enrique “murió desangrado” con una “parada cardíaca”, añadiendo que la autopsia no encuentra “ni una sola célula maligna, tumor o metástasis” (Europa Press, 5 de mayo de 2011).

Como médico puedo entender la espinosa situación de los cirujanos y patólogos españoles involucrados pues es bien difícil explicar la causa de muerte a los familiares del paciente.  Más en este caso particular en un ambiente de farándula, imaginación desbordada y algo de duende andaluz.  Como nos ocurre a los médicos colombianos cuando damos nuestras pobres explicaciones científicas a pacientes inmersos en la admirable y resiliente cultura afroamericana de la costa pacífica.  Recuerdo muchas de sus sonrisas y silencios.

Para redondear la  historia de Morente, lo había operado en Madrid un prestigioso cirujano, premio Príncipe de Asturias, quien encontró un carcinoma de 4.5 centímetros de diámetro en el tercio medio del esófago.  Dos días después sangró, como es frecuente en estos casos, y hubo que intervenirlo nuevamente sufriendo en la cirugía un paro cardiorrespiratorio con isquemia cerebral severa.  De ahí pasó a la unidad de cuidado intensivo donde murió una semana después por falla orgánica multistémica.

Un lector con cierta educación médica puede entender y aceptar esta secuencia de acontecimientos desafortunados.  La familia de Morente aduce que en el informe de la autopsia no dice “nada parecido o semejante a cáncer de esófago”.  Entonces murió de cáncer de esófago, pero sin cáncer de esófago en la autopsia.

Toda muerte de un ser humano es un misterio y siempre algo difícil de explicar.  Galeno hace 1.800 años no gustaba de hacer autopsias porque pensaba que el cadáver era esencialmente distinto al organismo vivo.  Ya no somos tan vitalistas como Galeno pero nuestro positivismo biológico no puede siempre demostrar en la autopsia todas las causas y procesos que llevan a la muerte.

Claro que debemos ser fieles a nuestra limitada aunque útil (eso esperamos) visión biológica y decir como Bichat en el siglo XIX: ¡Abrid un cadáver y se os hará la luz!  Sobretodo teniendo en cuenta, según una revisión inglesa de hace pocos años, que una tercera parte de los certificados de defunción pueden tener errores y la mitad de las autopsias revelan hallazgos inesperados, importantes o no.

Pero explicar los hallazgos de autopsia a los allegados al paciente nunca es fácil.  Recomiendo a mis estudiantes separar las causas de muerte en inmediatas o cercanas (paro cardiorrespiratorio, choque hemorrágico, choque séptico, suicidio, etc.) y mediatas o lejanas (aterosclerosis, enfermedad  hipertensiva, genética, cáncer, estilo de vida, factores sicológicos,  etc.).  Casi nunca hay una sola causa que lo explique todo considerando que la mayoría de las enfermedades son multifactoriales.

También recomiendo centrarse en el cómo se produjo la muerte y no tanto en el por qué.  Pues en la muerte hay siempre porqués que no se entienden y a veces destruyen.

Estas son sencillas sugerencias para médicos jóvenes que van a ejercer su oficio en situaciones sociales y culturales complejas. Luego la experiencia le va enseñando a uno cuando echar un brazo a los hombros o relatar un recuerdo del difunto, cuando sonreír, cuando callar y, a veces, cuando llorar.  Pero siempre es difícil.

Leo en El País de Cali que esta semana se metió una pandilla de quince o veinte jóvenes al Hospital San Juan de Dios para protestar por la atención dada a uno de sus amigos que en ese momento era operado en la institución.  Produjeron disturbios apreciables, daños materiales e interrupción en el cuidado médico de otros pacientes.  El amigo de marras murió en el quirófano y hubo que llamar a la Policía.  Leo también que varios médicos de los servicios de urgencias del puerto de Buenaventura han sido amenazados por familiares y conocidos de pacientes.  Parece ser que al menos uno de los médicos rurales allí adscritos ha renunciado por esa razón.

La muerte de un paciente a su cargo es la experiencia más dura que puede enfrentar un médico.  Quien no lo haya vivido difícilmente puede llamarse médico.  El peso de la culpa, justificada o no, es atroz.   Entender y explicar las causas de muerte es difícil pero necesario pues es parte de nuestro oficio y servicio a la humanidad.

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