Confesiones de una internauta

10 de junio del 2011

Advertencia: A pesar de la solicitud de esta revista de no sobrepasar cierto límite de caracteres, y de la sugerencia familiar de acortar mis escritos, basados ambos en los supuestos de que la gente no tiene tiempo para concentrarse en una sola cosa, que no hay interés por seguir argumentaciones largas, que resulta más interesante mirar noticias cortas y enterarse de los demás mediante redes sociales… Argumentos válidos, pero que yo hoy desobedezco. No por capricho, sino como ejercicio. Agradezco la paciencia a quien se zambulla en este mar de palabras.

El verdadero misterio del mundo está en lo visible, no en lo invisible“. Oscar Wilde

Igual que un fanático de Twitter, de cuyo nombre no me quiero acordar, hoy me encuentro en “una encrucijada del alma”. Me publican en un medio digital, difundo mis escritos en la Red (correos electrónicos, blog y “teléfono inteligente”), aprecio las ventajas de  todo esto, pero una parte de mí cuestiona el uso de Internet. No todo tiempo pasado fue mejor, ni todo lo nuevo es progreso. Las revoluciones son retos complejos para la humanidad, pues lo que de ellas resulta no es necesariamente bueno. Las nuevas herramientas, como en el pasado, producen cambios significativos en la cultura en todos los campos, incluyendo la construcción de valores y normas éticas, la manera de actuar. Principalmente en el pensamiento mismo y el modo como éste se produce. Las herramientas  se convierten en extensiones de nuestro cuerpo y como tales, van modificando nuestra estructura física y mental, el modo como el cerebro hace conexiones.

El cerebro adulto humano no es una estructura fija como se creía, sino que la plasticidad adjudicada sólo a la infancia y la adolescencia, sigue siendo una característica hasta la muerte. Esto significa que todas las conexiones neuronales gracias a las cuales podemos aprender, percibir, sentir, oír, movernos, recordar, pensar, pueden cambiar. Y las herramientas que usamos para realizar nuestras acciones pueden influir en dichos cambios, que pueden no ser los deseables.

Las grandes Corporaciones como Google Inc., Microsoft, Facebook, Amazon, Apple basan su subsistencia en el mayor número de click posibles sobre los links que publican, su diseño responde a la estrategia bien planeada para que el internauta responda al impulso de ir de un lado a otro… hasta que se pierde! De ventana en ventana olvida qué era lo que estaba buscando o la calidad esperada. Los dueños de los web sites sí encuentran lo que buscaban: más pinchazos, más ganancias. Dirigir nuestra búsqueda hacia datos clasificados por programadores, de acuerdo con sus criterios. Como en los “ofertazos”, cuando todo es gratis o casi, consumimos lo que no necesitamos y no obtenemos lo que precisamos. Hacer click de un lado a otro permite que no nos quedemos mucho tiempo en una página, sino que migremos a otras para optimizar sus recursos e ingresos. No exigen mentes estructuradas para decidir lo que toman o dejan. No piden concentración para leer textos largos, sino que nos regalan vistazos superficiales, nos gratifican con “píldoras de sabiduría instantánea”.

La Red exige nuestra atención más que otros medios. Atrapa nuestra mente, seduce nuestra atención para luego dispersarla. Distraerse no es malo, en ocasiones resulta necesario, si lo hacemos de modo consciente. Pero es la Red la que corta la concentración, impide el pensamiento profundo o creativo. Nuestros pensamientos fluyen continuamente, van de un lado a otro, asocia, en un flujo natural. El pensamiento lineal no es natural en el ser humano, la lógica es una disciplina desarrollada para ayudar al hombre organizar su proceso de raciocinio. Porque si necesitamos resolver un problema complejo o ser creativos, debemos enfocarnos en un tema, ordenar las ideas, sintetizar, hacer inferencias, relacionar conocimientos previos, memorizar, recordar y priorizar. No saltar de un lado a otro, como en el hipertexto y en la web. La desorientación por sobrecarga interfiere las actividades cognitivas de lectura y comprensión. Leer a saltos lleva a hilar y sacar conclusiones apresuradas, a veces equivocadas.

(¿Necesita contestar el celular mientras lee esto? Conteste, puede ser urgente!)

A los buscadores no les interesa que uno encuentre lo correcto, no conocen contenidos, sólo archivan algorítmicamente en una máquina todo lo que encuentran en el ciber-espacio, aún la basura, que no clasifican. Y, como quien escarba en la basura, nos dan cualquier cosa. La organizan unos programadores entrenados por los directivos, con criterios como lo más visitado, lo más reciente, lo más popular. De este modo se puede perder la erudición y la sabiduría acumulada del pasado. Y aumenta la probabilidad de que la mayoría siga la opinión dominante, limitando los horizontes, nuestra posibilidad de establecer comparaciones entre diferentes puntos de vista. Conlleva el riesgo de uniformidad de pensamiento.

Al navegar en la Red en busca de información, nos ofrece inmediatamente contenidos relacionados, de naturaleza similar al primer resultado de la búsqueda. Esto crea la falsa ilusión de estar ante un inmenso mar de posibilidades para escoger, pero lo que en realidad significa es que limita aún más nuestra capacidad de considerar otras alternativas. Disponer de dos millones de entradas basadas en los mismos parámetros sólo refuerza una misma mirada, refuerza la idea previa a la consulta y puede conducir a la polarización. Más, cuando no estamos dispuestos a mirar los dos millones de links! Nos quedamos con los de la primera píagina del buscador, en el caso de que aún esa ventana siga abierta sobre nuestra pantalla después de haber pinchado varias veces. A ellos les interesa que uno haga click en los sitios web tantas veces como sea posible, así colocarlos en los primeros lugares y generar ingresos por publicidad. Inclusive hay compañías especializadas en asesorar propietarios de web sites para conseguir posicionarse en la primera página. “Google se dedica a convertir nuestra distracción en dinero”, afirma Nicholas Carr.

Dicen que el S. XX fue la Era de la Información y que el XXI será la Era del Conocimiento. Pero ya no vamos a las fuentes primarias, con los esfuerzos formativos que ello implica, para encontrar información y aprender o formarnos una opinión: nos contentamos con contenidos filtrados en un procesador. Aunque pueda ser falsa, incorrecta, manipulada, obsoleta o irrelevante. Googliamos y eso nos deja contentos. Fácil, gratis, rápido y sin movernos. Les creemos con fe de carbonero. Confiamos en lo que estos intermediarios para la comprensión del mundo, a costa de aplanar nuestra capacidad intelectual, de convertir nuestro cerebro en inteligencia artificial. Porque aún lo gratis tiene un precio.

(¿Se cansó de leer en la pantalla? Asómese a la ventana, puede estar bonito afuera)

La vivencia presencial es muy valiosa en la madurez intelectual, emocional y de comportamiento social. El uso de Internet y sus aplicaciones son actividades en solitario que trasmiten contenidos, información codificada, pero sin experiencias. Un viajero puede conocer mucho un lugar a través de mapas, fotografías y lecturas, pero nada reemplaza la vivencia de estar parado dentro de la Catedral de Notre Dame, por ejemplo. La experiencia real de estar físicamente en el sitio es diametralmente diferente. Y si la experiencia es compartida con otras personas afines, en intercambio, la exposición a otros modos de pensar y ver las cosas, en diálogo armonioso, más enriquecedora aún. Son las interacciones físicas como experiencias sensoriales con personas, con lugares, con objetos, las que transmiten experiencias, encuentros vivenciales que producen relaciones afectivas significativas, comprensión profunda, huella en la memoria. Generan hondas impresiones a través del tacto, la vista, el olor, los sentimientos. Así como interacciones dialógicas que trascienden más allá del individuo. Allí es donde la ética y la estética convergen para la construcción y apropiación de horizontes compartidos del bien común.

Los cambios producidos en las costumbres por nuevas tecnologías no llevan necesariamente a una mejora en el comportamiento de las personas. De acuerdo con estudios realizados por la OMS, las enfermedades mentales más discapacitantes se presentan entre los jóvenes, hasta el punto de considerarlo casi una epidemia. Unos de los efectos detectados por el constante uso de la Red son el refuerzo de conductas adictivas, la depresión y la liberación de impulsos violentos, por la alineación y el aislamiento que afectan a las personas propensas a padecer afecciones mentales. No es que Internet sea la causa de estas, pero puede actuar como una nueva droga adictiva para corazones solitarios.

Hasta no hace mucho tiempo, las familias y amigos nos reuníamos en grupos con para ver televisión, mirar álbumes de fotos, compartir experiencias de viajes, ir a cine y a eventos culturales. Lo paradógico de la Red, a través de los computadores personales, los celulares inteligentes, las tabletas, es que mientras es un medio rico en proveer información, entretenimiento y connexión inmediata con los demás, lo hace propiciando disfrutar todo esto en completo aislamiento, disociados de los demás, aún estando en compañía.

(¿Le llegó un Twit o un mensaje de texto? Tranquilo, mírelo y conteste)

En las redes sociales mentimos tanto como en la vida real, pero sin signos ni gestos visibles que nos delaten; somos selectivos con la información que publicamos, nos esmeramos por parecer mejores de lo que somos. Aunque hay ingenuos que van contándolo todo y exhibiéndose sin pudor alguno, haciéndose vulnerables para los malintencionados. Propicia relaciones afectivas ilusorias, muchas veces creaciones mentales sin fundamento. Las redes sociales crean una ilusión de conversación. Pero la realidad es que el monólogo predomina. Miles de personas hablando solas, sordos a lo que otros dicen. La comunicación es tan inmediata que no da tiempo a respuestas pensadas, a diálogos pertinentes, sino más bien a reacciones impulsivas sin reflexión. Un mensaje de texto, por gracioso que sea, no permite dejar ver nuestra sonrisa, ni percibir el efecto que ha producido en el destinatario. Caritas felices pre-diseñadas digitalmente son lo más cercano a esta expresión humana por excelencia.

¿Sabían ustedes que estudios especializados en comunicación han llegado a la conclusión de que por cada invitación a un evento entregada de modo físico (tarjeta,  contacto verbal presencial, llamada por teléfono) se requieren al menos diez invitaciones virtuales (correo electrónico, Facebook, Twiter), más un refuerzo de llamada directa? ¿Y que por cada 120 contactos que alguien tenga en Facebook los hombres sólo interactúan regularmente con siete y las mujeres con diez? ¿Y que  el mismo Facebook considera que más de 5.000 es imposible, sigue el abismo, la nada? ¿Que en Twiter, si usted tiene 1.000 seguidores, sólo mantiene comunicación regular con treinta? Quien se cree el cuento tener un millón de amigos, o es un cantante sesentero soñador que “quiere mirar los campos”  y “tener un coro de pajaritos”, o un solitario emocional, o un patético megalómano.

La realidad es que los mortales no tenemos más de treinta amigos de verdad, aparte de nuestro círculo familiar, quince de ellos más o menos cercanos, con los cuales a veces pasan meses sin encuentro personal? No son más de cinco 5 esos amigos a los que acudiríamos en una emergencia. Los demás son conocidos, colegas, vecinos, profesores o alumnos, compañeros de diversiones o de intereses, proveedores o clientes, cualquier relación ocasional y limitada, pero no propiamente amigos.

(¿Se acordó de algo que vió en la revista antes de ponerse a leer esto y quiere mirarlo? Se puede estar perdiendo de algo…)

Si la canción de Lavoe se volviera a escribir, ya el periódico de ayer no serviría para describir lo efímero, lo obsoleto o lo inservible: tendría que usar el Twit o el “muro” de Facebook. Quienes nacimos en una cultura análoga leíamos la prensa escrita para enterarnos de lo que pasa en el mundo y en nuestro vecindario. Los obituarios y los anuncios de matrimonios. Los eventos sociales y culturales. En la era digital ya ni sabemos cuándo son los entierros de los conocidos. Cuando miramos la primera página de un periódico ya conocemos la noticia del titular, son cosa del pasado al momento de llegar a nuestras manos. Al ser conscientes de ello, los diarios de hoy parecen más un listado de links, que al estar impresos sobre papel no sirven para nada. No hay creatividad para diversificar contenidos, profundizar en temas diferentes, mostrar puntos de vista diferentes, alentar la lectura sobre papel. Cayeron en una trampa de la cual no saben cómo salir, resignados a la homogenezación de los medios.

Corporaciones como Google, que tiene la base de datos más grande del planeta, lo saben todo sobre nosotros. Una base de datos global que les permite crear perfiles sicológicos, detectar patrones de comportamiento. Quieren saber quiénes somos, cómo pensamos, las conexiones que hacemos. No importa que no llenemos formularios, con lo que les damos en nuestra nuestra actividad en la Red es suficiente. Eso es lo que las hace valiosas como empresas exitosas que se cotizan a precios exhorbitantes, y es la razón por la cual entre ellas se pelean por el primer lugar, no propiamente por darnos democráticamente lo mejor del conocimento para que escojamos con libertad. En la web lo que importa no es cómo nosotros los encontramos a ellos, sino cómo ellos nos encuentran a nosotros. No creo en teorías conspirativas, es sabido que ninguna de las invenciones tecnológicas han nacido con el propósito previo de influenciar, modificar o manipular comportamientos humanos, para bien o para mal. Ni sus mismos creadores sabían de antemano los efectos que sus descubrimientos iban a tener, recordemos el caso de la dinamita y la bomba atómica, la imprenta y la perspectiva. Lo que propongo es pensar y analizar las actividades de estas empresas, en apariencia filantrópicas, y las repercusiones que el modo como ellos y nosotros las utilizamos.

Internet y sus ilimitadas aplicaciones llegaron para quedarse. Sus consecuencias en el comportamiento humano están por verse. Pasarán generaciones para determinarlas, y que las “encrucijadas del alma” sean resueltas. El paso de la oralidad a la escritura, la pólvora, la cartografía, el telescopio, la imprenta, el reloj, la máquina industrial, la dinamita, las armas biológicas, trajeron consigo revoluciones impensadas para sus creadores y sus contemporáneos. Tal vez algún día la humanidad decida, como hoy en Francia y otros países con la energía nuclear, que es mejor renunciar a la Red para ciertos usos, regularla a favor de minimizar sus peligros. O tal vez los hombres la lleguemos a adorar como el nuevo dios: omnisapiente, omnipresente, todopoderosa y eterna, controladora de nuestros designios y cuyas intenciones no conocemos. Los programadores serían sus sacerdotes y las grandes Corporaciones tecnológicas, sus templos, oráculos poseedores de la verdad.

Sin embargo, sería estúpido desestimar las enormes ventajas de la Red. Es indiscutible que ha enriquecido muchos aspectos de nuestras vidas, ofreciéndonos herramientas valiosas. Es deseable que sea tanta belleza sea cierta, y que los críticos de la Red que pregonan que nos estamos convirtiendo en autómatas que obedecen lo que los programadores deciden y necesitan, sean sólo alarmas injustificadas.

(Revise ahora su correo, puede ser que algo importante del trabajo le haya llegado)

Como indiscutible es la utilidad de motores de búsqueda, diccionarios y traductores en línea, almacenes virtuales, que nos ahorran tiempo, dinero y desplazamientos que antes hubieran sido enormes obstáculos para acceder a mucha información, bienes y servicios. El libro virtual es un complemento muy valioso, en él nos apropiamos de contenidos, sobre una pantalla que nos ahorra dinero, tiempo, nos facilita leer fragmentos, copiar citas y guardarlos sin necesidad de estanterías aparatosas. Pero quiero creer que por mucho pueda seguir teniendo la posibilidad de tener las experiencias sensoriales inimitables de salir de mi casa para ir a bibliotecas, almacenes, espectáculos, conferencias, exposiciones, librerías físicas, viajes,  alternando con personas de carne y hueso. O quedarme en casa ensimismada en el universo visual, olfativo, táctil, reflexivo de palabras impresas, que estará allí aunque se vaya la luz (cómo hubiéramos sobrevivido el apagón de Gaviria?) o se caiga la Red.

Pero sobre todo quiero poder tomar con autonomía, criterio propio y privacidad mis decisiones, usando mi capacidad de razonar y no que una máquina “inteligente”, programada por otros con sus parámetros me diga qué saber, que creer, con quien interactuar, donde estar y cuánto tiempo gastar en mis actividades personales. No quiero perder la conexión con el mundo de la vida, suprimir la dificultad como un valor intrínseco para la formación. Rechazo la inmediatez para conseguirlo todo (desde el dinero hasta la sabiduría). Le temo a la dispersiones que roban tiempo a lo importante, al aislamiento, la adicción vacía y la superficialidad.

En el pasado fui un buzo en un mar de palabras. Ahora me deslizo por la superficie como un tipo sobre una moto acuática.” Nicholas Carr

Nota: Si usted llegó hasta el final y no desfalleció en el intento, está a salvo de algunas de las negativas influencias de la Red. Pero no cante victoria todavía… Piense.

Aprender a pensar en realidad significa aprender a ejercer cierto control sobre cómo y qué pensar. Significa ser suficientemente consciente para elegir en qué prestar atención y cómo construir significado a partir de la experiencia.” David Foster Wallace

Recomendaciones:

¿Cansado de su Red Social? Web2.0 le ofrece una solución extrema: http://suicidemachine.org/

– Damon Horowitz (Filósofo consultor de Google) Calls for a “moral operating system, Conferencia en TED.com

– Evgeny Morozov (Ciencias políticas y sociales): “¿Es Internet lo que Orwell temía?”, Conferencia en TED.com. Autor de “The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom

– George B. Dyson, Darwin Among The Machines: The Evolution Of Global Intelligence

– Gonzalo Piñeros,Historias reales de redes virtuales, Grijalbo

– Manuel Castells, La era de la información: vol. 1 La sociedad red; vol. 2 El poder de la identidad; vol. 3 Fin de milenio”, Alianza Editorial

– Nicholas Carr,Qué está haciendo Internet con nuestras mentes, Taurus

(Si llegó hasta aquí y siente remordimiento por no haber ido al gimnasio, no se preocupe: ir a un gimnasio virtual adelgaza! )

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