Debatiendo hacia el cabildo

27 de agosto del 2011

El pasado 24 de agosto la Casa Editorial El Tiempo en asocio con el programa Concejo Cómo Vamos y la corporación OCASA, (esta última es una organización que tiene como misión crear espacios innovadores de participación que involucren a los jóvenes colombianos en la construcciones de una democracia transparente), convocó a los candidatos al Concejo […]

El pasado 24 de agosto la Casa Editorial El Tiempo en asocio con el programa Concejo Cómo Vamos y la corporación OCASA, (esta última es una organización que tiene como misión crear espacios innovadores de participación que involucren a los jóvenes colombianos en la construcciones de una democracia transparente), convocó a los candidatos al Concejo de Bogotá del Partido Liberal Colombiano para llevar a cabo un debate y oír las propuestas de los concejales en ciernes con miras al cabildo distrital.

Este ejercicio que además de ser muy positivo desde la perspectiva de la democracia participativa, me dejó en lo personal algunas preocupaciones y otras satisfacciones. Lo primero porque veo la falta de preparación y manejo político de algunos de mis copartidarios aspirantes a las curules de la corporación bogotana y lo segundo, porque creo que hay muchas cosas positivas para extraer de los desordenados conceptos que se tienen sobre la problemática ciudadana. Pero no me voy a enfocar en lo que no se tiene claro o debería tenerse; voy a esgrimir el resultado del interesante debate como consecuencia de las rondas de preguntas en lo que a mí respecta.

La mesa de trabajo se ocupó de las fórmulas para mejorar la calidad de vida de los jóvenes en Bogotá, en especial en lo relativo a seguridad, movilidad, educación y credibilidad en las instituciones y en la clase política. Lo anterior teniendo en cuenta que para 2010 había 1.665.890 jóvenes entre los 14 y los 26 años en la ciudad, que representaba el 22,62% de la población total.

Como el verdugo de los columnistas es el número limitado de caracteres me enfocaré en la inseguridad, ya que, mi programa está fundamentado básicamente en el rubro Seguridad que incluye los demás aspectos, pero dando mayor relevancia al restablecimiento de los derechos de las víctimas tanto activas como pasivas. La falta de oportunidades laborales, la conformación de pandillas, la violencia intrafamiliar y la drogadicción, han hecho que la localidad 19 (Ciudad Bolívar) se identifique como una de las más peligrosas de Bogotá y además la que registra uno de los índices más altos de violencia e inseguridad, lo cual eleva en gran proporción el número de víctimas en el D.C.

Soy un convencido de que en materia de seguridad, salud, educación y movilidad (puntos de mayor crisis), más que inventar y proponer medidas que casi nunca se cumplen, hay que usar lo que existe y no se aplica, aportando políticas ciudadanas innovadoras complementarias de la normatividad local que por mandato legal debe aplicarse y se omite descaradamente. Para nadie es un secreto que Bogotá es una ciudad que primero la “hicieron” y luego la han querido planear, lo que genera las nefastas consecuencias que hoy padecemos y esto sumado a la corrupción administrativa, da como resultado una ciudad sumergida en el caos. En materia de seguridad más que aumentar el pie de fuerza y los cuadrantes en las localidades (que es importante), creo que es importante implementar -como es mi propósito- un comando de seguridad inteligente, porque es evidente que es mucho mejor la prevención que el castigo; esto a la vez reduce el índice de víctimas porque desmantela bacrim, pandillas, GAML y en general la delincuencia ciudadana. De qué nos sirve tener miles de efectivos de la policía si no hay un cuerpo de inteligencia que se intercomunique con aquellos, trabajando conjuntamente y que con espacios para que las mismas víctimas que estén en el medio de la seguridad, hagan parte de él y coadyuven en la interceptación y desmantelamiento de las organizaciones criminales.

En movilidad es fundamental que en primera instancia terminemos las obras comenzadas que no solo generan colapso en el tráfico, sino que también ofrecen un ambiente propicio para la criminalidad. En Bogotá vamos a terminar la Carrera 10, la calle 13, la 26 y la 170, por mencionar las más sonadas, obras a media marcha que restringen el acceso a lo que se conoce como “Bogotá Región” que genera gran crecimiento para el Distrito, el país y el PIB nacional, pues las regiones aledañas a la capital son en gran medida, fuertes productores de bienes de consumo y de ciertos servicios, ya que muchos de los municipios de Cundinamarca no son más que los dormitorios de quienes trabajan y desarrollan su vida en Bogotá.

Los bogotanos cada vez confían menos en las instituciones, los gobernantes y en general en la clase política. Es evidente que el reto por recuperar esa credibilidad en quienes queremos hacer cosas buenas, limpias, sin chanchullos ni maquinaria, es grandísimo. Muchos dicen que no lo haría por nada del mundo. Yo asumí con entereza esta gran empresa de hacer política fresca y transparente. La corrupción para lograr llegar al Concejo de Bogotá es gigantesca y comienza con los famosos “líderes” de las localidades que manejan una verdadera mafia electoral; no son más que un cartel de compra de votos que a la postre ni se sabe si se obtienen. Es muy triste llegar a las localidades a una reunión política y sentir al tiempo con el abrazo la frase “¿me trajo los siete milloncitos mi doctor?”. Esto verdaderamente da asco. Lo primero que hay que hacer para recuperar la confianza del elector es erradicar estas bacrim electorales, de lo contrario seguiremos condenados a los resultados que hoy por hoy vemos, cuando hay más de diez órdenes de captura listas para ser ejecutadas para después de elecciones en contra de concejales actuales. La pregunta que surge es: ¿por qué esperar hasta ese momento; será que habrá una especial celebración del día de las brujas en el Concejo con esos personajetes expertos en el “tumbe”? Por otra parte, es importante resaltar que muchos Concejales, Representantes y Senadores no son realmente los autores de los proyectos presentados, sino sus asesores y asistentes. Esto es gravísimo porque se trata de la representación de sus electores en manos de quienes nos encarnan la calidad a la cual accedieron por el sagrado voto y además supone el desconocimiento en los debates y seguramente su mala deliberación y pésima votación. En síntesis, llegan a la corporación y se encargan de la figuración mediática hablando de los puntos sobre los cuales sus angustiados asesores, muchos de ellos estudiantes, han redactado el proyecto. Para esto hay que ejercer un control político muy riguroso y que a través de las rendiciones de cuentas quincenales se haga una veeduría ciudadana desde las mesas de gestores de políticas públicas, que exijan el cumplimiento de los programas prometidos a favor de la comunidad y que den cuenta de su efectiva ejecución. Da grima ver cómo las altas cortes que se supone son las más cumplidoras de la ley y así lo exigen a sus descendientes, se hagan los de las gafas desconociendo los tiempos dispuestos en la normatividad del caso, para dar respuesta a los accionantes. Yo me pregunto lo siguiente: ¿si la Corte Constitucional que es la gran dama de la justicia, los derechos fundamentales y los DD.HH. abiertamente viola los tiempos de respuesta sobre inconstitucionalidad, qué se puede esperar de las demás instituciones y cómo podemos pedirle al asociado que todavía crea?

Con hechos concretos, con promesas cumplibles como la de no más abuelitos haciendo fila desde las 4 am. en la UPA de Kennedy, le vamos a devolver la credibilidad y la confianza al elector que hoy esta desesperado y exige funcionarios decentes y correctos que a veces se confunde con el vocablo corruptos.

Obras son amores y no buenas razones: pero obras terminadas y políticas fáciles de entender y vigilar, que no jueguen a confundir para robar al ciudadano y desangrar el erario.                

@arellanoL17

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