Democracia de opereta

21 de enero del 2011

Nunca pensé que la distancia de los dirigentes liberales con Álvaro Uribe fuera personal. Menos cuando buena parte de ellos militaron en el “uribismo” con provecho y fueron eficientes peones de la primera elección, de la tortuosa “yidisreforma” y de la primera reelección. Empezando por el actual Director del Partido y numerosos congresistas, y los expresidentes que quedaron mudos y expectantes mirando cómo se abría la rendija por donde podían alimentar sus eternos sueños de reelección.

Por mi parte nunca he sentido animadversión personal contra Uribe aunque sí profunda contradicción con su pensamiento y sus actos políticos que he controvertido sin guardarme agua en la boca y asumiendo con dignidad las consecuencias que trae el ser opositor. Recuerdo que siendo miembro de la Dirección Nacional Liberal le visitamos por protocolo a comienzos de su primer período y le dije delante de los codirectores poco convencidos que el liberalismo había perdido las elecciones y tenía el deber de reconstruirse en la oposición mientras él como ganador tenía el deber de gobernar con sus ideas y sus equipos humanos para responder al mandato de la ciudadanía. Cosa que hizo. En cambio el Partido Liberal se negó a rehacerse y desperdició ocho años lamiéndose las nostalgias y en la rutina del clientelismo.

Ahora resulta que se va Uribe con enorme respaldo popular y deja a su sucesor escogido a dedo y elegido con sus votos para que continúe el proyecto de “Seguridad Democrática” y liberales brincan como resortes a apoyarlo y meterse en la burocracia. Santos fue ministro de Uribe y como tal corresponsable de su política. Por qué los liberales hicieron oposición a veces rabiosa al gobierno del primero y ahora se cuelan en el del sucesor ¿Por animadversión a Uribe? ¿Amistad con Santos? ¿Es la política colombiana cosa de amigos? ¿De amigotes bogotanos o “bogotanizados” que aborrecen a los “paisas”? ¿Pleito racial? ¿Inquina? ¿Rosca?

Por lo que hace a Santos la voltereta devela la mala índole de su carácter. Carácter de traidor. Lo eligió Uribe con su obra y su visión de país pero gobierna con sus enemigos y con propuestas contrarias a las que expuso a los electores. Santos “pone conejo” a Uribe y al país. Peligroso, en la tradición violenta de Colombia cualquier loco se antoja de recuperar a balazos el poder que robaron al “uribismo”. Lo cierto es que al proyecto político de Alvaro Uribe le cortaron las alas sin derrotarlo en las urnas y eso es para decir lo menos perverso.

A Mockus también le hizo trampa Santos cuando utilizó para ganarle las ideas y la fuerza electoral de Uribe siendo que a la hora de gobernar no las tomaría en serio. Santos triunfó en las urnas con imágenes y promesas que desprecia de presidente. Si hubiera anunciado lo que está haciendo ni lo hubiera apoyado Uribe ni sería presidente. En el debate no se habría planteado la disyuntiva “Uribismo vs. Mockus” “continuidad vs cambio” sino “cambio vs cambio” y hubiera quedado al juicio de los ciudadanos determinar la hondura del cambio con el que estarían conformes y a cuál de los candidatos se lo encomendarían. Pero engañados les negaron el derecho a escoger sobre verdades para encerrarles entre verdades de un lado y mentiras del otro. Si bien para continuar la política de Uribe el creíble era Santos para cambiarla el confiable era Mockus. Al final del viaje el continuista resuelve usurpar los espacios del cambio para los que estaba más acondicionado su contrincante. Su conducta reafirma la irracionalidad del sistema político colombiano y lo poco confiable que es.

En cuanto a los liberales no puede ser más melancólico el suceso. Prefirieron colarse en solar ajeno a ser por cuenta propia reformadores de la política y de esta sociedad atravesada desde siempre por arbitrariedades desigualdad y miseria. Impotentes para ser alternativa de poder solo les alcanzaron los bríos para ser burocracia. Lástima porque el modelo “uribista” está como se percibe a punto de colapsar y el liberalismo debía sucederlo, no “uribistas” mutantes que echan con desenfado al tarro su antigua doctrina y tan flemáticos intentan sacudirse su antiguo jefe y benefactor. De no ser por Uribe ni Santos ni Vargas ni los demás socios en la escapada serían mayor cosa. El afán conque llevan sus ambiciones es señal de que no saben con quién se metieron.

Esta manguala de marrulleros sin compromisos populares ni liderazgo trepados en el gobierno crea el riesgo de que el poder no se dirima quien sabe hasta cuándo en competencia democrática entre opciones de vida y de país sino que pase de mano en mano entre burócratas al son de truculencias que confinarían a los colombianos en el actual modelo de sociedad malformada de violencias y abusada por minorías privilegiadas aunque asediadas de multitudes miserables. Lo que pretenden conformar con la Unidad Nacional es el “Partido Oficial” el antiguo “Partido Republicano” mediante el cual las roscas de familias presidenciales recatadas y de dedo parado con su claque de validos se turnen los honores y gajes del poder en elecciones seguras sin emular sin oposición sin untarse de pueblo, ensalzadas por coros de áulicos agraciados y agradecidos y por la derretida nobleza criolla… ¿Lo conseguirán?… Amanecerá y veremos…

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