Desordenada, descuadrada, desmadrada.

19 de noviembre del 2010

Bogotá, como toda aldea que termina convirtiéndose en metrópoli, sufría de un cierto grado de desorden. Esto hacia un poco incomoda la vida en ciertos aspectos pero al final terminaba por ser aceptable pues a su vez la naciente ciudad ofrecía algunas ventajas del desarrollo: mejores servicios públicos, mejores servicios médicos, mejores posibilidades de educación y una programación cultural mínima pero interesante además de otras novedades típicamente urbanas.

Con los años  y en gran parte debido a la emigración de masas campesinas en forma descontrolada, gracias a la violencia  absurda con la que hemos convivido por más de medio siglo, la ciudad comenzó a descuadernarse. Sí. Como esos libros que comienzan a ser imposibles de leer pues se desarman en nuestras manos creándonos una enorme confusión.

La ciudad se comenzó a regar por sus alrededores sin ton ni son. A expandirse sobre las tierras que de labranza; a invadir su futuro alimenticio con urbanizaciones piratas fomentadas por los mismos dueños de los predios rurales que veían en las invasiones una forma rápida y fácil de enriquecerse con la venta de unas tierras que, de lo contrario, había que trabajar con los riesgos de la agricultura tropical.

Pero a todo eso se sobrepuso Bogotá que siempre tuvo unas administraciones que sin ser óptimas ni maravillosas, sí obedecieron a un interés por la solución de los problemas y estuvieron inspiradas en el servicio público como resultado de ejercer la política.

Bogotá tuvo alcaldes como Gaitán,  Barco o como  Albán Holguín, que dejaron una obra importante para la ciudad y si no pudieron hacer mas fue por razones de verdad “ajenas a su voluntad”. Recientemente hombres como Peñalosa y  Mockus, también se han destacado en el servicio a la ciudad pero en apenas tres años que lleva en el poder  Samuel Moreno, se  ha perdido el progreso de un siglo.

Hablar de “viabilidad”, que es el nombre técnico que le dan al transporte, es un chiste flojo porque lo que existe es “inviabilidad” en todos los sentidos. Bogotá se volvió una ciudad no viable en el sentido amplio de la palabra. La ciudad, en manos de esta administración ha colapsado.

El cuentico tan manoseado de que están construyendo una ciudad con énfasis en lo social carece de fundamento pues un proyecto urbano que no sea integral, carece de sentido. Y si de tener en cuenta a las clases menos favorecidas se trata, vale la pena que se pongan a pensar en las horas interminables que los trabajadores de todas las actividades gastan para ir a sus trabajos y para regresar a sus hogares.

El Sr. Moreno y sus asesores, entre los cuales parece que su hermanito Iván está a la cabeza después de la ‘brillante’ experiencia que tuvo en la  alcaldía de Bucaramanga, han  convertido la ciudad en un caos, pero no es sólo por los escándalos  que están protagonizando.

Nadie obedece las señales de tráfico, aburridos tal vez de ver como los choferes de busetas y de taxis, hacen lo que les da la gana y les rebajan las multas. Cada vez se ven más autos en contravía,  pasándose los semáforos en rojo y a exceso de velocidad.

Lo que ya es el colmo es que los choferes del Transmilenio, que era el proyecto bandera, han resuelto no parar siempre en el sitio en el que les corresponde. Y hablando de Transmilenio, el sistema está al borde de colapsar pues a  las estaciones  en las horas pico  no se puede ni entrar ni salir  sin antes haber pasado por las manos de los ladrones que pululan en río revuelto.

Los servicios públicos hace mucho que dejaron de ser más o menos buenos para pasar a ser regularcitos. La ciudad no tiene policía ni seguridad alguna y los contratistas de obras públicas han resuelto terminar sus obras cuando les viene en gana.

Bogotá se salió de madre. Se desmadró y en lo que le queda a Moreno la cosa es susceptible de empeorar. Lo grave de todo esto es que no hay quien pueda tomar las riendas. Desgraciadamente el actual Alcalde ha perdido algo irreparable, pero indispensable para gobernar: la autoridad moral.

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