El pintor de arena

25 de agosto del 2011

Hoy jueves 25 de agosto se inaugura en el Museo De Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano la exposición La memoria de la superficie de Santiago Uribe-Holguín, que está cerca de la corriente Informalista española. El informalismo fue un movimiento de mucha repercusión en América Latina y, más allá de los fundamentos de […]

Hoy jueves 25 de agosto se inaugura en el Museo De Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano la exposición La memoria de la superficie de Santiago Uribe-Holguín, que está cerca de la corriente Informalista española. El informalismo fue un movimiento de mucha repercusión en América Latina y, más allá de los fundamentos de su propuesta, se puede decir que generó un interés por lo telúrico: una geografía profunda, un paisaje imposible de interpretar por su relación tan cercana al inconsciente. Un paisaje de texturas cerradas, territorio de los murales pompeyanos, de los quijotes de las novelas de caballería o de las formas abstractas que buscan respuesta desde una geometría sensible.

Tal origen, sumado a la mezcla libre de materiales de hoy en día, habita en la textura de los cuadros de Uribe-Holguín y se manifiesta como una forma que se desenvuelve en un cálido clima de color.

En este trabajo, la textura tiene protagonismo. Santiago Uribe-Holguín depende de esa piel de tierra que -al principio y mientras la trabaja- es húmeda y volátil; después la superficie se endurece como una pared artística. En este caso particular y por la extensa influencia que tuvo España en su vida de joven, su pintura no dista mucho del artista español Antoni Tapies.

El título: La memoria de la superficie; como la memoria de las cosas, la memoria de la vida, la memoria de los materiales y de las formas en el espacio encuentran, en esta pintura, el valor espiritual de acto cotidiano porque el artista cree que el decurso de la vida es una sucesión de hechos modestos en la que pintar es una necesidad.

En la vida de la creación se unen varios tiempos: los rastros de una geometría, las huellas de una forma orgánica, el diálogo amable entre la forma y el fondo, y la memoria del material que es el tiempo real en el que interviene la técnica, donde existe una mezcla interesante de resinas, pigmentos, óleos, arenas y polvo de mármol.

Opuestos, 120 x 150, mixta sobre tela.

El resultado es, entonces: una memoria de la técnica que abre el mundo de la experimentación a la búsqueda, al conocimiento; y que depende del comportamiento del material para que salga del fondo una forma subyacente de rastros que consagran su orden y donde las huellas producen formas libres.

Por su técnica, Santiago Uribe-Holguín pinta al revés de muchos pintores. Las capas de pintura sólo le sirven para buscar, en el fondo, algún abismo que conjugue poesía, alguna huella que le permita presentir una línea o alguna forma que se complete a sí misma mientras se las arregla para plasmar el rastro de la memoria.

En una época anterior, su obra siguió a la iconografía greco-latina porque estaba cerca de las imágenes de Pompeya, pero ahora mantiene un comportamiento informalista. Ahora busca, en la geometría, una libertad. Me gusta, como dice Borges, esa curiosa felicidad que nos deparan las cosas que casi son un arquetipo.

Monocromía 2, 120 x 150, mixta sobre tela.

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