El salario mínimo: la pobreza no es negocio

18 de enero del 2011

Muy connotados expertos en economía como los recientes premios Nobel de esta ciencia, Joseph Stiglitz y Amartya Sen, y a nivel nacional, el Doctor Mauricio Cabrera, expresidente del Banco de Occidente (uno de los más grandes del país), junto a los investigadores con doctorado en economía, Luis Jorge Garay, Jorge Iván González y Cesar Ferrari, entre otros, demuestran que un crecimiento proporcionado en la demanda genera un aumento en las ventas, una ampliación del mercado, una expansión de la producción, y por ende se incrementan el empleo y las ganancias, fortaleciéndose y acrecentándose de esta manera todo el circuito económico. En este sentido una elevación adecuada del salario mínimo genera todo este fortalecimiento al subir la demanda, y se favorecen de forma justa los trabajadores, y con mucho los empresarios de todo tipo.

A la luz de estos expertos un aumento del 10% y algo más de dicho salario en Colombia, amplia la producción y el consumo de forma equilibrada en absoluto, trayendo todos los beneficios señalados. Por esto, se equivocan los grandes barones del poder económico nacional, cuando se empeñan en un máximo del 3% de aumento en el jornal básico, argumentando que pasar de este tope no es una decisión técnica y frena la creación de empleos.

El presidente Santos afirma la necesidad de una ampliación del salario mínimo para el 2011 por lo menos del 4%, a lo que se oponen los mencionados barones. Querido presidente, con coraje ético solidario suba este porcentaje por lo menos al 10%, de esta manera remunera con elemental justicia el trabajo empeñado de tantos compatriotas que con el pírrico jornal básico vigente pasan hambre. Además, como ya lo probé, con esta decisión fortalece nuestra economía, genera empleo y más ganancias para los empresarios, quienes en su mezquina avaricia, ni siquiera se dan cuenta que se están perdiendo de un estupendo negocio.

Tengamos presente que el fuerte de las economías de los Estados Unidos y la Unión Europea es sobre todo la fortaleza y expansión de su mercado interno, antes que sus exportaciones. En estos lugares el jornal básico es muchísimo más alto que el nuestro, y la mayoría de la población tiene ingresos superiores a tal jornal. Es muy lamentable que el poder económico nacional no tome conciencia de la urgencia de pagar sueldos justos, que además de eliminar la pobreza, caldo de cultivo para las peores y más absurdas violencias, genera empleo y aumenta las utilidades. Un trabajador bien remunerado labora con entusiasmo, ama su empresa y por ende ésta funcionará mejor en todo sentido. Sin duda la conclusión es contundente: LA POBREZA ES UN MAL NEGOCIO.

Las implicaciones ético cristianas de la fijación del salario mínimo son del más largo aliento. Un derecho humano fundamental e inalienable es la garantía de un trabajo digno y remunerado con justicia. Y sin duda éste es el telón de fondo de las formulaciones de los connotados economistas mencionados, quienes además son claros en subrayar el talante ético de sus investigaciones. Y a lo largo de todo este análisis resuenan las proféticas y sabias palabras de Juan Pablo II, que de las más diversas formas continúa manifestando Benedicto XVI: “La causa última de los grandes y graves males contemporáneos se halla en el afán de ganancia exclusiva de dinero y la sed de poder a cualquier precio, con el propósito de imponer a los demás la propia voluntad”, Encíclica La Solicitud Social # 37.

Carlos Novoa S.I.
Sacerdote jesuita. Profesor Titular, Universidad Javeriana. Doctor en Ética, Universidad Javeriana. Experto en ética económica sobre la cual ha publicado diversos artículos. Ha escrito trece libros e impreso más de cincuenta artículos en revistas especializadas. Columnista semanal de Caracol Radio Cadena Básica, Programa Hoy por Hoy, Martes 11.00 a.m.. Para acceder a varios de sus textos ingresar a www.google.com colocando en el buscador: padre carlos  novoa.

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