La Sombra del Viento. Carlos Ruiz Zafón

12 de diciembre del 2010

La reorganización de la biblioteca familiar siempre es un problema; como cada día se adquieren diferentes libros –desde técnicos hasta literatura- los estantes se quedan cortos y hay que tomar la decisión de revisar cuales libros se envían, en mi caso, a la biblioteca de la escuela de la vereda en donde el Profesor Alarcón podrá ampliar la base de lectura para los muchachos campesinos. En esa tarea un libro me atrajo: La Sombra del Viento. Realmente no sabía mayor cosa del autor, pero comencé a ojearlo. Una página, dos más y después, el milagro! no pude soltarlo hasta que lo saboreé línea por línea, hasta acabarlo diez horas después.

Curiosamente empieza con la visita del protagonista Daniel Sempere guiado por su padre, un librero de Barcelona, al Cementerio de los Libros Olvidados. Y el muchacho escoge un libro de un autor desconocido, Julián Carax: La Sombra del Viento. Igual que me pasó con la búsqueda y selección de marras.

Y el libro se vuelve la obsesión del protagonista. Quiere conocer del autor, cuya obra, se entera, ha venido siendo quemada por un misterioso comprador. Y la historia empieza.

Con fino humor, con pluma equilibrada y sencilla y con una maestría en el argumento, Ruiz Zafón va entretejiendo los círculos del protagonista con los del autor de la novela, para ir descubriendo inmensos parecidos y situaciones similares.

Se van desvelando algunos aspectos de la Barcelona de la postguerra civil, la situación de penuria, las miserias y tristezas de muchos personajes. También se observa el auge y caída de varias encopetadas familias catalanas, su doble moral y a veces su sentido de inhumanidad.

En las primeras páginas encontré una oración que puede describir éste y muchos libros y que sirve de colofón a este comentario: “Cada libro, cada tomo tiene alma. El alma de quien lo escribió y el alma de quienes lo leyeron y soñaron con él”.

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