No o Abstención, he ahí el dilema

23 de julio del 2016

Si el umbral de participación se hubiese mantenido, abstenerse habría sido el camino.

A su salida de la Corte el “plebiscito por la paz”, aun con el aval de este órgano de justicia, conserva en su esencia las características inconstitucionales y antidemocráticas que se han descrito ampliamente en las opiniones de diversos sectores, un aparejo mañoso y artificioso, que rebuscaría fingir el consentimiento del pueblo para lo que el gobierno llama paz.

La Corte destrozó sin ningún tipo de miramiento la ley 134 que otorgaba como premisa de aprobación para plebiscitos: “El pueblo decidirá, en plebiscito, por la mayoría del censo electoral”. A cambio de ello autorizó que se disminuya el llamado umbral de aprobación, donde se contabilizan únicamente los votos favorables y se exige que estos superen un porcentaje del censo electoral, en el caso colombiano de un 50% de aprobación a fue bajado a sólo un 13%, mientras que en otros países alcanza a llegar al 40%, así menos de 4 millones 500 mil colombianos de los 34 millones que componen el censo electoral impondrán con la venia de la corte constitucional su visión de Paz. Los 30 millones restantes se atendrán a lo decidido por esta minoría. El disfraz democrático a la decisión más antidemocrática.

Pero no siendo suficiente la ayudita numérica, la Corte fue aún más allá y decidió la eliminación del umbral de participación, donde se exigía que el número de votantes superara un porcentaje del censo electoral, en algunos países se exige para aprobar un plebiscito que vote mínimo el 50% del total de votantes, en Colombia no aplica. ¿Por qué la Corte Constitucional no moduló el plebiscito para darle espacio, como lo indica la democracia, a la abstención y al voto en blanco? , se pregunta el ciudadano de a pie. Las Consecuencias magras desprendidas del torbellino jurídico y matemático creado al cercenar los umbrales serian dos, Votar por el No o la abstención.

Un brillante analista vallenato del partido Centro Democrático defiende la tesis de abstenerse, planteando acertadamente que el partido debe tener un “repliegue activo, estratégico, que permitiera robustecer cuadros, rechazar el plebiscito, y empeñarse en ganar la presidencia de la república para enderezar el futuro de Colombia”, sustentado entre otras cosas porque “Son tan cortos los tiempos entre ésta consulta, y la elección presidencial, que resultará imposible que los aires de derrota o victoria no sean el viento de cola que impulse las velas de las candidaturas que representen al gobiernismo y al uribismo”. Concuerdo con ello totalmente. Empero, si el umbral de participación se hubiese mantenido, abstenerse habría sido el camino, pues habría tenido valor disminuir el número de votantes hasta conseguir no llegar al umbral y ganar.

Sin umbral de participación, abstenerse no es una opción de triunfo, pues fácilmente el gobierno alcanzará los 4.400.000 votos del umbral de aprobación. La única posibilidad victoriosa que se tendría seria votar el NO y ganarle al SI, tarea nada facil, entendiendo la desigualdad gobierno-oposición de la próxima campaña como la principal limitante.

Miremos, la Corte autorizó descaradamente a los empleados públicos a hacer política por el plebiscito, todos so pena de perder sus empleos votarán por el SI, quien vote NO ya sabe, en este gobierno son normales las purgas ideológicas, recientes exclusiones en las fuerzas militares dan fe de ello. Probado esta que a este gobierno no le importa gastar a manos llenas y si no le alcanza lo derrochado, endeudaran este país hasta los tuétanos con tal de ganarse el plebiscito. Imagino desde ya la serenata de bondades del SI ofrecida desde algunos medios de comunicación gobiernistas, adoctrinando este emotivo y fácilmente sugestionable país, que yá salió a hacer campaña por el sí, aun sin el gobierno publicar y ellos entender los acuerdos definitivos.

El deber inmediato obliga a consultar la base popular regional, donde reposa el real soporte electoral que podrá ofrecer la victoria. Las reuniones excluyentes, cerradas y los salones bien vestidos de encaje e hilo, repletos de poéticos aduladores y pocos pensadores, no ofrecen florecidos argumentos para tomar las decisiones trascendentales, el pueblo piensa mejor siempre. Consultarlo y resolver este dilema es la mejor decisión.

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