Para que aprendan

15 de febrero del 2011

El modelo 2011 de la revolución de Egipto plantea grandes diferencias con todas las revoluciones anteriores, aunque los anhelos del pueblo sean casi siempre los mismos, la caída de regímenes corruptos, abusadores del poder y opresores de cualquier posible oposición. Como sucedió en la Francia de los Luises, en la Rusia de los Zares y en la Cuba de Batista, el pueblo no aguantó más y se produjo un cambio brusco. Eso sí, con algunas muy honrosas diferencias a favor de la revolución egipcia que ahora está marcando una nueva pauta para todas las insurrecciones del planeta, inclusive para la arcaica lucha de guerrilla que nos azota desde hace más de cincuenta años.

La primera pauta fundamental que marcó el modelo revolucionario de Egipto, es la presencia masiva del pueblo sin un solo alfiler. Una multitud desarmada que por dos semanas permaneció activa sin derramar sangre, sin acabar con todo, sin destruir la ciudad. Es cierto que hubo heridos y muertos pero no por causa de la multitud, que permaneció en la civilidad y en la no-violencia resistiendo estoica los abusos de Mubarak, quien ante la firmeza de la multitud y el apoyo internacional que se fue sumando al pueblo, tuvo que irse replegando hasta terminar arrinconado, respondiendo sumiso a la exigencia de dejar el poder.

La segunda pauta indispensable es la no represión posterior. Todo hace prever que el pueblo triunfador no va a tomar represalias sobre el gobierno anterior. No hay guillotinas, ni paredones, ni juicios sumarios. Solo  hay una transición pacífica y democrática que se resolverá por vía electoral con la participación de todos los sectores políticos y culturales. La máxima represalia que se ha visto hasta el momento, ha sido la eliminación de todas las imágenes de Mubarak.

La tercera enseñanza que hace suspirar a los revolucionarios modernos es la participación masiva. El pueblo egipcio se lanzó a las calles y se tomó el poder en las calles, algo que se ha intentado en Venezuela varias veces y que podría algún día concretarse contra el régimen de Hugo Chávez. En Egipto quedó demostrado que el pueblo “unido jamás será vencido”, una consigna que de tanto repetirse había perdido valor, pero que ahora lo recobra en toda su dimensión.

Una cuarta pero no última enseñanza es la pluralidad. En Egipto se hicieron presentes muchas y muy distintas tendencias políticas, culturales y religiosas. Grupos que en otros países del Oriente Medio son irreconciliables como la hermandad musulmana, los coptos y los católicos estuvieron allí brazo a brazo luchando por un interés común y esperando con firmeza a que cayera Mubarak para, ahora sí, empezar a discutir sus diferencias frente al proceso electoral.

Y finalmente la quinta y más novedosa enseñanza es la utilización de medios virtuales, alternativos a los medios del régimen que estaban al servicio de los intereses del dictador. Los medios virtuales son y serán hacia el futuro un instrumento de resistencia. Bienvenidos sean, porque la concentración de medios en manos de grandes poderes económicos, al servicio del poder político, estrangula la democracia.

Todas estas enseñanzas hacen ver más caduca que nunca las formas revolucionarias que utiliza nuestra antidemocrática guerrilla. Las Farc están aisladas del pueblo colombiano, no creen sino en el poder de la armas y del terrorismo, no toleran la diferencia; difícilmente podemos imaginarnos a Cano en una marcha pacífica al lado de Antanas Mockus o de militantes del movimiento Mira. Por el contrario, las Farc siguen explotando el narcotráfico para nutrir su insaciable necesidad de armas, siguen negociando macabramente con las vidas de personas inocentes secuestradas por más de una década y siguen sin entender que el mundo están cambiando, que la democracia, aún imperfecta, es la consigna que mueve y moverá a los pueblos; y, siguen repitiendo consignas que han perdido sentido y que para volverlas a llenar de contenido tendrían que cambiar las formas de lucha. La lucha es por la democracia y por la participación, lo demás está out, por favor señor Cano, ¡aprenda esta lección!

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