Pienso todo lo contrario de Godofredo

31 de julio del 2011

Con respecto a la irónica, sarcástica y caricaturesca columna de Godofredo Cínico Caspa la semana pasada en KyK, sobre la tristísima muerte del Joe Arroyo,  quienes consideraron que ese texto que vive en el mundo de la ficción, como el propio Godofredo Cínico Caspa, era en serio, pues se equivocaron de  cabo a rabo. Solo […]

Con respecto a la irónica, sarcástica y caricaturesca columna de Godofredo Cínico Caspa la semana pasada en KyK, sobre la tristísima muerte del Joe Arroyo,  quienes consideraron que ese texto que vive en el mundo de la ficción, como el propio Godofredo Cínico Caspa, era en serio, pues se equivocaron de  cabo a rabo.

Solo un  personaje irreal (pero de esos está lleno el país y las páginas de los diarios) podría decir tal cantidad de despropósitos fascistas que tomados no en primer nivel de lectura  sino desde el contexto de lo irónico, en su conjunto arman un cuerpo textual humorístico, cínico desde luego como el Godofredo y que retrata a ciertos sectores de nuestra sociedad que son, justamente, racistas, reaccionarios y de extrema derecha.

Y debo explicar lo que no debería y es que ¡Pienso todo lo contrario de lo que piensa Godofredo! Y que un personaje tan detestable como Godofredo, al lanzar esta diatriba contra el Joe, lo dignifica, lo exalta y le rinde homenaje.

Resultará muy difícil entender esta explicación, para quienes desde ya prejuzgaron al autor y leyeron tan solo en primer y equivocado grado el texto. Esos son los gajes de vivir y trabajar  en un país como Colombia, donde el atraso en la educación es el gran lastre de todo el atraso social en que nos sumergimos. Y no digo solamente en el acceso a la educación que ya es bien pobre en materia secundaria y universitaria, sino en la calidad de la educación misma a todos los niveles.  Se aprende digerido, sin sutilezas, sin capacidad crítica, y quienes terminan “enseñando” son los medios y las telenovelas. Colombia ocupa uno de los más bajos niveles en comprensión de lectura en el mundo. Creo que en el caso de este texto de Godofredo, se ve ello palpablemente.

Cuando se tocan temas sensibles una cierta cantidad de personas (me atrevería a decir que ni son muchos ni la mayoría) quienes solo tienen ese nivel primario de lectura, no llegan pillarse que justamente lo que se debe entender es todo lo contrario.  Y creo que hasta  explicarles les puede  resultar igualmente agresivo.  Esos problemas en la educación hacen caer en la gente en el desentendimiento y se aferran a la lectura rasa sin matices de tal modo que caen en la denegación y culpabilizan. Pero para que sepan que de ninguna manera se ha tratado de ofenderles, sino justamente de criticar el racismo, tendrían que entender la ironía y el sarcasmo.

Aunque desde luego, sería tonto poner un epígrafe en cada texto de Godofredo que dijera “señor lector, entienda que queremos expresar exactamente todo lo contrario de lo que aquí se dice”

Y en cuanto a la racha de agresiones, amenazas y groserías suscitadas por el texto, me doy cuenta que una buena parte de quienes atacan, ni siquiera leyeron la columna sino que airosamente se pegaron a una tendencia generada (de manera bastante sospechosa) desde los sectores que justamente piensan o se parecen a Godofredo, tal vez con el propósito de restarle “credibilidad” al Cínico en otros temas, es decir en los temas de la política nacional donde la caricatura defiende al uribismo y demás sectores perdidamente  reaccionarios.

¿Estamos tan mal tras tantos años de idea única, que la ironía es cifrada, es esotérica? ¿Tan mal que algunos colombianos han perdido parte del humor, nuestro gran capital cultural? Al grueso público la propaganda del régimen anterior le dio todo digerido y a la brava. No hay segundas lecturas, no hay dudas. Se cree solo en lo obvio, en lo mascado, en lo chuzado.  Ese es el peligro de los unanimismos y de la propaganda hacia la uniformización de la ignorancia. Pregunto desprevenidamente: ¿se necesita un alto nivel intelectual para entender el doble sentido y el sarcasmo de Godofredo? Tiendo a pensar que no, que todo el mundo es capaz de pillar el hilo de ese humor. Pero que el condicionamiento a consumir lo chato, lo que se toca con la nariz, da como resultado la incomprensión.

Recibí en las redes sociales centenares de mensajes de apoyo, es decir, del otro lado, de los lectores que entienden que significa y pretende Godofredo. Y quiero compartirles algunos de ellos.

Farid Valencia Dovale: Aquí en Barranquilla hay un congresista Godo q piensa y habla como Godofredo, cuando llega a su casa luego d las correrías políticas le grita a su mujer: ¡Mija! agua caliente para desinfectarme de esa gentuza.

Hernán Ortega Moreno: ¡La intolerancia por incomprensión es un claro índice de que en Colombia pesa más la forma que el fondo! ¡El propósito irónico no es merecedor de intolerancia, al contrario, es loable ya que pretende darle sentido contrario a lo que a primera vista podemos percibir!

Diana Lucia Molina Increíble. ¿Será que el intelecto de los colombianos ha descendido tanto en sólo 12 años? Jaime Garzón debe estar revolcándose en la tumba de ver tanta incapacidad para entender el carácter de Godofredo y la utilización del género de sátira usado por su otrora amigo periodista, y compañero de escritura de guiones y libretos. Gracias a Dios el Joe era un hombre sensible, con humor y la suspicacia suficiente para entender a Antonio, a Godofredo y la intención. Donde esté, ya le debe estar componiendo la música… Caribe, negra y profunda.

Carlos Marín: de aquí en adelante la columna de Godofredo debe llevar el aviso: Léase solamente acompañado por una persona mayor.

Jaime Eduardo Prieto: La incapacidad para reconocer el sarcasmo es uno de los síntomas del síndrome de Asperger, que es un trastorno autístico. No tengo cifras, pero si hemos de juzgar por los paupérrimos niveles de comprensión de lectura y conversación en Colombia, podemos concluir que el autismo y el analfabetismo funcional van en vertiginoso aumento.

Eduardo Fuenmayor Plazas Hola mi querido Antonio. Genial. Pura ironía y verdadero humor “negro”, pero lamentablemente, Toño cada vez me asusta la ignorancia e intolerancia del colombiano promedio… ¡¡¡qué horror!!! …

Wilson Reyes Antonio :mi señora madre no es de ningún nivel por encima del común, es sensible, es “pillada” le dio curiosidad verme reír tanto y tanto, se acercó, le leí, se rió pero si me dijo ” Hay mijo es que es muy delicado por lo que es un difunto” así que en ese sentido puede ser que hay encallado un sentimiento de “PROFANACIÓN DE MEMORIA” o algo así de loco, como lo apunta  María Ángela Guzmán Vargas: EL TABÚ DE LA MUERTE.

Luz Ángela Caldas Los niveles de comprensión aludidos llegan a producir aberraciones tan simpáticas como cuando al final de la presentación de la primera obra de teatro sobre la vida de Policarpa Salavarrieta la heroína de la Independencia, el público incapaz de diferenciar entre realidad y ficción, exigió que se le perdonara la vida a la protagonista, días antes efectivamente ejecutada por los españoles.

Beatriz Abad : el problema radica en que suena tan convincente que quien no se percate desde el inicio de que es totalmente irónico, toma a Godofredo como un cabeza rapado anti afro recalcitrante. ¿Quién lo manda a ser tan acertado, señor Morales? y  la comprensión de lectura (y la diferenciación de textos narrativos, expositivos, en​ormativos, de opinión, etc.) desde primaria a formación universitaria, está en pañales.

Ángel Perea Escobar : Aunque la mayoría de los lectores que protestan confunden a Antonio con su personaje, a la vez que muy pocos de ellos saben siquiera quién es Antonio y aún menos la historia del personaje, es interesante la protesta airada contra Godofredo. En ese sentido, el artículo es un gran éxito. Y lo es porque la furiosa riposta se produce en un medio social que por lo general es apático, perezoso y autoindulgente con respecto a los álgidos asuntos que Godofredo logra desenmascarar. No se necesita mucho para reconocer que el tema del racismo colombiano muy a pesar de su gravedad, ubicuidad y perniciosa persistencia histórica, se caracteriza en nuestro país por una constante actitud de negación.  Esta actitud, cuya historia y naturaleza no se puede desarrollar acá, se presenta como uno de los grandes escollos que impiden, tanto el reconocimiento del problema, como su discusión de una manera franca, extendida y profunda. Incluso si uno es capaz de leer de modo más agudo este evento, podría identificar el complejo tejido del que está hecha la noción del racismo en Colombia. No deja de ser curioso el hecho de que en la larguísima lista de quienes protestan, la presencia afro sea escasa, o nula. Este hecho habla a gritos. Tal vez podría verse la publicación del artículo como carente de algún sentido del timing, o sincronía que evitara su mala interpretación debido al inmenso fervor que el público le profesa al Joe, y ante la inminencia del dolor que ha causado su fallecimiento. No siempre la mejor intención se presenta como oportuna. Ojalá, desde mi perspectiva, que la onda de indignación mereciera no sólo reflexiones acerca de los problemas por la baja capacidad del público para interpretar un texto, sino también sobre la hondura de lo que el discurso de Godofredo ha sido capaz de revelar.

Algunas frases sueltas de  otros comentarios: No deje que la intolerancia mate a Godofredo… Es por lo menos “simpático”  ver tanta gente que le encanta ponerse a opinar sin siquiera leer… Los malos hábitos de lectura en este país son cada vez más preocupantes. En los colegios no están enseñando a leer, solo a traducir códigos semióticos…

Y estoy seguro que el primero que se hubiera carcajeado con este texto de Godofredo, habría sido el hermano y maestro Joe Arroyo.

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