Presidente Santos, vaya

27 de mayo del 2015

“Presidente Santos, venga a Venezuela y vea como estamos realmente”, le implora a Usted, Señor Presidente, Lilian Tintori, una bella y valiente dama quien es un verdadero símbolo de la mujer latinoamericana y cuyo esposo, el líder popular más importante de Venezuela, inició una huelga de hambre hace unos días. Y nosotros, los colombianos, le […]

“Presidente Santos, venga a Venezuela y vea como estamos realmente”, le implora a Usted, Señor Presidente, Lilian Tintori, una bella y valiente dama quien es un verdadero símbolo de la mujer latinoamericana y cuyo esposo, el líder popular más importante de Venezuela, inició una huelga de hambre hace unos días. Y nosotros, los colombianos, le insistimos: “Vaya, Señor Presidente, vaya a Venezuela junto a la Primera Dama del Señor Presidente, no lleve a nadie más, vayan como de luna de miel y luego nos cuenta si las cosas andan tan bien por allá para que se empeñe en llevarnos a donde nos quiere llevar”.

Pero vaya, por favor, no desprecie la invitación de quien debería ser hoy la Primera Dama del país hermano si hubiese justicia por allá y se atendiese el mandato del pueblo soberano. Pero de eso no queda ni el recuerdo.

Vaya, Señor Presidente, y camine las calles de Caracas cantando: “Caminando por Caracas, Caracas, la gente me saludaba y andaba”. De esa Caracas nos dicen a los que la conocimos en mejores momentos que es otra. De la Caracas que nos dejaba con la boca abierta de admiración y de envidia no queda nada, según dicen los que se fueron y andan por acá. De la Caracas alegre del “que ritmo tienen tus calles y valles / que se mueven, que se mueven… asííí…” no queda ni rastro.

Vaya, Señor Presidente y nos cuenta si es posible ocultar esa realidad como pretende hacerlo con la nuestra, la de los colombianos que nos encontramos entre el sueño y la realidad como bien lo describió Miguel Ángel Asturias en una novela en la que está retratado Usted, Señor Presidente, Usted y muchos como Usted que ahora tienen a esta pobre región del mundo más empobrecida, mas embrutecida, más adolorida. En Señor Presidente, con el que se hizo merecedor del premio Nobel, ese que con tantas ansias ve en la lejanía Usted, Señor Presidente, el escritor guatemalteco dejó al descubierto esa triquiñuela ya vieja con la que Ustedes, Señores Presidentes, nos crean una confusión tal entre sueño y realidad que, en mi caso, ya no sé si soy yo el que escribo lo que escribo o de pronto es el Espíritu Santo el que me dicta cada palabra.

Vaya a Venezuela y nos cuenta la verdad, claro que a Usted le gusta crear su propia verdad que está lejos de la verdad verdadera, Señor Presidente. Su verdad no es la misma verdad, por ejemplo, de La Hora de la Verdad, el programa radial en el que en entrevista Lilian Tintori le hizo la invitación. ¡Qué lejos están la una de la otra! ¿Pero su verdad es la verdad verdadera, Señor Presidente, cuando Usted anda en un mundo que no es el mismo en el que andamos sus compatriotas a tientas en una oscuridad en donde la verdad es cualquier verdad?

Por favor, pásese unos días en Venezuela, Señor Presidente. No se deje dar un abrazo de oso del Señor Presidente Maduro, de esos que acostumbra darle, sino que camine y camine que, como en viejos tiempos “caminando por Caracas / la gente me saludaba y andaba / yo levantaba mi mano de hermano / y Caracas me abrazaba… a mííí… “

Que Caracas y Venezuela entera lo abrace, Señor Presidente, si eso es posible, si todavía los brazos de nuestros hermanos venezolanos no portan las cadenas que llevan Leopoldo y tantas otras víctimas de la persecución política del Señor Presidente de allá.

Y le cuento, Señor Presidente, que a Lilian la obligaron a desnudarse delante de los barbaros para poder entrar a visitar a Leopoldo. De la mujer en Venezuela, la del “mira que color, Caracas /que calor en tus mujeres”, no queda sino un grato recuerdo: el de cuando ellas,  las mujeres más bellas del mundo, eran libres sin ser maltratadas y humilladas.

Escuche, Señor Presidente por La Hora de la Verdad, de esa verdad tan molesta para Usted Señor Presidente, a Lilian relatando los vejámenes a que son sometidas las mujeres venezolanas. Pregúntele a la Primera Dama, a su Primera Dama, y ¿por qué no? a su Canciller, si la bella y valerosa mujer venezolana o colombiana, merece semejante trato.

Pero vaya Señor Presidente y “tómate otro palo hermano / que esta noche yo te pago en Caracas / y esta noche yo te brindo mi vale / porque sos Venezolano… a tiii…” y no nos siga haciendo quedar tan mal con su ausencia y su silencio y menos rechazando la gentil invitación de una dama venezolana.

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