Recuerdos de mi Barbie

27 de noviembre del 2010

Volví a ver My Best Friend’s Wedding, una de mis películas favoritas del “género” chick flick y por lo visto nuevo elemento de inspiración para próximos trabajos. No es que la dirección de arte de la película ni el vestuario sean dignos de robarse aplausos, y la actuación es acorde con lo que uno espera. No son los grandes escenarios, ni la fotografía impecable -ninguna de las dos existe- lo que me llamó la atención, después de más de 5 veces de repetirla, algo que antes solamente me gustaba, hoy contextualizaba visualmente una sensación particular hacía lo que me transmite alguien que me acompañó por muchos años, la muñeca más famosa del mundo: Barbie.

El comienzo de la cinta, justo cuando aparecen los créditos es un mini video que nada tiene que ver de manera directa con el resto de la historia, aparte del matrimonio. Sus protagonistas son una novia rubia vestida de blanco y sus 3 damas de honor con color de piel y pelo diferentes -justo como Barbie y sus amigas- todas vestidas como pastelitos con pastillaje sobre un fondo más rosado imposible, mientras cantan y bailan con vocecitas y pasos lo más coquetos y femeninos, sobre como atrapar al chico ideal y coronar el dedo anular de la mano derecha con un destellante diamante para luego decir: acepto.

http://www.youtube.com/user/demoniopeludo?feature=mhum#p/a/f/0/c74BSImG4xM

Cursi a morir, con diez años o menos, me quedaba fascinada con los vestidos elaborados de forma impecable en cuanto a materiales y ejecución, repletos con detalles micro, imposibles de imaginar. Los aretes, anillos y peinetas, zapatitos miniatura de todo tipo, botas, tenis, tacones de todos los colores y mis favoritos: las sandalias blanditas que por lo general se dañaban porque adoraba masticarlas. Por estas mismas razones me declaro anti fan total de las Barbies de las ultimas dos generaciones, las cuales carecen de lo anterior y de la sonrisa dulce y femenina que ahora tiende a ser más sex appealosa e incitadora con maquillaje que cualquier stripper envidiaría.

Hoy mis muñecas espero estén en buenas manos, porque las extraño, y aunque no conservo ni una de ellas ni de sus innumerables muebles e inmuebles incluyendo varios Ken, dentro de mis planes recientes está el volver a hacerme dueña de al menos una de las íconos de la casa Mattel. Además esta vez será una Barbie Black Label, de colección. Cuando tenía cinco años mí modelo a seguir se llamaba Joan Jett (rockera ochentera ex vocalista de la banda The Runaways) y gracias a ella supe que era una de las integrantes de la tripleta de réplicas Barbie que a comienzos de este año lanzaron como Ladies Of The 80’s, incluyendo a Debbie Harry vocalista de la banda Blondie y a la ultra teñida y punk pop Cyndi Lauper.

Si hace dos décadas hubiese existido una Barbie de Joan Jett, tal vez no hubiese comprado ni una más. O a lo mejor sí, de hecho mí próximo blanco es justamente una Cher miniatura, vestida con liguero, chaqueta y botas hasta el muslo, todo de cuero, y una melena enorme que la hicieron famosa en el 89 cuando apareció así en el video de Turn Back Time, vetado en la época por MTV con el argumento que condenaba a la cantante por ser exageradamente mostrona. El vestuario de la muñeca es una versión exacta, firmada y patentada por su diseñador, Bob Mackie, quién fuera la mano derecha de Cher a la hora de necesitar ropa para sus giras o videos.

Jett me llevó a Cher y de ahí en adelante aluciné al ver desfilar en la pantalla de mí computador (Barbie Black Label, al menos en Colombia y hasta dónde se, solo se consiguen por Internet) las imágenes de muñecas idénticas a Barbara Streisand, Vivien Leigh con los 3 atuendos principales de Scarlett O’Hara en Lo Que El Viento Se Llevó, Joan Collins como Alexis Carrington en Dinastía, Lucille Ball en decenas de escenas diferentes de I Love Lucy, Olivia Newton John y el resto de las chicas de Grease, Tippi Hedren en Los Pajaros de Hitchcock (¡con todo y cuervos jalandole la ropa y el pelo!), Audrey Hepburn como My Fair Lady o Holly Golightly de Desayuno en Tiffany’s… La lista es asombrosa e interminable.

Black Label no son Barbie comunes y corrientes a las que han vestido con atuendos de personajes icónicos o celebridades, no son muñecas que uno encuentra en cualquier juguetería al precio acostumbrado, de hecho ni siquiera son juguetes, o sí, pero para niñas grandes. Los moldes que usan para las caras de las Black Label son réplicas edición limitada con los rasgos particulares y las más fieles características de quienes representan, también lo es el vestuario. Estoy segura que ahora respetaré a mís Barbies y no solo no me comeré las sandalias. Las tijeras, el hilo y aguja dejarán de estar presentes como hace dos décadas cuando pantalones, faldas y hasta pelo pasaban por mí genio creativo.

En el caso de Jett, los detalles impresionan: pantaloncitos de cuero con cremalleras diminutas en los tobillos, converse con cordones de verdad, pulsera de taches y bandana roja en ambas manos. Aún así la rockera jamás podrá competir con versiones como la de Cleopatra de Elizabeth Taylor en la escena que Julio Cesar le pide a Marco Antonio para finalizar la guerra. Uno confirma que la actriz era dueña de la cara de una verdadera muñeca, adornada con el peinado y tocado característico de Vidal Sassoon, estilista ícono de la época, así como las claras referencias de la tendencia mod con el delineador, claramente amalgamadas con lo egipcio.

Puedo tener complejo de peter pan o simplemente no haber madurado lo suficiente como para seguir gastándome la plata en objetos “inservibles”, pero verifique mí información por su cuenta al menos solo para divertirse. Pasese por el museo de Barbies Black, Gold y Silver Label, que desde el primero de octubre y por tiempo indefinido está en la calle 82 No 9-15, también tienen algunas a la venta. No pregunté precios pero se, por Internet que una Barbie de colección está entre 30 dólares hasta 470 o más. En mis planes cercanos, repetir el próximo mes, por sexta vez My Best Friend’s Wedding y comprar a mí Black Label de Cher y en un futuro, aspirar al Gold Label (ligas mayores en Barbies de colección) de la versión de gatubela como ladrona de zapatos, creada por el mismísi

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