Servicios socio-sanitarios

30 de septiembre del 2016

La inclusión de estos servicios es algo que requiere una mayor claridad.

opinion

El ministro de Salud se refirió esta semana al problema de los curadores y a los servicios sociales que debe cubrir el sistema de salud. Viene apareciendo una nueva categoría de servicios asociados indirectamente a las prestaciones médicas, denominados internacionalmente servicios socio-sanitarios; en Colombia, estos son dispensados por el sistema de salud, así no sean considerados propiamente servicios médicos ni exista una fuente financiera para pagarlos. Estas prestaciones crecen progresivamente como componente del gasto de los aseguradores, y suelen ser ordenadas por medio de tutelas o solicitadas directamente a las EPS. En su mayoría son servicios costosos: se calcula su costo anual para el sistema de salud en casi medio billón de pesos, y la proyección para los próximos cinco años podría alcanzar el billón. Una parte —la ordenada por tutela— es reembolsada a la EPS por el fondo financiero de salud, denominado Fondo de Solidaridad y Garantía (Fosyga), y el resto, por no tener fuente legal de financiamiento, lo debe cancelar la EPS de su bolsillo.

La Corte Constitucional ha sido clara al ordenar que estos servicios sean pagados con recursos fiscales de la Nación y no por las aseguradoras ni por los prestadores; sin embargo, hasta ahora el pago se ha mantenido en una especie de limbo, lo que finalmente perjudica a los usuarios. La inclusión de los servicios socio-sanitarios en el plan de prestaciones es algo que requiere una mayor claridad, ya que dichos servicios no forman parte de las llamadas exclusiones, pero tampoco pertenecen al Plan Obligatorio de Salud.

Los siguientes son algunos de los rubros calificados como servicios sociales conectados con los de salud: pañales para niños y para pacientes con incontinencia, pañitos húmedos contra las escaras de la piel, dietas especiales, sillas de ruedas, camas hospitalarias para domicilio, cremas humectantes, transporte y alojamiento, y aunque parezca insólito, algunos jueces han exigido arreglos en el domicilio. Aparecerán otros.

A medida que envejece la población y aumenta la frecuencia de discapacidad, se requieren servicios sociales variados, que podrían llegar a incluir la atención diurna institucional en lugares especializados para el manejo de personas mayores, solas o en estado de dependencia, o aplicaciones de control remoto para individuos  que permanecen en sus hogares y deben ser monitoreadas desde un centro médico —hospitalización en casa—: es el caso de hipertensos, diabéticos, personas con ciertas cardiopatías, anticuagulados e, inclusive, pacientes con alzhéimer.

En países de mayor capacidad económica funcionan ancianatos (nursing homes), financiados públicamente o por las familias e institutos de cuidado diurno llamados en Europa “centros de día”; alrededor de estas facilidades se han desarrollado modelos de cuidado social a cargo de equipos multidisciplinarios compuestos por médicos geriatras, enfermeras, psicólogos, trabajadores sociales, terapistas y ayudantes. En nuestro medio, estos centros de cuidado social son escasos, y en su mayoría son financiados por los propios pacientes o sus familias y no hacen parte del sistema de protección social, ni del ICBF; es decir, existe un vacío que en el futuro debe llenarse institucionalmente.

El país debe tomar consciencia del envejecimiento poblacional y de sus consecuencias en términos de mayor prevalencia de las enfermedades crónicas, algunas asociadas a discapacidad. En América Latina hay más de 50 millones de personas mayores de 65 años (8 % de la población), y hacia 2050 será el 20 %, es decir, más de 120 millones de individuos de la tercera edad.

Hasta ahora, la responsabilidad de cuidar a las personas de edad avanzada y a los pacientes críticos y crónicos ha recaído sobre familiares o amigos cercanos, pero en la medida en que cambian la estructura y funciones del hogar será necesario desarrollar sistema de instituciones que asuma el cuidado y la atención de estas poblaciones.

En la mayoría de los casos, los pacientes con limitaciones físicas o psíquicas, las personas mayores y los pacientes crónicos son acompañados por algún familiar, que ofrece compañía y apoyo pero suele ser ignorante en las técnicas de cuidado especial requeridas. Algunos ejemplos del cuidado exigido son las siguientes: aseo e higiene del paciente, alimentación, ayuda en el movimiento en la cama y dentro del domicilio, prevención de caídas, administración de medicamentos, información y educación, procedimientos de rehabilitación, acompañamiento en el acceso a los servicios médicos, adecuación de la vivienda,  monitoreo de signos vitales y coordinación con el equipo de salud.

En las últimas décadas ha surgido una categoría especial de ayudante o acompañante de esta población dependiente: los cuidadores,  provistos por el sistema de salud o miembros de la familia. El cuidador termina viviendo cerca del “cuidado” y sufriendo con ella  o con él, por lo cual se convierte en otro paciente. Los cuidadores no tienen las competencias de las auxiliares de enfermería ni de las enfermeras pero parcialmente reemplazan a estas en algunas funciones básicas.

Es interesante anotar que el desempeño de las tareas del cuidador se ha vuelto más complejo por la aparición de dispositivos con sensores, teléfonos inteligentes y aplicaciones de informática que permiten monitorear permanentemente al paciente para registrar y transmitir signos vitales, sonidos o fotografías. Es la llamada teleasistencia para cuidados domiciliarios, para centros de día y para residencias de larga estancia.

Las familias solicitan frecuentemente a los aseguradores que se les suministren enfermeras o acompañantes por largos períodos, a veces abusando del sistema de salud, pues convierten a los cuidadores en personal de servicio doméstico pagado por el Estado o por la EPS. La necesidad aumentará, como ha sucedido en países con población más envejecida: llegará el momento en el que se requerirán enormes presupuestos para el pago de este personal de apoyo.

Uno podría concluir con los siguientes puntos: 1) Los cuidadores serán cada vez una ocupación más requerida; 2) la mayoría de cuidadores continuarán siendo los familiares cercanos, quienes necesitan entrenamiento para desempeñar las tareas de cuidado; 3) los cuidadores “deberán ser cuidados” para ser mantenidos sanos y activos; 4) la actividad de cuidador dispondrá, cada vez más, de múltiples apoyos técnicos, consistentes en sensores y transmisores que facilitarán la conexión digital entre el paciente y algún profesional de la salud; 5) nuestro país deberá desarrollar una red institucional de servicios socio-sanitarios, como lo han hecho otros países, y 6) el Estado deberá asumir la totalidad o parte de estos servicios.

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