Si embaucaron al emperador…

4 de septiembre del 2012

A los ojos de todo el mundo la artista elevó su pincel, seleccionó cuidadosamente las mezclas de color de la paleta y, después de estudiar detenidamente la imagen del fresco, echó su primer brochazo. Luego de varias horas de trabajo en las que los espectadores fueron desertando para irse a almorzar, o a tomar una […]

A los ojos de todo el mundo la artista elevó su pincel, seleccionó cuidadosamente las mezclas de color de la paleta y, después de estudiar detenidamente la imagen del fresco, echó su primer brochazo. Luego de varias horas de trabajo en las que los espectadores fueron desertando para irse a almorzar, o a tomar una copa, o un cafecito, o a conversar sobre el clima o a cualquier afán sexual, la artista se quedó sola concentrada en su oficio, sin percatarse de que nadie la miraba. Ella, ensimismada en su sagrada labor de restaurar la imagen de Cristo, no necesitaba testigos incómodos.

Ni los mismos que la habían contratado se volvieron acordar de dar una pasadita por la iglesia del Ecce Omo de Borja donde Cecilia Giménez daba brochazos a diestra y siniestra con la profunda convicción de que lo que hacía era una obra de arte.

Como en la fábula del rey que se dejó timar por un sastre embaucador que dijo tener hilos transparentes para hacerle un vestido que nadie podría imitar, aquí también ninguna persona se percató de la estafa hasta que algún niño inmune al protocolo de las cortes o de las artes palaciegas, decidió reírse del santo adefesio que estaba emergiendo de los inciertos pincelazos. Entonces todos despertaron de su letargo y se armó la barahunda: ¡Qué barbaridad, Eso no es restauración, es un monigote! Y el mundo entero, con las redes sociales a la cabeza descubrió el esperpento resultado de una restauración que parecía contratada por la mesa directiva del Congreso colombiano.

Pues ni el rey tenía vestido de hilos transparentes, simplemente iba desnudo desfilando con orgullo idiota frente a sus obsecuentes súbditos que a pesar de ver expuestas sus partes íntimas no se atrevían a cuestionar la “verdad real”, ni tampoco el resultado de la restauración del Cristo de Borja es una obra de arte, aunque muchas personas hubieran querido que lo fuera.

Reconocer la verdad, cuando hay por anticipado una versión oficial, requiere independencia y valentía, condiciones difíciles de encontrar entre súbditos “leales” que no están dispuestos a arriesgar su pellejo o sus prebendas por contradecir al mandatario.

Es bueno recordar estos famosos engaños cuando estamos ad portas de iniciar una restauración histórica —esperemos que la mano temblorosa de una pintora octogenaria no sea la encargada de hacerla—. Se trata del fresco ya descascarado de un cuadro llamado “la paz en Colombia” pintado en el corazón de varias generaciones de compatriotas que hemos visto pasar esa obra de arte de mano en mano sin que consigan terminarla.

En esta pintura se han retocado los protagonistas muchas veces. Cuatrenio tras cuatrenio se sobreponen los rostros de los presidentes y los guerrilleros. Con renovados pinceles se repintó sobre la cara de paloma de Betancur, el rostro amable y ausente de Barco, que posteriormente debió ser corregido con el perfil de un Gaviria halcón y luego repintado con figura boterística de Samper. Sobre esos trazos deteriorados se dibujaron los cuidados bigotes de Pastrana sonriente y pletórico de dicha mirando la cara de santo de Manuel. En los últimos años la obra ha pasado por procesos un tanto borrosos y ambiguos en los que nuevos rostros remplazaron guerrilleros por paramilitares y al sonriente e ingenuo mandatario lo desplazó el rostro adusto de un guerrero que ahora será menester suavizar con las líneas un tanto amorfas y retocadas de Juan Manuel.

De nuevo el país está feliz de que se haya iniciado la restauración del fresco histórico, pensamos que tal vez este podría ser el brochazo final a esa malograda imagen de la paz. Pero no nos podemos descuidar como pasó con los feligreses de Borja, hay que tener los ojos bien abiertos, sin tragarnos el cuento del sastre del emperador o de la restauradora senil, porque si embaucaron a un emperador y a toda una comunidad ¿quién nos garantiza que nos no engañen también a nosotros otra vez?

www.margaritalondono.com

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO