Sinergia, una estrategia integral para sanar

11 de junio del 2011

“Juntos funcionan mejor”, es el lema que reza bajo la invitación a una conferencia sobre sinergia de medicamentos para el dolor. Estamos a punto de comenzarla, cuando pasando por los verdes campos del club donde se va  realizar, escuchamos cantar a las chicharras y rememoramos los bellos atardeceres del valle, bajo el frescor de la tarde. La naturaleza es una sinergia continua, completa, bella. Así somos los seres humanos cuando manifestamos nuestras mejores cualidades. Pero no nos desviemos mucho del tema, los medicamentos en medicina.

Me surge de repente la imagen del paciente enfrentado a escoger entre variados medicamentos y tratamientos posibles para su enfermedad. Es el paciente quien debe escoger cuando visita varios médicos, con diversas opiniones, con diferentes formaciones académicas, por no agregar las sugerencias de familiares, amigos, terapeutas y hasta de desconocidos en las salas de espera o en reuniones sociales. ¿Cuál tomo, cual rechazo, cual combino? Es el dilema.

Rememoro entonces las bases farmacológicas de la facultad, así como otras teorías farmacéuticas aprendidas a lo largo del ejercicio profesional. Los medicamentos alopáticos, medicina tradicional, tienden a ser del tipo de ataque. Son la contra, contra la enfermedad, contra los síntomas. Van precedidos de prefijos “a” y “anti”, como por ejemplos los antibióticos, anti-inflamatorios, antieméticos, analgésicos, anti-cancerígenos, anti-diarreicos, anti-convulsivantes, Esto refleja el pensamiento predominante en esta filosofía medica, el cual es combatir la enfermedad, acabar con ella, vencerla. El otro lado de la misma moneda (ver artículo “Medicina, un arte indivisible”), posee un enfoque nutritivo por esencia, provee cualidades positivas, regula el balance energético, con el fin de que la enfermedad pierda su sustento y el organismo recupere su equilibrio.

Ambos enfoques médicos tienen algo de uno y otro método de pensar. No son excluyentes. Ninguno sustituye al otro. Son sinérgicos. Sencillamente actúan a diferentes niveles del ser humano, en aspectos precisos de la enfermedad. Veamos.

La sanación, la oración, el contacto con la naturaleza, llegan al nivel del espíritu, promueven el ampliar los canales de conciencia, seremos más asertivos en nuestro diario vivir, aprenderemos a servir mejor y aplicar con esmero nuestros dones y talentos. Con ello la enfermedad no tendrá que tocar a la puerta, para reorientar nuestro camino.

La programación neurolingüística, la psiquiatría, la homeopatía, influyen  directamente en la mente. Son herramientas que develan nuestros paradigmas, nuestro carácter, moldean la personalidad, nos conducen a escoger pensamientos constructivos, a evitar los destructivos, a no hacernos daño a nosotros mismos con nuestros comportamientos. También actúan a este nivel, los medicamentos psiquiátricos, todo a través de neurotransmisores en cerebro.

Las esencias florales, la relajación, la respiración profunda, la psicología, canalizan las emociones. Nos permiten expresarlas en todo su contexto y dejarlas fluir sin que nos desvitalicen o nos bloqueen. Permiten que las emociones que la enfermedad produce, no se vuelvan obstáculo para el sanar. Transformamos debilidades en fortalezas.

La mayoría de medicamentos, la cirugía, la quiropraxia, la fisioterapia, el masaje terapeútico, la nutrición y otros tantos, influyen directamente en el cuerpo físico. Son los más conocidos, son nuestro primer recurso. Son indispensables en momentos críticos. Son los llamados a restablecer la mecánica corporal, la bioquímica, la inmunología.

El feng shui, los colores, la música, el reciclaje, actúan en el medio ambiente. Medio ambiente que es reflejo de nuestro interior, es quien provee lo que requerimos para curar y quien recibe nuestros productos como también nuestros desechos.

Quedan por puerta muchas formas terapéuticas, ya cada cual tendrá su momento para conocerlas. Queda también por explicar como técnicas como la meditación hacen su influjo no solo en un aspecto, sino en todos ellos, ya será en otro momento.

El arte de sanar está en escoger con sabiduría, con intuición, cual medicamento y método es el adecuado, en un momento dado, para cada aspecto del ser. En su combinación, obtener la sinergia deseada y reconocernos como seres integrales.

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