Tratar el síntoma, curar la enfermedad

23 de junio del 2012

¿Será la enfermedad el único camino a la salud? Curioso interrogante. La salud es un bien que se construye, se gana, con nuestros hábitos de vida. Tiene también un componente genético, ambiental, es innata al organismo humano, pero el mantenerla, el generar condiciones de salud y no propiciar terreno para que la enfermedad se asiente, […]

¿Será la enfermedad el único camino a la salud? Curioso interrogante.

La salud es un bien que se construye, se gana, con nuestros hábitos de vida. Tiene también un componente genético, ambiental, es innata al organismo humano, pero el mantenerla, el generar condiciones de salud y no propiciar terreno para que la enfermedad se asiente, es nuestra responsabilidad personal. Somos creadores de un cuerpo, de emociones y mente, o saludables o enfermizas. Son nuestras decisiones y actos los que hacen la diferencia.

En esta sociedad de ritmo acelerado, de prisas, de lo inmediato, el cuidado personal con frecuencia queda relegado a un segundo plano. Tan es así, que muchas veces preferimos tratar los síntomas, sin investigar a fondo su origen, la causa, la enfermedad misma. Por tanto, muchas veces al tratar solo el síntoma no cuidamos el cuerpo y la enfermedad se convierte en el único camino que debemos recorrer si queremos recuperar el bienestar y con él, la salud.

No obstante, son dos cosas realmente diferentes, tratar el síntoma y curar la enfermedad. Están relacionadas, pero actuar sobre el primero, no siempre implica efecto sobre el segundo. Resolvamos este trabalenguas. Síntoma es toda molestia derivada de una enfermedad. Síntomas son dolor, vómito, diarrea, asfixia, palpitaciones, mareo, ardor, parálisis, calambre, entumecimiento, o cualquier cosa que nos produzca malestar. Claro, también hay síntomas sicológicos como tristeza, angustia, depresión. Los síntomas son los que nos conducen a consultar al médico. Son el aviso mediante el cual la enfermedad dice que está presente y que hay que ponerle atención. Son los síntomas los que alteran nuestra rutina diaria. Son ellos los que nos obligan a cambiar de actividad, porque no es posible continuar al mismo ritmo o ni siquiera ir al trabajo con un dolor fuerte, con una diarrea abundante o con disfonía, por citar apenas unos ejemplos.

La sociedad pone un elemento más, la publicidad sobre medicamentos se enfoca claramente en ello, en los síntomas. Nos dicen que tomemos tal o cual medicamento que controla el dolor, la tos, la rasquiña, el flujo, de una determinada enfermedad, para poder continuar con nuestra vida. Mientras tanto la enfermedad continúa desarrollándose. Los medicamentos “sintomáticos” no la eliminan. Los comerciales por allá en letra menuda recomiendan consultar al médico, “si los síntomas persisten”. No, no aconsejan el diagnóstico previo a la medicación. Múltiples son los casos en que continuamos ingiriendo omeprazol para una gastritis supuesta, cuando un cáncer germina en nuestro interior. Tomamos antiinflamatorrios por largo tiempo mientras la artrosis desgasta más y más nuestras articulaciones. Ingerimos antitusivos, cuando la enfermedad pulmonar se va haciendo cada día más refractaria al tratamiento adecuado. Y no se queda atrás el insomnio o la depresión, dos grandes males de nuestro tiempo, nos automedicamos en un intento por mantener un estado de ánimo artificial y no solucionamos los conflictos que los producen.

El síntoma requiere alivio, más no por encima de un diagnóstico certero, adecuado, a tiempo, que nos induzca a ir al origen. Quedarnos en lo superficial, el síntoma, solo agrava la enfermedad de base.

Este es un llamado a buscar el diagnóstico médico a tiempo. Es un llamado a tratar primordialmente la enfermedad y no solo sus consecuencias. A evitar tomar medicamentos sin orientación profesional.

Sin embargo, también lo es a dedicar un mínimo esfuerzo por mantener una buena nutrición en espíritu, mente, emociones y cuerpo. A no descuidar el medio ambiente que nos proporciona lo que requerimos para dicha alimentación. Si queremos dar un salto cuántico con relación a la salud, consultaremos al médico cuando estemos sanos, para conversar y recibir orientación respecto a cómo mantener nuestro bienestar. Esto hacen las personas que quieren hacer ejercicio sin sufrir lesiones, qué buen ejemplo nos dan. Ya que es una paradoja, tener en cuenta al profesional de la salud, solo cuando ella se pierde. Otra historia sería, si los médicos dedicáramos gran parte de nuestro tiempo a mantener el estado de homeostasis orgánica, que mantiene el equilibrio de las funciones corporales.

Un dato curioso. En el antiguo Japón, según me han contado, al médico le pagaban honorarios mientras las personas a su cargo estuvieran saludables, y los suspendían durante la enfermedad.

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