Un embeleco populista

5 de septiembre del 2011

La tendencia mundial, en todas las sociedades modernas, es buscar mejorar significativamente la educación de los jóvenes y destinar todos los recursos necesarios para alargar su permanencia en el sistema educativo, de manera que cada día se tengan ciudadanos mejor formados. Solo así se logrará mejorar la competitividad en este mundo global, cuyo continuo progreso […]

La tendencia mundial, en todas las sociedades modernas, es buscar mejorar significativamente la educación de los jóvenes y destinar todos los recursos necesarios para alargar su permanencia en el sistema educativo, de manera que cada día se tengan ciudadanos mejor formados. Solo así se logrará mejorar la competitividad en este mundo global, cuyo continuo progreso tecnológico requiere cada vez más, gente preparada. Este permite a su vez complementar la otra tendencia: alargar la edad de jubilación de manera que no solo los sistemas de protección sean a la vez, financiables y sostenibles y den espacio para que la juventud se eduque mejor durante más largo tiempo. En síntesis, lo ideal es que la juventud permanezca más en proceso de formación y que los adultos se retiren a edades más tardías, acordes con las ganancias en expectativa de vida en todos los países.

Este objetivo no se ha logrado completamente. La educación no es de buena calidad en muchos países, y América Latina no es precisamente la excepción. Basta mirar a Chile, hasta hace poco el modelo para todo. Mala calidad, altos costos y privatización que introduce el ánimo de lucro, la hacen un coctel molotov. Si no creen, vean como le ha dado de réditos políticos a Camila Vallejo, la líder estudiantil chilena. El desempleo juvenil, que parece ser un mal de la era moderna, obedece a muchos factores pero también a la falta de una decisión política al más alto nivel, de formar de la mejor manera a las nuevas generaciones. Para no hablar de un tema que parece vedado: el aumento de la edad de jubilación en medio de unos mercados laborales precarios, de creciente informalización hasta desempleo formal.

En medio de esta realidad de la cual Colombia no es ajena, ahora se les ocurrió a nuestros “brillantes políticos” que se debe adelantar la edad del voto a los 16 años. Es decir, que la ciudadanía de nuestras nuevas generaciones se adelanta dos años. ¿Cuántos millones de votos adicionales significaría esa decisión? Todos sin duda, lo que le debe volver la boca agua a nuestro Ministro del Interior, político como ninguno y el más joven de la vieja política. Pero también a la mayoría de nuestros jefes que más que verdaderos políticos son simplemente operadores de la política porque solo les interesan los votos para la próxima elección.

Pero detrás de esta propuesta hay sin duda una intención perversa, y se necesita ser bobo o boba para no vislumbrarla: esos niños y niñas, porque a esa edad, en ese nivel de ingenuidad, esa población nada despreciable en términos de números políticos, es absolutamente manipulable. Óigase bien. Esta propuesta lo que busca es manipular a millones de jóvenes que están todavía muy lejos de entender hasta donde llegan los alcances de estos operadores de la política. Tres conciertos de rock, para hablar de temas sanos, y listo!!! Todos votan por esos candidatos que visten de blue-jeans; que les dicen ‘parceros” o “llaves”, según el origen del candidato, y que son chéveres porque que “si entienden” las necesidades de esa juventud maltratada por unos mayores que los obligan a estudiar, que les controlan la rumba cuando pueden y que les hablan de responsabilidad. Esperamos que en el Gobierno y en el Congreso haya suficiente gente sensata que no deje avanzar este “embeleco populista.” Y si lo aprueban, acuérdense que la sanción social empieza a funcionar en este país. ¿Les recuerdo lo del Bolillo?

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