Un embrollo, los hijos de los presidentes

Un embrollo, los hijos de los presidentes

12 de julio del 2017

¿Hablando de los hijos de los presidentes colombianos, quién se salva?. Tener “a los niños” cerca en el ejercicio del poder se ha convertido, para casi todos, en un embrollo de marca mayor.

Resulta imposible que la opinión los ponga en sitios distintos y distantes, o los trate como ciudadanos independientes. E imposible que los jefes de estado se enfríen en sus relaciones afectivas para tratar a los hijos como simples asesores o colaboradores.

El enredo en el que anda el presidente Trump de Estados Unidos es de marca mayor. Aquí como allá, el padre cariñoso y protector han salido a defender “al niño” (Donalito) en dificultades. Trump “hizo como si nada hubiera pasado”, tras comprobarse que su hijo se reunió con una emisaria del Kremlin para recibir información contra la señora Clinton, su contrincante por la presidencia. Para Trump son hechos menores, “exageraciones de la prensa sensacionalista, deshonesta y extremista”. Y su hijo “abierto y transparente”.

En Colombia que se recuerde –a vuelo de pájaro- el primer gran escándalo fue protagonizado por el hijo del presidente José Manuel Marroquín. Por ese entonces, años 1900 (cuando todo era más serio y más grave), se habló con preocupación sobre el papel de “los hijos del ejecutivo”.

En tiempos de López Pumarejo hubo escándalo sobre la supuesta utilización de información oficial por parte de Alfonso López Michelsen, que ejercía como abogado.

En el gobierno de López Michelsen, surgió un alboroto (potencializado por la pluma de Lucas Caballero, Klim) sobre supuestos beneficios de Juan Manuel López en la construcción de la llamada carretera de “La Libertad”, que conducía a su finca. Doña Bertha (esposa del expresidente Ospina Pérez) atizó la hoguera con sus “tábanos” en el periódico La República.

En el gobierno de Lleras Restrepo, Nacho Vives promovió un gran debate porque Carlos Lleras de la Fuente importó un carro sin pagar impuestos, alegando derechos diplomáticos, aunque se discutía si su puesto en el exterior lo acreditaba como tal.

En el gobierno de Belisario Betancur, Diego fue concejal por el MOIR, casi en oposición al Jefe del Estado. Turbay Ayala envió a Turbay júnior a Nueva York, al margen de la refriega local. Su hija Diana fue nombrada secretaria privada y lejos de causar problemas, resultó secuestrada y muerta por el narcotraficante Pablo Escobar.

Los hijos de Uribe (Tomás y Jerónimo) han tenido que explicarle a las autoridades sobre sus empresas. Los “niños” de Pastrana, Samper y Gaviria estaban muy pequeños cuando sus padres ocupaban el solio de Bolívar. Por ende, sus travesuras eran sólo infantiles.

Martín Santos, hijo del actual presidente, ha tenido líos por brabucón y pantallero, asuntos difíciles de eludir en tiempos de las redes sociales y los ímpetus juveniles, a la par con los deseos de ser más papista que el Papa.

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