Un ministerio supersónico

30 de abril del 2011

Mientras en el salón de la justicia los consejeros impedían las tretas de los comisionados para entregar el canal de los superpoderes al diario El Planeta, en Metrópolis los agentes del mandato anterior se encargaban de preparar la estrategia para deshacerse de la comisionada representante de los sindicatos de reporteros y actores, que había descubierto el entramado ilegal que se venía fraguando.

Enviaron a un remedo de mujer maravilla, traída especialmente de Kriptón, con unos kilos  de piedra letal, suficientes para hipnotizar a su jefe que venía luciéndose como superministro para convertirlo en un villano con superpoderes para extralimitarse en contra de los trabajadores de la televisión y usar el peso de su autoridad para arrebatarle el cargo a la representante de los reporteros, con una aplicación arbitraria de las normas y con refinados trucos matemáticos, que se llevaron por delante los derechos a la igualdad, a la representación y al debido proceso de los gremios que la apoyaban.

Arreglaron las cosas para que la comisionada de las agremiaciones de televisión saliera de la junta, mientras en el Congreso utilizaban todas sus fuerzas y presiones para legislar a toda velocidad en contra de la Constitución y quitarle el poder y representación a los trabajadores y a los ciudadanos, con el fin conformar una nueva institución controlada por el ejecutivo y sin ninguna autonomía ni participación democrática.

En la cartera de las Comunicaciones y Tecnologías, la encargada de cerrar la brecha digital en Metrópolis, no ha podido aún prevalecer el derecho. Su jefe hipnotizado con la Kriptonita y los encantos de peso, de la mujer maravilla, no ha podido evitar que sus subalternos, infiltrados del mandato anterior, lo lleven a firmar decretos violatorios del derecho y resoluciones para desconocer los espacios de representación que la ley otorgó  a los trabajadores organizados del sector.

Entre tanto, los comisionados del mandato anterior despachan sin ningún control, firman contratos millonarios para sus amigos y se buscan la forma de entregar el canal a su antojo para sus preferidos, sin que nadie se les oponga en la junta. Se dedicarán a acabar con los comunitarios, con la ayuda del jefe hipnotizado y la pantalla chica en Metrópolis regresará a manos de intereses privados del mandato anterior.

Aunque tenga buenas intenciones el jefe de la cartera no podrá librar su batalla para cerrar la brecha digital porque para eso primero hay que cerrar la brecha antidemocrática. No sabe, ni los tecnoburócratas que lo rodean, que de nada sirve que todos los ciudadanos de Metrópolis pasen a la era digital, mientras que en materia de democracia, representación y participación sigan en la edad de piedra. Tecnología sin democracia es una farsa. Es como vivir la era de los supersónicos con la rutina de los picapiedra.

En todo caso, no hay que perder la fe y es probable que la película tenga un final feliz. Porque como no hay mal que dure cien años, los comisionados del mandato anterior no van a repetir período porque el nuevo gobierno viene sacudiéndose de los escuderos de su antecesor. Pero mientras tanto pueden terminar de hacer de las suyas para ayudar a desprestigiar el ente que quieren acabar. Y antes de que al jefe le pase el efecto de la kriptonita pueden pasar muchas cosas más.

Ahora habrá que esperar a que los magistrados del salón de la justicia restablezcan los derechos y apliquen la ley como lo vienen haciendo al encarcelar a todos los parapolíticos, a los expertos en chuzadas, a los benefactores de la justicia privada y fabricantes de falsos positivos, y a quienes de seguro tuvieron ingresos con el dinero de los campesinos. Los habitantes de Metrópolis le piden al cielo que las altas cortes apliquen su sabiduría para restablecer el derecho a los gremios que descalificaron en la Registraduría con el fín de deshacerse de la comisionada.

¡A luchar por la justicia!, es el grito que se ha apoderado de Metrópolis, donde se vienen produciendo sustanciales cambios en materia de derechos fundamentales, derechos sindicales, participación democrática y relaciones internacionales. Los jueces y magistrados han recuperado su protagonismo en el equilibrio de poderes, luego de ocho años de ostracismo. Hoy se le apuesta a que se imponga el derecho y se termine con las vías de hecho que imperaron durante ese fatídico período, pero sus coletazos aún superviven.

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