El cielo y el infierno de las modelos webcam en Colombia

30 Septiembre 2022, 01:58 PM
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Creado Por
Alejandro Poveda
En diálogo con Kienyke.com, una exmodelo webcam nos reveló todos los secretos de la industria del cibersexo.

En pleno siglo XXI el sexo sigue siendo objeto de un fuerte tabú en la sociedad colombiana. Esto a pesar de que la industria del entretenimiento, el porno y las nuevas tecnologías han traído consigo toda una rama de experiencias para satisfacer cualquier tipo de gustos y fetiches, en donde las modelos webcam se han abierto un espacio. Sin embargo, tal y como me lo explica una extrabajadora de esta industria, el sexo y la desnudez tampoco es el fin último. Hay gustos que sobrepasan ese instinto primario.

Su nombre es Hanna*, y así como muchas otras chicas, llegó a la industria webcam durante la pandemia por COVID-19, en un momento en el que la economía global se detenía mientras que los usuarios del cibersexo, ansiosos del contacto que la cuarentena les robó, iban en crecimiento.

Trabajó durante poco más de un año en este oficio y llegó de una manera tan sencilla e irreal que cuesta creerlo. Su novio se lo recomendó luego de que una conocida abriera un estudio dedicado a este tipo de negocio para adultos. Hanna* tenía 22 años y vio la posibilidad de un ingreso extra que le permitiera cumplir su sueño de comprar una moto. Una pasión que compartimos y que nos permitió romper el hielo antes de iniciar una charla tan íntima e impudorosa que de otro modo hubiera sido imposible entre dos desconocidos.

Sin la necesidad de los dildos, los vibradores y la lencería, herramientas que en otras épocas la acompañaron frente a la cámara, Hanna* posee un brillo interior que hace juego con su generosa sonrisa. Ahora tiene 24 años y aunque logró su sueño: comprar una Yamaha R3, es enfática en señalar que no fue fácil. No se hizo millonaria como popularmente se cree de las modelos webcam.

Solitarios, pedófilos y otros clientes extraños de las modelos webcam


Aunque el sexo pareciera el pilar fundamental de la industria webcam, no es el único objetivo que persiguen los usuarios de este tipo de plataformas. Hay clientes que más allá de buscar un squirt o una charla sucia, quieren sentirse parte de algo, ser escuchados y de una u otra forma evadir la vida real que no ha sido tan generosa con ellos.

“No siempre uno tiene que estar ahí, dándose 24/7. Hay gente que en estas páginas necesita una compañía. Que tienen sus problemas mentales, psicológicos, de soledad. Y solo buscan a alguien para contarle su vida, sus historias, su día a día. A veces hay gente que simplemente dice “Muéstrame tus pies. Solo quiero que me muestres tus pies. Me encantan tus pies”. Así, y pagan por eso. O hay gente que dice “Me encanta cuando comen pizza, ve te compras una pizza, y comes pizza y te pago por comer pizza” o por tomar, porque la vean a una borracha”, recuerda Hanna* sobre algunos de los “fetiches raros” de sus clientes.

Además de estas “inocentes” solicitudes. También hay otras fantasías de los usuarios webcam que recaen en lo peor de las perversiones sexuales, llegando a superar incluso a la urolagnia (parafilia por la orina) y la coprofilia (parafilia por las heces). Las modelos webcam también pueden ser objeto de deseos reprimidos por la pedofilia y el incesto de algunos de sus clientes.

Hanna* lo sabe bien debido a que su rostro y su contextura le dan para restarse varios años de edad. Aparenta menos años de los que realmente tiene.

“En los ángulos de la cámara yo siempre me veía bonita, me veía como niña. Entonces eso es lo que les atrae. El fetiche. Ver a las niñas, a las mujeres que parezcan niñas… porque hay mucho pedófilo. Hay mucho man que decía como: ‘Ay, te pareces a mi hija. Tengo a mi hijita acá de 13 años, de 15 años, entonces vamos a hacer un show, imagina que tú eres la hermana mayor, que yo no sé qué’”.

El cielo de las modelos webcam: los tippers fijos


Algunas personas están convencidas de que el mundo webcam es una ventana directa al éxito. Creen que las modelos pueden disfrutar de viajes, joyas, buenos ingresos y la preciosa libertad que muchos trabajos tradicionales no permiten. Lo cierto al respecto es que: Sí. Puede pasar. Pero no es tan común como varias exponentes de la industria lo han querido vender.

Lograrlo es el cielo de las chicas webcam y solo es posible mediante la fidelización de tippers fijos, como se les conoce en la industria, a aquellos usuarios (generalmente extranjeros) que son muy generosos con sus modelos favoritas. Sin embargo, tal y como lo aclara Hanna*, esto no se logra fácilmente e incluso hay mujeres que no lo logran.

 “Yo realmente nunca tuve un tipper fijo (…) porque realmente es muy complicado llegar a conseguir a alguien así. Tenía una compañera que ella sí se veía muy niña, y era muy risueña (…) Ella sí consiguió un italiano. Ya un señor pensionado del ejército de Italia. Él se enamoró de ella, vino hasta acá a Colombia por ella, le compró joyas, la llevó de viaje… y el tipo nunca le pidió nada sexual a ella”.

Por cuenta de este ‘enamorado’ italiano, la compañera de Hanna* facturaba quincenalmente un promedio de $3 millones de pesos. Un salario que muchos profesionales, a pesar de su preparación, no ganan en Colombia. Sin embargo, este caso afortunado no es una generalidad y se configura en una situación tan improbable que básicamente es como ganarse la lotería.

“Sí es rentable para las que saben envolver a un man. Para mí no fue tan rentable porque a mi me aburrió el hecho de estar todos los días ahí y tener que lidiar con manes. Tener que decirles ‘venga, míreme, le gusta - no le gusta’. También había tipos que nos decían ‘Ay, estás horrible. Eres una pe..., eres una pu...’”.

Explotación, bajos ingresos y los excesos, el infierno webcam


Según cifras de Latin American Adult Business Exposition, Lalexpo, en Colombia cerca de 150 mil personas se encuentran vinculadas laboralmente a la industria webcam. Gran proporción de dicha cifra corresponde a los modelos hombres y mujeres que son el alma y vida de un negocio que mueve 600 millones de dólares al año en el país.

Aún así, la falta de regulación laboral, genera el espacio propicio para que las modelos webcam sean víctimas de explotación laboral. No cuentan con seguridad social, horarios fijos y, en algunos casos, ni siquiera con condiciones salubres para ejercer su oficio.

“Nunca había alcohol, desinfectante o clorox para desinfectar. Nada de eso. Había chicas que el desaseo era horrible (...) hacían sus shows de squirt pero hay algunas que no saben hacerlo y lo que hacen es orinarse. Entonces todo orinado, lleno de orines, no limpian bien y llenan la habitación de puro perfume”.

Las difíciles condiciones laborales son la razón por la cual hay estudios que analizan bien a sus prospectos de modelo antes de contratarlas. No les sirve alguien que llegue por corto tiempo sino que buscan a mujeres realmente necesitadas: las madres cabeza de hogar son su nicho principal.

“Más que todo en ese mundo de modelaje webcam entran son mamás, mamás que están solas, que necesitan sí o sí la plata. Es lo que a ellos les sirve: alguien que necesite la plata y que sepan que siempre va a estar ahí porque necesita el dinero”.

El mundo del webcam para las modelos no viene acompañado solo del sexo. Con él vienen otros “vicios” como el alcohol, las drogas y las fiestas, que son una constante para mantener los ánimos entre los ciber trabajadores y el interés de los usuarios. 

“Yo también me salí del webcam porque era un mundo de locura. Yo ya prácticamente vivía allá. Eran fiestas cada 8 días o cada que estuvieramos aburridas. Empezó el tema del tusi, de la marihuana… de que lleguemos y tomemos. Hubo un tiempo en el que si yo no fumaba weed yo ya sentía que no podía hacer un show, no me relajaba. Entonces para poder relajar mi cuerpo y estar más chévere tenía que fumar”.

El webcam y la pantomima del deseo


Hay un refrán muy popular que reza: “En casa de herrero, azadón de palo”, y la industria webcam no está exenta de esta ley natural. A pesar de que se comercializa con el morbo y con el deseo. Cuando la cámara se apaga la vida sexual de las modelos es prácticamente inexistente.

La prolongada estimulación las mantiene inflamadas. Su deseo sexual disminuye por completo. Las infecciones generadas por el uso de juguetes sexuales se convierten en un panorama común y lo que resta por mostrar a las modelos webcam es la pantomima de una chica ‘caliente’, que recibe 5 centavos de dólar (1 token) por el simulacro de disfrutar del morbo y satisfacción de un total desconocido.

“Uno se cansa, uno se lastima, porque uno no siempre tiene ganas entonces al forzarse a hacerlo se lastima. Y a la hora de estar sexualmente con la pareja claro que afecta".

Aunado a la falta de deseo, también existen las presiones de los estudios para cumplir con las expectativas de los tippers. Para Hanna*, por ejemplo, uno de los shows más difíciles fue el de participar en un ‘Ménage à trois’ con otras dos mujeres, a pesar de ser heterosexual.

“Lo más difícil fue hacer un show con dos chicas. Eso genera más morbo porque ven a tres chicas en una sola cámara entonces dicen ‘estas se pueden coquetear entre ellas, juguetear entre ellas, y eso genera más morbo, más clientes. Al principio fue incómodo porque a mi solo me gustan los hombres y tocar una mujer, hacer venir a una mujer, exitar a una mujer es complicado”.

Ya finalizando nuestra conversación Hanna* me dice que podría volver a estar en la industria webcam pero sin la intermediación de un estudio que se lleve la mayor parte de las ganancias tan solo por prestar sus instalaciones y capacidad logística.

“Hoy en día si tú me preguntas si volvería a hacerlo. Sí lo volvería a hacer. Pero siendo independiente y que todo el dinero me llegue a mi, porque no es difícil. Simplemente es tener el equipo y tener el conocimiento de cambio de moneda y las páginas que se deben usar”.

Hanna* sin embargo se ve muy emocionada con lo nuevo que le depara la vida. Ahora está trabajando en el área de la belleza. Cambió los juguetes eróticos por quitaesmaltes, pintauñas y limas. Trabaja a su ritmo y sin presiones de índole sexual. Viaja seguido con su novio y disfruta la vida lejos de las miradas lujuriosas de quienes a cambio de dinero buscan un poco de atención.

Así es el mundo webcam, el cielo y el infierno que pueden o no vivir las chicas y chicos que se dedican a este oficio. Casi como un juego de azar en el que las experiencias son bastante subjetivas y en el que así como en algunos casos no resulta tan lucrativo, en otros puede significar el hallazgo de un yacimiento de dinero, fama y reconocimiento.

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