Amour y la perversidad de la muerte según Michael Haneke

14 de febrero del 2013

¿Usted se imagina estar invitado a presenciar la muerte? ¿Sobretodo una muerte lenta y dolorosa donde la personalidad del anfitrión poco a poco se va desvaneciendo? Esa es Amour de Michael Haneke, una película desgarradora, claustrofóbica y perversa que no oculta nada. Una película que lo hará sentirse imprudente, como si violara la intimidad de quien solo pretende morir en silencio (nota: es preferible leer esta reseña después de ver la película).

Haneke es tan turbador que incluso el amor resulta un sentimiento doloroso. La primera escena está diseñada para decir que no hay esperanza y que el final es obvio, y eso tiene una sencilla razón: tanto la película como la vida en sí terminan de la misma manera: con la muerte. Frente a eso no hay nada más poderoso, ni siquiera el amor.

La película es simple, y ahí precisamente está su éxito. Amour carece por completo de pretensiones: en general no hay música de fondo, la cámara es estática, no hay efectos especiales y mucho menos grandes escenarios; con excepción de la primera escena, todo está filmado dentro del apartamento de Georges y Anne, con una cámara incómoda que aumenta la claustrofobia a punta de imágenes realistas y cotidianas que poco a poco van mostrando el deterioro físico y espiritual de quienes lindan la muerte.

Amour es todo y nada a la vez: es cariño y amargura… es simpatía y desolación que se traducen en el más cruel y abstracto terror sobre la condición humana. La historia es lenta y retrata de manera trágica, a veces dulce, cada instante del declive. Dos ancianos que se aman en medio de su condena: uno a la muerte y el otro a presenciarla. Los dos, solos en su intimidad. El único invitado: usted.

En conclusión, Amour es un retrato, a veces trágico a veces dulce, sobre el género humano y lo doloroso que resulta siempre el amor, que por más deseado que sea siempre tendrá que acabar. Sensaciones típicas de universo perverso que Haneke ha recreado siempre a través de sus películas (La Pianista, La Cinta Blanca, Caché, Funny Games) y que nos plantea una serie de dilemas que van desde lo ético y psicológico hasta lo filosófico. Si no… ¿qué más podría resultar de una invitación a ver morir al otro?

Amour es un verdadero clásico narrado con lenguaje sencillo y con una puesta en escena contundente que lo hará cuestionarse sobre la vida misma y la muerte como parte natural de ella. La escena final es absolutamente brillante: lo dice todo de la manera más sutil y sublime posible, con una metáfora que lo dejará sin aliento. Una verdadera historia sin tintes políticos sobre la humanidad que le hará preguntarse sobre si está o no preparado para morir.

Recuerde que por encima de todo Amour es una pregunta: ¿podría ser esta mi historia, podría yo verme en este espejo? Nadie debería estar invitado a la muerte ajena.

Nota: maravillosas las cinco nominaciones al Oscar, incluida la de Emmanuelle Riva (Anne). Al menos una de ellas se traducirá en estatuilla ¿ya saben cuál?

Haga clic para ver el tráiler de Amour.

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Sobre el autor: “siempre he pensado que la vida es como una película: cada persona tiene su papel y cada canción nos recuerda algo (¿o a alguien?). Eterno aprendiz y crítico audiovisual que en los tiempos libres es Comunicador social”.

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