La maraña de la manigua

4 de junio del 2011

Germán Borda Camacho

Entrelíneas Editores, Madrid, 2005

La epopeya de la conquista del Nuevo Mundo, la tierra de Amérigo puesta por primera vez en planos, la América, siempre es un motivo para la literatura, la historia, la crónica, la poesía, la música, en fin las artes.

Germán Borda ha tenido en este tema inspiración recurrente. En “Visiones de Peralonso Niño” recorre la Mar Océana del primer viaje; ahora con La Maraña de la Manigua recrea el periplo separado de tres conquistadores desde las playas blancas costeras hasta las altiplanicies andinas.

Primero, José Cayetano Vásquez, perdido en el paraíso de palmeras y mar de miles de azules, solo, naúfrago, que se adentra en el continente para salir de esa soledad. Recorre, por cuenta de la poderosa imaginación de Borda, senderos ocultos, de escalones esculpidos, ruinas de ciudades perdidas, ojos extraños acechándolo, hasta que encuentra a otros conquistadores que han comenzado a avanzar a través de una ría y están buscando puerto seguro para su nao. Allí es “rescatado” por el capitán Gonzalo González Rondón, hombre recio, seguro de sí mismo, quien le indaga acerca de su desaparición, motivos de su viaje anterior y demás asuntos propios cuando se encuentra a alguien inesperadamente en zonas extrañas.

Empiezan, juntos, otro viaje a tierra adentro; ya las playas están lejanas y ahora es la inmensidad de la selva la que se abre a su pies; animales extraños, plantas de hojas enormes, cañas gruesas mayores que las piernas de un soldado, ruido ensordecedor. En fin todo el encanto y misterio de la manigua. Van remontando río arriba; subir el piedemonte a través de desfiladeros resbalosos, en donde el menor descuido se cobra con la muerte. Ya no están solos, comienzan a aparecer los nativos, entre hostiles, deslumbrados, recelosos; unos amables, otros agresivos. Es la ley de la supervivencia, o los unos o los otros; el caballo, el arcabuz, la barba, la armadura son visiones extraterrestres para los aborígenes.

Camino de la cordillera, nuevas voces en el mismo idioma de Castilla; una expedición mayor, liderada por el Adelantado Quijano, ya más organizada. Quijano es de otra dimensión; más aristocrática, más arrogante, más de aire de comandancia. Se reúnen con los otros dos y avanzan en tierra extraña hasta una altiplanicie de clima benigno. Como diría el gran cronista de Indias, Juan de Castellanos “Tierra grata, tierra buena, tierra que mitiga nuestra pena”. Esta tierra nueva impone una nueva estructura social que implica la fundación de ciudades; doce chozas, una iglesia, un altar, la espadaña, la torre, la campana, el reloj, para que marque las horas de la épica, o se vuelva loco en el frenesí de la ocupación. Después del Descubrimiento, aparece la Conquista, ya habrá tiempo para el Asentamiento y La Colonia.

Los tres personajes, Vásquez, González Rondón y Quijano, se asientan en varias zonas; en la Sabana, uno, Quijano, aunque sigue en búsqueda de El Dorado, leyenda o realidad arcanas; el otro, González Rondón, en otro lugar más al norte, en terreno árido, frío, solitario; y Vásquez, en tierras calientes, con una relación armónica con los lugareños.

Con esta obra, continúa Borda relatando las emociones; no se detiene en las fechas (allí está una de las virtudes de esta narración); son las vivencias, los sentimientos, lo que señala el autor, como el psicoanalista del alma del conquistador. No interesa las batallas, ni las gestas; solo el espíritu del que avanza hacia un mundo desconocido; con nativos que cambian como el camaleón en la espesura, hoy amigos, mañana implacables enemigos; ciudades que se fundan; mestizaje no solo en la relación con la mujer, sino en la cultura, el idioma; y la religión afianzada como ancla del futuro que se avecina.

La manigua con su maraña nos deslumbra, nos invita a pensar en tiempos pasados; a sentir en la piel las tribulaciones de quienes un día llegaron a estas tierras para conocerlas, vivir, sufrir y morir en ellas. Borda nos lo muestra con su habitual maestría, y sobre todo con su arrebatado sentimiento.

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