La otra mano

La otra mano

12 de Septiembre del 2017

Conmueve ver las muchedumbres que acompañaron al Papa Francisco en vivo o a través de los medios de comunicación. Si tanta gente en Colombia sigue de verdad sus enseñanzas las cosas deberían mejorar. Tantos creyentes, tantas almas emocionadas con sus enseñanzas producen optimismo. En Bogotá más de un millón de personas lo siguió de arriba abajo, casi la misma cifra en Medellín y en Villavicencio y Cartagena, un poco menos, pero igualmente fueron encuentros multitudinarios, llenos de amor y concordia.

Sus palabras bondadosas, pero firmes, señalaron el camino necesario de la reconciliación, insistió en trabajar por los más pobres, en la humildad y el servicio. Dejó en cada momento reflexiones importante contra el consumismo y la opulencia. A los obispos los conminó a estar cerca de sus sacerdotes y de los fieles. En fin, como era de esperarse, su mensaje encarna verdaderamente el espíritu de Francisco de Asís, en cuya memoria, el padre Bergoglio se nombró al ser elegido Papa.

Sus mensajes parecían, por momentos, más humanistas que religiosos y lo digo, reconociendo mi distancia con las iglesias, con todas, y por lo tanto con poca autoridad desde el punto de vista de la doctrina, pero si desde la percepción de que hablaba en función del bien social, de la preservación de la humanidad y la protección de los más débiles, pero sobre todo desde la defensa del medio ambiente.

Me impresionó en especial que cerrara su mensaje a los obispos de Colombia con un llamado a proteger el Amazonas, como un bien que no nos ha costado nada. No es la primera vez que se refiere a este pulmón fundamental del mundo, ya lo hizo antes en Brasil y a través de su encíclica Laudato Si . Tampoco será la última vez que lo haga porque Francisco siente de verdad la responsabilidad de dirigir a la Iglesia Católica en la dirección de vivir en armonía con el medio ambiente.

“Pienso, sobre todo, en la arcana sabiduría de los pueblos indígenas amazónicos – fueron sus certeras palabras – y me pregunto si somos aún capaces de aprender de ellos la sacralidad de la vida, el respeto por la naturaleza, la conciencia de que no solamente la razón instrumental es suficiente para colmar la vida del hombre y responder a sus más inquietantes interrogantes”

Esa referencia a que “razón instrumental” no da cuenta de la sacralidad de la vida, es una crítica a este mundo consumista que creer poder controlar todo, pero cuando se tropieza con la naturaleza termina sin poder controlar nada, sin siquiera poder detener los daños que esa misma “razón” ha creado. Mientras el Papa recorría Colombia con mensajes de este tipo, el país donde la ciencia y la tecnología ha pretendido dominar al mundo, enfrentaba la amenaza del huracán Irma, el más destructivo que se les haya presentado desde que se tiene historia de estos fenómenos naturales.

Frente a esa enorme fuerza destructiva que recorrió el Caribe y llegó al Santo Sanctórum del Consumismo, La Florida, nada pudieron hacer ni el gobierno Americano, ni la tecnología, ni la ciencia, nada distinto a declarar emergencia y a narrar minuto a minuto su trayectoria de miedo.

En esa paradoja entre la tranquila y multitudinaria visita papal y la angustia por la inminencia del huracán Irma, se hace más notable que un líder religioso como Francisco Primero no se canse de recordarnos que hay que cuidar este planeta.

Sus palabras finales a los obispos fueron una hermosa referencia a la forma en cómo algunos pueblos definen la amistad: Dijo:  “He escuchado que en algunas lenguas nativas amazónicas para referirse a la palabra «amigo» se usa la expresión «mi otro brazo». Sean por lo tanto el otro brazo de la Amazonia. Colombia no la puede amputar sin ser mutilada en su rostro y en su alma” Ojalá este mensaje cale muy profundo en nuestra dirigencia política y ambiental y contribuya a detener la loca deforestación y saqueo a que está sometida.

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